Pesos y contrapesos
Jun 14, 2017
Arturo Damm

Salario mínimo e inflación

La objeción al aumento al salario mínimo no debe ser el efecto que ello tendría sobre el resto de los precios, sino sobre la demanda de trabajo de parte de los empleadores.

Uno de los argumentos en contra del aumento al salario mínimo tiene que ver con el efecto que ello tendría sobre la inflación, misma que lleva ya varios meses repuntando, alejándose de la meta del 3 por ciento, más menos un porcentual de margen de error. La inflación en mayo fue  6.2 por ciento. Se cree, equivocadamente, que si aumenta el precio del trabajo asalariado, es decir: el salario, ello traerá como consecuencia un alza en el resto de los precios, lo cual no necesariamente es así. Lo explico de la manera más sencilla posible.

Supongamos una economía con solamente dos bienes, A y B, y con solamente 10 pesos para realizar los intercambios. Supongamos que el precio de A es 6 pesos y el precio de B es 4. El precio promedio (que hará las veces del índice de precios, con el que se calcula la inflación) es 5 pesos. ¿Qué pasa si el precio de B aumenta de 4 a 6 pesos y si la cantidad de dinero se mantiene constante en 10 pesos? Que no hay dinero suficiente para comprar B al nuevo precio de 6 pesos y A al viejo precio de 6. Si B se compra a 6 pesos entonces A tiene que ofrecerse a 4, precio al cual se venderá: si se vendía a 6 con más razón se venderá a 4. El precio promedio (que, recordemos, hace las veces de índice de precios, con el que se calcula la inflación) sigue siendo 5 pesos. Aumentó el precio de B pero, dado que bajó el precio de A, no hubo inflación.

Supóngase que B es el trabajo asalariado. Su aumento, necesariamente, ¿ocasiona el alza de precios? No.

La objeción al aumento al salario mínimo no debe ser el efecto que ello tendría sobre el resto de los precios, sino sobre la demanda de trabajo de parte de los empleadores, demanda que, si se trata de un verdadero salario mínimo (puede no ser el caso), necesariamente se reducirá.



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