Pesos y contrapesos
Sep 13, 2017
Arturo Damm

El Papa y el dinero

Sin dinero, ¡el estiércol del diablo!, nuestro bienestar (que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que disponemos), ¿sería igual, mayor o menor?

Comienzo aclarando, para que no se me malinterprete, que soy católico, apostólico y romano, creyente y practicante, de tal manera que este escrito no tiene como causa, ni como motivación, de mi parte, alguna impronta jacobina, algún carácter anticlerical. Me preocupan, dada la influencia que tiene entre los católicos, las ideas del Papa Francisco en torno a la economía, la mayoría de las cuales están equivocadas. En alguna ocasión, en reunión con la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas (UNIAPAC), el Papa afirmó que “el dinero es el estiércol del diablo”, lo cual, por decir lo menos, es mentira.

Lejos de ser el estiércol del diablo, el dinero es una de las herramientas más eficaces con las que contamos los seres humanos para elevar, por medio del intercambio, y aprovechando las ventajas que trae consigo la división del trabajo, nuestro bienestar. El dinero, que no es más que el medio de intercambio de la riqueza, nos permite superar las enormes limitaciones del trueque (y no exagero: ¡enormes!), y realizar muchos más intercambios de los que podríamos realizar si no contáramos con él.

A quienes despotrican contra el dinero, que no son muchos, pero sí algunos, y algunos de ellos, como es el caso del Papa Francisco, con el poder de crear opinión pública, me gusta proponerles la siguiente prueba: que se comprometan, ¡pero en serio!, a no usar dinero, ¡el estiércol del diablo, la causa de todos los males, el pervertidor por excelencia!, durante tres meses, para ver cómo les va. Para ver qué pasa con su nivel de bienestar al no contar con un medio de intercambio que les permita acceder fácilmente a los bienes y servicios que necesitarán para satisfacer sus necesidades. Para ver cómo se las arreglan teniendo que limitarse al trueque. Transcurrido el trimestre, su bienestar, que dependerá de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios de los que dispongan, ¿será igual, mayor o menor al que tenían antes del inicio de la prueba? El Papa, ¿aceptaría el reto?



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