JUEVES, 23 DE MARZO DE 2017
Apología de la deflación (IV)

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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Lo ideal es que los precios de los bienes y servicios para el consumo final bajen, y que los precios del trabajo, comenzando por los salarios, aumenten.”


Que haya deflación quiere decir que, al paso del tiempo, con la misma cantidad de dinero, se puede comprar una mayor cantidad de los mismos bienes y servicios, entendiendo que son bienes y servicios para el consumo final. Para que lo anterior sea posible la deflación debe ser una baja general, sostenida y, sobre todo, dispareja de los precios. Si al haber deflación todos los precios, incluidas las remuneraciones al trabajo: sueldos, salarios, honorarios, etc., bajan en la misma proporción y al mismo tiempo, todo queda igual, el dinero no aumenta su poder adquisitivo, la escasez y el bienestar siguen siendo los mismos, y no hay ninguna mejora.

Para que la deflación beneficie al consumidor, y la actividad económica terminal es el consumo y consumidores somos todos, se requiere que los sueldos, salarios, honorarios, y cualquier otro precio del trabajo, no solamente no bajen sino que aumenten. Se requiere que tales precios, en un entorno deflacionario, sean la excepción y aumenten. Lo ideal es que los precios de los bienes y servicios para el consumo final bajen, y que los precios del trabajo, comenzando por los salarios, aumenten. ¿Es esto posible?

Supongamos aumentos en la productividad, en la capacidad de hacer más con menos, en la capacidad para reducir costos de producción. Supongamos que ello se traduce en mayores ganancias para los empresarios, ganancias extraordinarias, lo cual incentiva nuevas inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y les permite, a quienes obtienen esos nuevos puestos de trabajo, generar ingresos, lo cual, por un lado, aumenta la producción y oferta de bienes y servicios a disposición de los consumidores, y, por el otro, incrementa la demanda de trabajo de parte de las empresas. Ceteris paribus, el aumento en la oferta de bienes y servicios se traduce en una baja en su precio, y un incremento en la demanda de trabajo de parte de las empresas en un aumento en el precio del trabajo, comenzando por los salarios.

Continuará.

• Inflación / Política monetaria

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