LUNES, 22 DE MAYO DE 2006
Algunos mitos de la migración a EU

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“Es tiempo de derribar los mitos aquí descritos. Los mercados ya lo hicieron y como siempre se les han adelantado a los gobiernos”


En las últimas semanas hemos sido testigos de diversas protestas de trabajadores inmigrantes sin (y con) residencia legal en EU. Hemos atestiguado cómo se ha manifestado ese espíritu libertario que ha hecho de esa nación el país más rico del orbe. Claro, esto no ha estado exento de abusos y manipulación de ciertas organizaciones latinas que, más que perseguir el interés de los migrantes, persiguen llenar intereses políticos propios. En fin, esto suele pasar en todos los movimientos sociales. Sin embargo, aquí lo importante es resaltar cómo ya es un hecho el ascenso de los latinos como un grupo importante de productores y consumidores que las autoridades estadounidenses no pueden ignorar.

 

Todas estas protestas al parecer puede ser el preludio de una reforma migratoria más ambiciosa que las propuestas originalmente hechas. Por lo pronto, se aprobó que aquellos trabajadores (en su mayoría mexicanos) que comprueben tener por lo menos 4 años laborando en EU, podrán comenzar ante el Departamento del Trabajo su proceso de legalización de su estancia en ese país. Quedarán fuera quienes tengan antecedente penales. Asimismo, se aprobó la construcción de un muro de 595 kilómetros a lo largo de la frontera con México y barreras a lo largo de unos 800 kilómetros para sellar el paso de automóviles. Finalmente, habrá también aumentos en la vigilancia mediante la llegada de la Guardia Nacional (que no es el ejército, pero manejan armas del mismo calibre), lo que algunos críticos han interpretado como una “militarización de la frontera”.

Con esto, no queda claro que pretende el gobierno estadounidense. Al parecer todos estos movimientos han sido parte de la negociación que el Presidente Bush para ganar el voto de algunos políticos conservadores miopes e ignorantes que creen que los migrantes no enriquecen en modo alguno a la economía norteamericana.

En México, como siempre, esta medida provocó que salieran a relucir los viejos nacionalismos de los políticos, especialmente de los sectores de izquierda. Todos estos políticos son un símbolo de la hipocresía política. Se desgarran las vestiduras y critican la reacción del gobierno foxista, pero se les olvida que son ellos, precisamente ellos, quienes han entorpecido las distintas reformas que la economía mexicana necesita para crecer y crear los empleos que en largo plazo reducirían la emigración a EU.

Por otro lado, hay muchas confusiones en torno al fenómeno migratorio, especialmente entre algunos políticos de los Estados Unidos. Analicemos algunas de estas creencias erróneas.

Los migrantes contribuyen a reducir el empleo para los norteamericanos. Esta creencia está tan generalizada que muchos americanos creen que es una verdad absoluta. Nada más falso. Para empezar, las características de la fuerza de trabajo de los migrantes y de la fuerza de trabajo estadounidense es diametralmente opuesta. La mayor parte de la fuerza laboral americana tiene más escolaridad y es comparativamente mano de obra calificada. Por tanto, el mercado de estos trabajadores es distinto del que llenan los migrantes. La abundancia de la mano de obra calificada en EU hace que la mayor parte se encuentre empleada en sectores de alto valor agregado como la manufactura, y la alta tecnología, así como en los servicios. Por tanto, la mano de obra no calificada en EU es escasa y la tienen que importar (hoy día en buena medida de México y Centro América), pues los puestos de trabajo que demandan las empresas americanas que son intensivas en trabajo no calificado no satisfacen su demanda con los trabajadores no calificados norteamericanos. Prueba de esto son las miles de empresas estadounidenses que incluso han llegado a reclutar desde EU a trabajadores mexicanos. Hace poco el gobierno norteamericano quiso simbólicamente sancionar a una empresa (mediante el arresto de sus gerentes y la deportación de varios centenares mexicanos) llamada IFCO que tenía como empleados a muchos mexicanos, varios de ellos traídos desde México (o sea, no cruzaron como “mojados”-perdón por el término- sino les arreglaron la papelería necesaria-a veces falsa- para poder trabajar). Decimos que esto fue cómo un acto simbólico pues  el gobierno gringo quiso dar un ejemplo de lo que le pasa a las empresas que hagan esto. La realidad es que si quisieran parar este proceso de integración natural de los mercados laborales, tendrían que arrestar a miles de empresarios, lo que sin lugar a dudas traería repercusiones económicas en EU. La creencia de que los mexicanos quitan empleo a los americanos sólo refleja ignorancia económica.

Los migrantes no crean riqueza para la economía norteamericana. Existe la falsa creencia de que sólo los migrantes calificados (con habilidades técnicas y/o títulos universitarios) generan riqueza. Este tipo de análisis no toma en cuenta que uno de los efectos positivos de que miles de empresas estadounidenses contraten trabajadores indocumentados con salarios menores a los trabajadores residentes, son los precios más bajos con que llegan sus productos al consumidor americano (resultado de tener costos laborales más bajos). Esto por sí mismo aumenta la capacidad de compra de los norteamericanos. Desaparecer por arte de magia-si fuera posible- a los migrantes, haría que las empresas sólo tuvieran como opción contratar a la fuerza de trabajo estadounidense no calificada, que como ya dijimos es escasa y minoritaria; el efecto inmediato sería un aumento de los costos laborales que tendría como consecuencia un aumento en los precios finales (a expensas del bienestar de los consumidores), de los bienes producidos, lo que acarrearía una reducción en la demanda que, ó mandaría a la quiebra a varias de estas empresas, ó que provocaría su cierre y la movilidad a otros países con costos laborales más competitivos.

Los muros y las sanciones detienen la migración. Esto sólo refleja la torpeza con la que se conducen algunos políticos norteamericanos. Ya se les olvido la historia con la que se forjó ese gran país. Fue la migración calificada y no calificada la que trajo riqueza a EU. No hay muros, ni ejército, ni policías que puedan detener la migración cuando existe el actual diferencial de salarios entre lo que gana un trabajador no calificado en México (ó en cualquier país centroamericano), respecto de lo que se paga en EU. Asimismo, sancionar a las empresas norteamericanas que contratan a trabajadores indocumentados, además de ser una aberración económica, viola un derecho esencial en la economía que es la libertad de contratar. Viola inclusive la constitución de los EU, que salvaguarda a los individuos por encima del Estado.  Mejor harían los políticos norteamericanos en insistir y presionar a México para que realice las reformas esenciales a su economía (lo que reduciría la migración) que en insistir en crear muros artificiales semi- militarizados que no sirven para nada y que sólo son una carga para el contribuyente norteamericano. Mejor harían los políticos norteamericanos en prevenir a los mexicanos de que llegue al poder alguien como el candidato López Obrador, cuyas propuestas de política económica ya fracasaron y fueron la causa de que millones de mexicanos se hayan ido del país.

Los migrantes son una carga para los servicios públicos de EU. También este es otro mito. Es cierto, a veces los migrantes pueden coadyuvar a que se saturen ciertos servicios públicos como los de salud ó los educativos. Pero hay estudios contundentes que revelan que en un análisis costo-beneficio, los migrantes contribuyen con más recursos que el costo que representa su demanda por servicios públicos. Lo anterior se debe simple y sencillamente a que la contribución en creación de riqueza compensa con creces la utilización de estos servicios. Además, buena parte de estos trabajadores indocumentados ni siquiera usan estos servicios por miedo a ser detenidos, así que el beneficio aumenta. Finalmente, aquellos trabajadores que se quedan de por vida, generan en su primer generación hijos que además de estudiar más años escolares, se vuelven contribuyentes activos y con ello participan en el sostenimiento de los servicios públicos. Finalmente, cuando a veces se saturan los servicios de salud ó educativos, se debe más a la ineficiencia con la que los gobiernos los manejan, siempre con el dinero de los contribuyentes, que a la demanda adicional causada por los migrantes. Otra historia sería si estos servicios fueran provistos por el sector privado, en dónde cada quien pagaría por los servicios médicos y educativos que necesite, justo lo que necesite.

Es tiempo de derribar los mitos arriba descritos. Los mercados ya lo hicieron y como siempre se les han adelantado a los gobiernos. Lo ideal sería quitar todas las barreras a la libre movilidad de trabajadores, pero sabemos que políticamente no es viable, por lo menos en el corto plazo. Por lo pronto, una segunda opción aceptable será un programa de trabajadores temporales. Los muros sólo entorpecen y obstaculizan la integración natural de los mercados laborales. En fin, ya veremos si los políticos (de México y EU) están a la altura de la realidad de los mercados. Hasta ahora no hay prueba de ello.

 


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