MARTES, 23 DE MAYO DE 2006
Los ojos cegados por el prejuicio

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“Si quieres conocer el mundo, quítale a tus ojos las vendas que le han puesto los prejuicios de tu cerebro.”


Leo el testimonio de una persona ilustrada que ha viajado a Bolivia para saber, “por sus propios ojos” como suele decirse, qué es lo que está pasando en ese país. El título del testimonio es revelador en un sentido insospechado: “El espejo de Bolivia” (Roberto Zamarripa, “Reforma” 22 de mayo de 2006). Como si se tratase de un acto fallido el autor revela, ya desde el título, el principal defecto de su relato: No es una mirada objetiva de Bolivia, sino una muestra de que el autor ha viajado miles de kilómetros para encontrarse ante el espejo de los prejuicios… del propio autor.

 

Zamarripa habla de una Bolivia surcada por las manifestaciones callejeras de los más diversos gremios que exigen al gobierno tales o cuales prestaciones: mayor salario, que se les deje vender ropa usada. “Un país al que le sobran los gremios y los reclamos”. Correcto. Es un hecho. Pero al parecer el hecho no encaja en los prejuicios –en las vendas que la ideología ha puesto sobre los ojos- y, entonces, el autor concluye con una moraleja a la vez descabellada y romántica: Tales manifestaciones son la expresión de un pueblo oprimido por siglos que empieza, a tientas, espontáneamente, a encontrar su lugar. Dejémoslo ser, concluye Zamarripa; que Bolivia decida cómo ser. Bolivia –alega el autor- es un síntoma de Latinoamérica, una oportunidad.

 

Errores de prejuicio: 1. Las manifestaciones no son nuevas en Bolivia; ese país no empezó a ser libre para manifestarse con la “venturosa aparición” de Evo Morales. 2. Las manifestaciones nos hablan de un Estado en descomposición, en el que los mecanismos civilizados para dirimir las controversias ya no funcionan, donde la alargada callejera se ha mostrado como el mecanismo más eficaz para quitar presidentes, para ganar unas migajas de un botín cada día más empobrecido; un país sin leyes, un país colectivizado –la voz individual es insignificante- todo debe hacerse por intermedio del gremio, del partido, de la agrupación. 3. Esta descomposición de los fundamentos de la democracia –la ley y la libertad individual- permitió el arribo de Morales al poder y hoy podría volverse en su contra. Hoy, Morales no puede recurrir a la ley –que él despreció- ni a la restauración de los mecanismos civilizados en los que los derechos y la libertad del individuo son sagrados; por el contrario, debe convertirse en el supremo dador, que reparte a su arbitrio esas migajas… mientras duren.

 

¿Por qué Zamarripa no “vio” lo que le decían los hechos que sí vio?, ¿por qué el lector puede concluir lo que Zamarripa no concluye?

 

Este “reporte desde Bolivia” es una muestra de cuán poderosas son esas vendas que el cerebro ideologizado impone a los ojos –“brain-blindfolds” les llama el historiador Robert Conquest– y de todo ese material de dogmas, prejuicios y mitos que día a día se nos vende como “información”.


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