MARTES, 19 DE JUNIO DE 2018
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“Aunque el mundo está más extendido y dominado por las fuerzas comunistas, no se ha conocido ningún país comunista que haya alcanzado mejores niveles de prosperidad comparados con los países que han preferido seguir la vía capitalista.”


No se puede hablar del Estado como si fuera una entidad única para todos y no hubiera diferencias notables y radicales. En realidad de un Estado a otro hay pocos elementos comunes y grandes diferencias.

Todo Estado es una organización violenta que tiene el poder de dictar o imponer las normas de comportamiento en una sociedad, esa es una característica común. Las normas se pueden exponer en las cartas magnas o constituciones, decretos y regulaciones. Construye diversas instituciones para lograr sus propósitos. Las instituciones pueden ser educativas, financieras, partidos políticos, hospitales, jurídicas, etc.

Las normas e instituciones de un Estado dependen del proyecto de nación que se disponga a construir ese Estado. En esencia, solo hay dos proyectos de nación que puede perseguir un Estado. De manera explícita o implícita un Estado pretende construir un país comunista o uno capitalista. Y no existe una tercer alternativa.

Estado rojo

Si el Estado es procomunista creará un gobierno de hombres adecuados al objetivo para colocarlos en las instituciones que sirven al propósito. Las decisiones se tomarán centralmente mediante un pequeño grupo dirigidos por un líder y conforman una organización piramidal. Redactarán una constitución donde se ponga el poder del Estado por encima de todos los ciudadanos. Este estado procomunista redactará una Carta Magna para que todos los ciudadanos sepan, admitan y se subordinen al poder del gobierno. Asimismo, creará una serie de instituciones que resuelvan todos los problemas de la sociedad, sean de educación, salud, carreteras, agua, comunicaciones, comercio, importación, exportación y, sobre todo, la administración de la moneda. No habrá un solo rincón, ni un ciudadano que quede fuera del control gubernamental del Estado comunista. Este Estado necesita tener policías que tengan bajo control a los ciudadanos y que sometan a los disidentes, imponiendo multas, cárcel o pena de muerte a quien no se someta al proyecto de nación. También necesita de un ejército suficientemente fuerte para evitar que otro país pretenda invadir militarmente para imponer otro proyecto de nación diferente. Ejemplos de estados procomunistas recientes son: la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (1917-1992), la República Popular de China (1949-1976), Alemania (1932-1945), Cuba (1959-2009) y otros. A este tipo de Estado también se le llama Estado izquierdista y su rasgo fundamental es la lucha contra la Propiedad Privada, es decir, ningún ciudadano debe ser dueño de fábricas, empresas comerciales, edificios, automóviles y nada que sea susceptible de generar ganancias personales.

Estado blanco

Así se le llama a un Estado que tiene como objetivo construir un país capitalista. En este caso, el agente principal no es el gobierno sino el individuo. Su Carta Magna incluye un pequeño número de artículos donde se destaca el principio de Respeto a la Propiedad Privada (no matar, no robar, no cometer fraudes). La economía la hacen los individuos, no el gobierno. La salud se atiende en hospitales privados, el agua la proveen empresas privadas, todas las escuelas y universidades son privadas, las carreteras, aeropuertos, el comercio interno, las exportaciones, importaciones, todo lo hacen los agentes privados. La libertad de poner negocios es prácticamente absoluta, pueden haber dos, tres o mil empresas fabricando calzado o tortillas, hay libre competencia, es decir, todos pueden entrar o salir de un mercado. Los empresarios toman riesgos, si les va bien, pueden acumular fortunas sin límite, pero si les va mal, el gobierno no las rescata, deben asumir las consecuencias de sus malas decisiones. Toda la banca es privada, incluido el Banco Central que es el administrador de la moneda.

Un Estado pro capitalista también requiere de policías para cuidar que nadie mate, robe o cometa fraudes, y un cuerpo de justicia para que el infractor pague las consecuencias de sus malos actos.

Puesto que un Estado procapitalista no interviene en la economía, ni está para crear empleos, ni dar educación, ni curar enfermos sino solo para vigilar que el sistema trabaje bien, que nadie obstruya el funcionamiento de los mercados, entonces no necesita de muchos recursos, los impuestos tienen que ser muy bajos pero suficientes para pagarle muy bien a los gendarmes del sistema. Y mientras más gente comprenda y defienda el sistema capitalista, menos impuestos se requerirán. De hecho, si se llegara al punto de que absolutamente todos respetan el Principio de Propiedad Privada, ya no se requeriría un gobierno. Pero, claro, estamos lejos de ese punto. Hay países que deliberadamente han abrazado el ideal de construir una nación capitalista; es el caso de Hong Kong, Singapur, Estonia, China. Aunque están aún lejos de llegar al modelo puro, se ven notables diferencias con sus propios pasados.

Hasta la fecha, no se ha conocido ningún país comunista que haya alcanzado mejores niveles de prosperidad comparados con los países que han preferido seguir la vía capitalista. Sin embargo, hay que notar que el mundo está más extendido y dominado por las fuerzas comunistas.

La lucha entre los dos proyectos tiene mucha historia y gran actualidad. Nadie puede cantar victoria pues, al parecer, el mundo se mueve en oleadas impredecibles.

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