MIÉRCOLES, 28 DE NOVIEMBRE DE 2018
Al diablo con las instituciones

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“Sobre la forma en que algunas instituciones norteamericanas abusaron de sus poderes y quebrantaron la ley hasta llegar a convertirse en lo diabólico que deberían combatir.”


Desde que flotara a la superficie del pestilente pantano del DC la vergonzosa conducta de instituciones como el Departamento de Justicia, la CIA y el FBI, durante la elección presidencial de 2016; nos dimos cuenta de la forma en que abusaron de sus poderes y quebrantaron la ley, actuando como agentes de un partido político para destruir al candidato opositor, Donald Trump. Fue un drama que pareciera estar sucediendo en una de las repúblicas bananeras de antaño. Ha sido una profunda decepción para los ciudadanos que les entregan su confianza para que protejan lo que ahora han corrompido, convirtiéndose en lo diabólico que deberían combatir.

La participación de la CIA en este macabro plan no debería sorprendernos puesto que, la descripción que hace Ron Paul de ellos como; “la organización criminal más grande del mundo”, es claro se la ha ganado a pulso en los años en que se ha distinguido por haber incurrido en todas las actividades criminales listadas en el menú. Desde tráfico de drogas, asesinatos políticos, golpes de estado, invasiones, saboteos, guerras. El papel jugado por el Departamento de Justicia preocupa, mas no sorprende, porque cuando llegan a ese recinto elementos con el corazón corrupto, corrompen la institución. Especialmente cuando arriban como parte de grupos políticos criminales liderados por el presidente.

Lo que sí ha sorprendido fue la involucración del FBI que ha venido a provocar se cuestione la integridad de instituciones tan importante como ésta. Y es que el FBI en los últimos 40 años había tenido una impecable reputación. Cada generación en este país ha soñado en algún día ser agente del FBI. Lo habíamos atestiguado en el cine con la figura de James Steward como el perfecto agente de la más prestigiada organización de EU. En programas de TV siempre haciendo lo justo y lo correcto. Para los estadounidenses los agentes del FBI siempre habían sido ángeles sobre los cuales descansaba su estructura de protección y justicia. Era tal esa admiración que muchos confiaban más en los agentes que en los párrocos de sus iglesias.

¿Qué sucedió? Para entenderlo debemos regresar el reloj y conocer a J. Edgar Hoover, el primer director de esa institución quien, inexplicablemente, ahí permaneció durante 40 años y solo la muerte pudo lograr el sueño de presidentes, sacarlo del FBI. Si analizamos con profundidad esta historia, emerge un hombre cruel, diabólico, vengativo, con ciclónicas tormentas interiores. Un hombre que en los casi 40 años que fue director, sus intrépidos agentes le temían más que a la cosa nostra, tanto que el día de su muerte lo celebraron con una gran fiesta en sus oficinas. Un hombre que, al finalizar mi análisis, puedo afirmar fue quien manejó el país durante todos esos años. 

Un hombre de grandes contradicciones y complejos que provocaran conductas completamente irracionales. Siendo un homosexual reprimido que mantuvo un amante, Clyde Tolson, hasta el final de sus días, afirmaba odiarlos pues los consideraba escoria de la sociedad y los que persiguió durante toda su vida. Siendo un hombre de muy baja estatura y de un color muy moreno, de quien se pensaba tenía sangre negra, su escritorio estaba ubicado sobre un pedestal en donde, con sus zapatos con tacones especiales, le permitía ver a sus visitantes hacia abajo para impresionarlos. El personalmente entrevistaba a todos los prospectos de agentes los cuales, su estatura mínima era de 6 pies, atléticos, bien parecidos y siempre impecablemente vestidos. En sus primeros 30 años no permitió hubiera agentes de raza negra, asiáticos ni hispanos.

Abogado originario de Washington, inició su carrera en la burocracia del Departamento de Justicia. En 1924 el presidente Coolidge lo nombró director del nuevo Bureau de Investigaciones, precursor del FBI. Una de sus primeras decisiones sería despedir a todas las mujeres agentes, prohibiendo que a futuro se contrataran. Después iniciaría una actividad que lo haría eterno en esa Institución. Un grupo de sus agentes eran utilizados en labores de espionaje de poderosos personajes como presidentes, miembros del gabinete, congresistas, actores, a quienes luego los chantajearía para sus logros personales. Era feroz cuando sentía que alguno de sus agentes le hacía sombra con su buen desempeño, a quienes de inmediato despedía para luego hacerles la vida imposible bloqueando cualquier otra oportunidad de trabajo.

Hombre sin escrúpulos a quien, para lograr sus propósitos no le importaba destruir vidas e inclusive, seriamente perjudicar el país cometiendo actos semejantes a traición. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial se esgrimía la necesidad de establecer una organización de inteligencia internacional que sería precursora de la CIA, la Office of Information Coordination. Hoover, siempre sediento de poder, de inmediato se empezó a promover para que le dieran esa responsabilidad como un brazo del FBI. Después de que el presidente lo ignorara nominando a un héroe de la primera guerra mundial, Gral. William Donovan, Hoover explotaba en furia y juró destruir esa nueva oficina.

Meses después, agentes griegos obtuvieron inteligencia cuando detectaron a un grupo de japoneses que, en sociedad con nazis, entrenaban en secreto en una solitaria isla del mediterráneo portando mapas de Hawái. Los griegos por error enviaron esa información al FBI, que lo interpretaban como un plan para invadir esas islas norteamericanas. Hoover, pensando en su venganza, jamás compartió esa información. Dos semanas después los japoneses atacaban Pearl Harbor.

Hombre muy cercano a la mafia con quienes seguido compartía, fue enemigo feroz de los hermanos Kennedy a quienes odiaba. Siempre se le ha considerado uno de los participantes en el asesinato de ambos en sociedad con la CIA y los jefes mafiosos Carlos Marcello, Santo Traficante y Sam Giancana. En una reunión con Hoover presente se quejaban del acoso de Bobby y Traficante proponía, “hay que wack him”. Marcello intervenía; “para qué cortarle la cola al perro, le cortamos la cabeza y la cola deja de moverse”. Los capos se consideraban traicionados por los Kennedy después de que, en acuerdo con su padre, en Chicago le dieran los votos fraudulentos que llevaron a John a la presidencia. Pero luego serían perseguidos ferozmente por Bobby como Subprocurador de Justicia.

El todopoderoso e infame padre del FBI estaba obsesionado por descubrir los secretos ajenos, convencido de que detrás de cualquiera podía ocultarse algo malvado. Fue un colosal manipulador que consiguió dominar a todo un país durante casi 50 años. Sobrevivió a ocho presidentes y se convirtió en un mito tan polémico como enigmático. Su peculiar percepción del mundo hizo de él un ególatra empecinado en hallarse en posesión de la verdad absoluta. No hay duda de que él fue la inspiración de quien afirmara: “al diablo con las instituciones”.   

Ahora entiendo las raíces que dieran vida al FBI que trató de destruir a Trump, descaradamente favoreciendo a Hillary Clinton utilizando el manual perverso de Hoover. Pareciera ser que su espíritu nunca ha dejado el FBI y se sigue manejando con sus reglas.

• Estados Unidos

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