MIÉRCOLES, 2 DE MAYO DE 2018
La “guerra sucia” de AMLO

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“A López hay que hacerlo enojar para que pierda sus cabales y brote su personalidad, autoritaria, violenta y repleta de rencores.”


Al igual que su hermano siamés Donald Trump, a López Obrador le encanta hacerse la víctima, sobre todo cuando queda en evidencia que carece de los argumentos y del talento requeridos para rebatir las críticas sobre las barbaridades implícitas en sus políticas públicas, como ocurrió en el último debate.

Y como no es muy original ya regresó a su teoría del “compló,” que la mafia del poder, integrada por sus archienemigos de siempre, se ha lanzado otra vez a la “guerra sucia” en su contra, al cuestionar con evidencia y argumentos, sus números, sus mentiras y sus cófrades.

Revisemos algunos de los temas sobre los que AMLO resiente que se le acuse:

Primero, sus descabelladas promesas de gastar 4,600 billones de pesos adicionales a los 5,300 billones que hoy integran el presupuesto federal, que se financiarían eliminando la corrupción, bajándole el sueldo a la burocracia de arriba pero subiéndoselo a la de abajo (¿?), eliminando las pensiones a los expresidentes, etc., con lo que él estima llegar a 500 billones. Aun suponiendo que hacer todos estos dislates fuera posible, quedaría por llenar un enorme boquete de 4,100 billones.

Sin entrar, por lo pronto, en la discusión sobre la viabilidad de las propuestas, las más caras son:

Otra crítica que invariablemente saca de quicio a López, es la referente a su admiración por regímenes autoritarios, en especial los de Cuba y Venezuela. Respecto a Venezuela sus fanáticos seguidores, el dominicano Héctor Díaz Polanco y el gringo John Ackerman, regularmente expresan admirar “el socialismo del siglo XXI” de Chávez/Maduro que ha postrado a ese sufrido país, y afirman que López en México seguirá la pauta de “ese gran proyecto.”

La evidencia del debate reveló que los otros candidatos deben confrontar a López con lo que realmente le duele, cuestionando sus tonterías como construir nuevas refinerías, de las que hay un exceso de capacidad instalada a nivel mundial, particularmente para refinar petróleos pesados, como el mexicano, por lo que es más económico exportar crudo e importar gasolina que producirla aquí.

Hay que cuestionar su afirmación que su sólo ejemplo será suficiente para eliminar la corrupción del gobierno, cuando está rodeado de maleantes probados, y su fantasía de lo que produciría el por demás improbable destierro de la corrupción, pues en ningún caso se generaría un flujo de dinero para el gobierno.

A López hay que hacerlo enojar para que pierda sus cabales y brote su personalidad, autoritaria, violenta y repleta de rencores, y si se queja de la “guerra sucia,” ni modo. Hay que alentar también a que sus secuaces, como Taibo 2, suelten más amenazas de expropiar todo, como la que bramó la semana pasada.

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