MIÉRCOLES, 27 DE ABRIL DE 2016
Manipulación de precios: Aval constitucional

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“Cualquier alumno del primer semestre de la carrera de Economía sabe que no se deben imponer precios máximos. Y sin embargo están en la Constitución.”


Primero fue, en la Ciudad de México, el asunto de los precios que llegó a cobrar UBER en los días del doble Hoy no Circula, en el cual el gobierno capitalino tomó cartas, imponiendo un tope al alza. En segundo lugar fue el asunto del precio del limón, que a lo largo del año ha aumentado considerablemente, en el cual el Gobierno Federal tomó cartas, con la compra de 200 toneladas de limón para ofrecerlas, en las tiendas de Diconsa y Liconsa, a un precio preferencial (subsidiado) de 23.50 pesos el kilogramo. En ambos casos tenemos manipulación de precios.

Las reacciones de los gobiernos ante el alza de precios (el de la Ciudad de México en el caso de UBER, y el Federal en el caso del limón), son muestra del populismo económico (economía ficción), que todavía padecemos en México, y que encuentra su justificación, en lo que a la manipulación de precios se refiere, en el párrafo tercero del artículo 28 de la Constitución, que a la letra dice: “Las leyes fijarán bases para que se señalen precios máximos a los artículos, materias o productos que se consideren necesarios para la economía nacional o el consumo popular…”, muestra de que la manipulación gubernamental de precios, en este país, está constitucionalmente avalada.

Mucho debe decirse al respecto, pero me limito a la siguiente pregunta. ¿Cuáles son las mercancías necesarias para el consumo popular, que no es el consumo de los pobres, sino el de todos, pobres, clase media, ricos? De entrada todas las que integran la canasta alimentaria y no alimentaria propuesta por el Coneval, mercancías que son alimentos, bebidas, vivienda, ropa, calzado, transporte público, educación, artículos para el cuidado personal y de la salud, etc., mismas que todos consumimos. A cada una de esas mercancías, ¿debe imponérsele un precio máximo? Cualquier alumno del primer semestre de la carrera de Economía sabe la respuesta: No. Y sin embargo está en la Constitución, cuyo capítulo económico está plagado de propuestas erróneas, de economía ficción.

• Populismo

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