Pesos y contrapesos
Sep 19, 2018
Arturo Damm

Imprecisa, falsa e imprudente

Imprecisa, falsa e imprudente fue la afirmación de AMLO: de la tendencia preocupante de la deuda gubernamental a la bancarrota del gobierno hay un gran trecho. (Y espero que no lo vayamos a recorrer).

Imprecisa, falsa e imprudente fue la afirmación de AMLO en el sentido de que México lleva 30 años, los correspondientes a la era “neoliberal”, en bancarrota. Imprecisa porque quién es, para efecto de la bancarrota señalada, México. Falsa porque, independientemente de quién sea México, no es verdad. Imprudente por las consecuencias que puede acarrear, por ejemplo, sobre el ánimo de los inversionistas.

Supongamos (partiendo de la habitual y falsa identificación que hacen los políticos de México con el gobierno), que por México AMLO quiso decir Gobierno Federal. ¿Lleva el Gobierno Federal 30 años en bancarrota? ¿Se encuentra hoy el Gobierno Federal en bancarrota? La respuesta depende de lo que se entienda por bancarrota y si por bancarrota entendemos la incapacidad para pagar lo que se debe, claramente el gobierno no está en bancarrota, ni lleva treinta años en tal condición, lo cual no quiere decir que las finanzas gubernamentales no tengan problemas, comenzando por el incremento que, desde mediados del sexenio de Calderón y hasta la fecha, ha registrado la deuda del sector público federal como porcentaje del ingreso del mismo sector público federal.

En el 2000, al final del sexenio de Zedillo, la deuda total del sector público federal equivalió al 112.9 por ciento de los ingresos totales del sector público federal. En 2006, al término del gobierno de Fox, el porcentaje fue 87.7. En 2012, al final del sexenio de Calderón, el porcentaje resultó del 152.3. En 2017, a un año de concluir el gobierno de Peña Nieto, la deuda total del sector público federal fue equivalente al 203.9 por ciento de los ingresos totales del sector público federal. Esta tendencia enciende un foco amarillo (¿rojo?) en el camino de la economía mexicana y por ello debe frenarse, en un primer momento, y revertirse, en un segundo. Pero de esta tendencia preocupante de la deuda gubernamental a la bancarrota del gobierno hay un gran trecho, que espero no vayamos a recorrer.

AMLO ha dicho que en su sexenio no habrá, ni más impuestos, ni más deuda (habrá que ver cómo le hace si, de entrada, el gasto propuesto para el 2019 será 7.5 por ciento mayor que el del 2018). Si cumple con lo de “no más deuda” se frenará la tendencia preocupante que ha registrado la deuda gubernamental desde el sexenio de Calderón, lo mínimo que debe esperarse. Lo máximo que debe exigirse es que esa tendencia se revierta, para lo cual se requiere del desendeudamiento, comenzando por la reducción del porcentaje de deuda pública como porcentaje de los ingresos del sector público. En el próximo sexenio, ¿se logrará? Lo dudo mucho.

Además de imprecisa y falsa, cosa grave, la afirmación de AMLO es de una imprudencia increíble, por el efecto que puede tener en el ánimo de los inversionistas a quienes, tal afirmación, puede llevarlos a pensar que invertir en México no es todo lo seguro y confiable que debería ser.



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