Reinventando México
Mar 13, 2017
Santos Mercado

Salud para todos

No hay manera de recomponer el sistema de salud si conserva el mismo sistema de financiamiento, hay que cambiarlo.

Las fuerzas izquierdistas se han apropiado de un anhelo popular: la salud del pueblo, de nuestras familias, de nosotros mismos. En efecto todos queremos estar sanos, y cuando nos enfermamos queremos tener la seguridad de que no moriremos por un simple catarro mal cuidado, si tenemos un accidente, queremos que los mejores médicos nos atiendan.

La propuesta de la izquierda. Para ganar simpatías y votos a fin de tomar el poder y retenerlo por una infinidad, la izquierda propone que la salud del pueblo sea responsabilidad del Estado. Es decir, que el Estado construya hospitales, clínicas y laboratorios. Para ello usa su poder y expropia terrenos, construye edificios e inaugura escuelas. Por supuesto, contrata médicos, enfermeras, profesores; compra ambulancias, helicópteros, camiones y diseña programas de visitas domiciliarias para anunciar que se preocupa por cada habitante del país. En cada inauguración anuncia la bondad del gobierno y de su plan social. Todo parece una maravilla hasta que llega la pregunta incómoda: ¿Y cómo se financia toda esta bondad estatal?

Si los recursos para financiar al pueblo salieran de los bolsillos de los izquierdistas merecerían ponerlos en la gloria del Señor, pero sucede que ellos no ponen ni un centavo, al contrario, se aprovechan para rascar jugosas ganancias. Entonces, ¿de dónde salen los recursos?

La respuesta es muy concreta, el sistema populista o gubernamental de salud se financia con recursos que se extraen del sector privado a manera de impuestos. Pongo énfasis en que son recursos del sector privado ya que es imposible que el sector público aporte recursos, porque dicho sector no genera riqueza, solo la toma, la distribuye y se queda con buena parte de esa riqueza.

El proyecto de salud del pueblo no funcionaría ni medio minuto sin los recursos del sector privado. Vale la pena preguntarse si financiar mediante impuestos al sistema de salud es lo mejor, si realmente garantiza buena salud al pueblo. Sabemos que se han hecho grandes esfuerzos, excelentes complejos médicos, pero las quejas son infinitas: no atienden al paciente, no hay medicinas, no hay médicos, las citas se dan a dos o tres meses, los aparatos de radiación no sirven, las ambulancias son chatarra. Ha habido huelgas y paros de médicos y enfermeras. Aunque hay que decir que hay gente que ha tenido suerte y ha sido bien atendida. En general, el sistema se ha burocratizado. Los bonitos hospitales, hoy lucen feos, descuidados, decrépitos. Entrar a un hospital de gobierno se encuentra con escenas dantescas, de enfermos sentados en un banco, acostados en los pasillos con su suero en la mano o compartiendo camas. De pesadilla.

Todo esto ocurre en un ambiente donde hay buenos médicos, excelentes enfermeras, bastante personal… pero no funciona.

La ineficiencia del sistema de salud gubernamental es por el inadecuado sistema de financiamiento. Allí está todo el problema. Toda institución, escuela o proyecto que vive de impuestos tiende a corromperse, sea en salud, educación, agua, electricidad, etc. No hay manera de recomponerlo si conserva el mismo sistema de financiamiento, hay que cambiarlo. En términos generales, debemos buscar un sistema de salud que no esté contaminado por el control estatal. Quitarnos esa idea de creer que la salud del pueblo es responsabilidad del Estado. La salud del pueblo es tan importante que no se puede dejar en manos de políticos, funcionarios o burócratas del Estado.

• Salud


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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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