Sólo para sus ojos
May 22, 2006
Juan Pablo Roiz

López recupera terreno, pero...

López hoy se ve enfrentado, por primera vez en la campaña que inició hace casi cinco años, a muchos desafíos muy superiores a sus habilidades y talentos

A mediados de abril avisamos que, independientemente de los resultados específicos, todas las encuestas electorales coincidían en una tendencia: Andrés M. López Obrador bajaba y Felipe Calderón subía. La tendencia se confirmó y hoy la totalidad de las encuestas (salvo las que López se guarda en su real pecho, como Felipe II se guardaba las razones de Estado) confirman que Calderón encabeza las preferencias y López fue desplazado al segundo lugar.

 

Lo que no previmos entonces es que Roberto Madrazo caería tan rápido.

 

Hoy, la tendencia cambió: López ha recuperado terreno y aunque no ha alcanzado a Calderón, éste registra una ligera disminución, una vez olvidado – por parte de los desmemoriados y volátiles electores – su triunfo en el primer debate. No deja de ser paradójico que, ¡otra vez!, la mayoría de los analistas anda atrasado de noticias y ya casi dan por un hecho que Calderón tiene el triunfo asegurado (cuando antes juraban y perjuraban, como el ocurrente Carlos Marín, que sólo un cataclismo universal podría evitar que López ganara). No es así. Calderón sigue adelante, pero en términos de tendencia López da signos de una leve recuperación, lo que contrasta con la tendencia consistente y constante de Madrazo de ir a la baja.

 

Es ya un lugar común decir que López es su peor enemigo y que su inflexibilidad y obcecación le impiden reconocer la realidad. Error. López da signos de haber rectificado y de haber asimilado, así sea parcialmente, una parte de la realidad. No sólo está haciendo un esfuerzo, a ojos vistas, por moderar su tono y sus desplantes (aunque le cuesta tal trabajo que se ve incómodo y sometido a mucha presión interna por controlarse en sus apariciones en los medios), sino que está peleando – y gastando mucho dinero- por aparecer en la televisión y en la radio, aún en programas o territorios que antes, cargado de soberbia, consideraba hostiles o desdeñables. La gran pregunta es si este giro en la estrategia, dado tarde y sólo parcialmente, le bastará para rebasar a Calderón. Es factible, pero poco probable.

 

Salir más en los medios puede ser una bendición para López – si atina a disfrazarse de lo que no es: como un político moderno, tolerante, abierto al mundo, conocedor de la política nacional y mundial, enterado, ágil para improvisar- o puede ser su perdición definitiva.

 

El escenario ideal para López sería que TODOS los entrevistadores con los que tenga que enfrentarse de ahora en adelante sean tan lambiscones y obsequiosos como el resucitado Brozo (Víctor Trujillo) o tan benévolos y poco incisivos como el rutinario Javier Alatorre. No será así. Además, que Calderón y su equipo se queden cruzados de brazos. No lo harán. Otra condición del escenario ideal: Que el gobierno federal le deje pasar a los perredistas su campaña de intoxicación informativa (digamos, las fantasiosas cifras sobre los 800 mil empleos creados por López en el Distrito Federal, que no hay manera de tragarse) y de calumnias. Eso no pasará. Y, por si fuese poco, tal escenario ideal requeriría que López dejase de arremeter contra el Presidente Fox un día sí y otro también (¿nadie le ha explicado que Fox tiene una popularidad superior al 60%, lo que es altísimo para un Presidente en funciones que ya va de salida, y que llamarle "pelele de los Estados Unidos" es repetir las majaderías de Hugo Chávez?, ¿por qué se extraña López de que lo comparen con el gorila venezolano?), y, todavía más requisitos: que López dejara de decir sandeces acerca de las encuestas que no le favorecen (su crítica a la encuesta de consulta Mitofski, ¡nada menos que en Televisa, que paga esa encuesta!, fue patética, demostró que él y/o sus asesores NO saben nada de metodología). Parecería que es pedirle peras al olmo.

 

Sin embargo, Calderón tampoco la tiene fácil. Necesita, al menos, otro gran golpe de efecto para separarse definitivamente de López, que hoy es su cercano perseguidor en la carrera. Y ese gran golpe de efecto sólo podrá darse en el debate que falta. Ahí, en el terreno del debate del 6 de junio, López puede vivir su peor pesadilla. Si los frutos de su entrenamiento para el debate han sido los que ha mostrado en sus recientes apariciones en la televisión, le tengo una mala noticia: El "nuevo" López no es telegénico; se ve demasiado controlado, demasiado tenso, con excesiva frecuencia muestra que se está conteniendo para no salirse de un guión que va en contra de su auténtica personalidad rijosa y pendenciera. Y, ojo, sólo ha cambiado la forma del discurso y NO el fondo. Sigue planteando todo en blanco y negro, nos amenaza a los electores que o lo elegimos a él o somos escoria. Mal, mal, muy mal. Sigue mostrando una gran ignorancia sobre asuntos específicos e importantes de gobierno. "Le falta turismo", como decía aquél para referirse a un alelado aldeano. Otra vez se le olvida que no se trata de convencer a los ya convencidos, sino a los no convencidos…y a nadie se le convence diciéndole tonto, pelele, títere, vendido a los ricos, privilegiado, temeroso…

 

Sospecho que López está buscando con más afán un pretexto para eludir ese inexorable debate que preparándose con profesionalismo para afrontarlo.

 

De último minuto – escribo esto el jueves- López ha recibido un golpe que puede ser fatal para sus ambiciones: Cuauhtémoc Cárdenas – tal vez harto de que lo estén presionando para que se defina a favor de López y olvide los agravios que López le ha hecho a él y a los suyos- dijo claramente que sigue y seguirá siendo del PRD pero que de ninguna manera López es su candidato. A ver cómo asimila este último el duro golpe. López hoy se ve enfrentado, por primera vez en la campaña que inició hace casi cinco años, a muchos desafíos muy superiores a sus habilidades y talentos.

 

Nada para nadie. Todavía.

 

El debate del 6 de junio será clave.

 



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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