MARTES, 1 DE MAYO DE 2018
El largo camino de la izquierda mexicana

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El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“No debería sorprendernos que en las próximas elecciones presidenciales se coronara un gobernante socialista que llevara el barco al abismo comunista como Venezuela o Cuba. Las condiciones están dadas para ello.”


A fines del siglo XIX, bajo la presidencia del general Porfirio Díaz, México parecía que había encontrado su camino al desarrollo. Con inversiones privadas se tendieron miles de kilómetros de vía férrea, llegaron los bancos ingleses, las empresas de electricidad, empresarios textiles, etc. Mal que bien, se notaba la diferencia respecto a los años de turbulencia de poco antes.

No todo caminaba viento en popa, había facciones que luchaban por el poder para imprimir su propia visión de desarrollo para un México que recién había nacido en 1821 con la Declaración de Independencia firmada por Agustín de Iturbide. Desde ese momento, este territorio deja de ser España, La Nueva España, como se le conocía y reconocía por los reyes de España y por peninsulares y criollos que se extendieron por todo este territorio.

De la nada y sin perseguirlo surgió un país con un territorio inmenso del cual nada ni nadie sabía cómo gobernar. Más de 4 mil millones de kilómetros cuadrados que eran todo lo que España se había arrogado como propiedad de la Corona Española.

Imposible gobernar un territorio inmenso con gobernantes sin experiencia, sin ideas claras, y con una gran población indígena que conservaba las cicatrices de la conquista.

Del otro lado del atlántico ya se había estrenado La Revolución Francesa con sus contradictorias ideas de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, pero también la Revolución Industrial de Inglaterra que impulsó un desarrollo inédito de la producción. Igualmente Carlos Marx escribe en 1848 el “Manifiesto Comunista” aportando una interpretación muy distorsionada del fenómeno económico y social de esos tiempos. Adam Smith con su libro “La Riqueza de las Naciones” exportaba las ideas que inspiraron para construir los Estados Unidos de América como un experimento nuevo de libertad económica.

Todas estas ideas llegaron a México para influir en los nuevos hombres del poder. Es necesario decir que son ideas contradictorias y que luchan por prevalecer unas sobre otras. En términos generales, unas ideas impulsan la libertad económica y otras el control estatal. Puedo afirmar que con Porfirio Díaz prevalecieron las ideas liberales sobre las estatistas y eso se reflejó en el gran desarrollo que tuvo México desde 1876 hasta 1911. Pero la historia no es lineal, las ideas luchan a muerte y llega la Revolución Mexicana para imprimir un giro de 180 grados a este país.

A la salida de Porfirio Díaz se suceden gobernantes influidos fuertemente por las ideas estatistas de Carlos Marx, Vladimir I Lenin y José Stalin. Se va conformando así una Carta Magna que coloca al Estado por encima de los ciudadanos. El Estado empieza a ejercer su poder contra los propietarios de grandes extensiones de tierra, las expropia y se las presta a los campesinos sin darles la propiedad, son los ejidos; el Estado se apropia del petróleo para construir el monopolio PEMEX, se apropia de la Educación para controlar las ideas que debe tener el pueblo; se apropia del agua, de la electricidad, de la telefonía, se transforma en el gran médico con infinidad de instituciones estatales de salud. El Estado mexicano no ha sido tan torpe como para monopolizar la producción de calzado, automóviles, panadería, textiles y otros. Estos rubros se los ha dejado a la iniciativa privada, pero con control estatal, regulaciones, normas e impuestos.

Hoy día, México sufre del más agudo control estatal de todo un siglo. Toda transacción comercial, desde una miscelánea hasta una supertienda está obligada a reportar sus ventas en tiempo real y, por supuesto, transferir inmediatamente los impuestos. Todo trabajador está obligado a pagar impuestos, lo mismo que todo productor, importador o exportador. Las operaciones bancarias están vigiladas en tiempo real por el Estado. Por todo esto, se puede decir que estamos lejos de la libertad económica que había recomendado Adam Smith y cada vez más cerca del estatismo soñado por socialistas y comunistas.

No debería sorprendernos que en las próximas elecciones presidenciales se coronara un gobernante socialista que llevara el barco al abismo comunista como Venezuela o Cuba. Las condiciones están dadas para ello: intelectuales izquierdistas formados en universidades nacionales y norteamericanas, profesores izquierdistas que adoctrinan a los jóvenes con ideas marxistas, programas sociales para que la gente se vuelva dependiente del Estado, empresarios incapaces de defender su papel como creadores de riqueza. Candidatos a presidentes de México que nada hablan de libertad económica, de reducir el tamaño y las funciones del Estado, no conocen las palabras de privatización, desregulación, no tienen la menor intención de bajar impuestos. En fin, la mesa está puesta para una entrada triunfal y letal del SOCIALISMO SIGLO XXI. La Revolución Mexicana fue una puñalada de un siglo de duración; pero de esta nueva puñalada, me temo que será mucho más larga.

• Socialismo • Elecciones México 2018

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