MARTES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2017
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“...alguien comprometido con dotarnos de un íntegro estado de derecho centrado en la libertad individual como valor supremo.”


Estamos en época de definición de quienes serán los candidatos a la presidencia. Aprovechando el momento, a continuación señalaré lo que quiero sea el próximo presidente, todo ello resumido en un solo concepto: alguien comprometido con dotarnos de un íntegro estado de derecho centrado en la libertad individual como valor supremo.

En primer lugar, quiero que esté casado con el principio de una eficiente definición e implementación de los derechos privados de propiedad en sus cuatro componentes. Primero, el derecho sagrado (no desde un punto de vista teológico sino que éste sea inviolable) que tiene cada individuo para poseer bienes (incluyendo recursos con uso productivo, incluido su propio cuerpo y mente) como una extensión del derecho a la vida. Segundo, la libertad que debe tener cada individuo para utilizar los recursos de su propiedad como más le convenga sin que en el ejercicio de esta libertad violente los derechos de propiedad de terceros con actos como son el homicidio, la violación, el robo, el fraude, la esclavitud, la trata de personas, etcétera, cumpliendo con la razón de existir del gobierno que es garantizar la propiedad y la seguridad individual. Tercero, la libertad que debe tener cada individuo de transferir a terceros los derechos de propiedad de sus recursos en transacciones que sean enteramente voluntarias en mercados internos y frente al exterior, caracterizados por la competencia en los cuales rija la igualdad de oportunidades de acceso, mercados en los cuales se garantice la libertad de contratos lo cual excluye, por principio, la existencia de monopolios y prácticas monopólicas así como las barreras internacionales a la libre movilidad de bienes, capitales y mano de obra. Cuarto, la garantía de la existencia de un poder judicial que sea efectivamente independiente e imparcial que proteja los derechos privados de propiedad individual y garantice el cumplimiento de los contratos entre agentes particulares y entre éstos y el gobierno.

En segundo lugar, como parte misma de un íntegro estado de derecho, un presidente que encabece un gobierno comprometido con el eficiente, eficaz y honesto uso de recursos públicos destinados a rubros en los cuales se garantice una rentabilidad social positiva, lo que implica una reingeniería completa del presupuesto público, eliminando gasto en renglones que solo transfieren rentas a grupos de interés que por su naturaleza son notoriamente regresivos o en programas que han mostrado ser ineficaces tal que en lugar de contribuir a la generación de riqueza nacional, la destruyen. Como complemento, la otra hoja de la tijera del presupuesto público, el financiamiento del gasto a través de un sistema impositivo del cual se deriven los incentivos compatibles con el objetivo de crecimiento económico alto y sostenido, promoviendo el trabajo, el ahorro, la inversión y el cambio tecnológico y obviamente comprometido con garantizar la estabilidad macroeconómica.

En tercer lugar, alguien que esté comprometido, también como parte del estado de derecho, con garantizar y respetar el derecho que debe tener cada individuo sobre  su cuerpo, lo que incluye decisiones personales de elección como son el aborto, la eutanasia, la ingestión de drogas, la venta de sus órganos, el servicio sexual remunerado, el matrimonio homosexual, etcétera, aunque en lo personal no comulgue con ellas porque, tal como lo aseveró John Locke en Carta sobre la Tolerancia, "el poder civil no tiene que prescribir artículos de fe o dogmas o formas de culto con la ley civil".

¿Ingenuo? Sin duda, pero como dice el refrán "soñar no cuesta". Pero además, como hoy es mi cumpleaños, es lo que quiero de regalo.

*Este artículo fue publicado originalmente en El Economista.

• Liberalismo • Libertad económica • Reformas estructurales • Estado de derecho • Elecciones México 2018

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