VIERNES, 21 DE DICIEMBRE DE 2018
Redistribuir, ¿se justifica?

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“Muchos justifican la redistribución del ingreso afirmando que así es como el gobierno hace valer la justicia social. ¿Será?”


Gobernar es sinónimo de redistribuir el ingreso. Todos los gobiernos, de izquierda, centro o derecha, en mayor o menor medida, de una u otra manera, redistribuyen. Basta revisar los presupuestos de egresos de los gobiernos para comprobarlo. El caso de México no es la excepción.
En 2006, último año del sexenio de Fox, el gasto social (redistribución del ingreso) fue el 53.2 por ciento del gasto total de la Federación. En 2012, último año del gobierno de Calderón, fue el 50.2. En 2018, último año de la administración de Peña, fue el 45.1. Para 2019, primer año del sexenio de AMLO, se pretende que el gasto social sea el 56.9 por ciento del gasto total del sector público federal.

Para redistribuir el ingreso previamente tiene que generarse, para lo cual se requiere de las inversiones directas, que son las que producen bienes y servicios, crean empleos, y les permite, a quienes obtienen esos puestos de trabajo, generar ingresos, de tal manera que los gobiernos que pretenden ser eficaces en la redistribución del ingreso deben ser eficaces en la promoción de las inversiones directas, es decir, en la generación del ingreso, para lo cual deben hacer de sus países lugares seguros y confiables para que los empresarios, nacionales y extranjeros, decidan invertir directamente, incrementando la capacidad de ese país para generar ingresos, condición necesaria para la redistribución del ingreso. AMLO, ¿lo tiene claro?

Lo anterior no es otra cosa más que lógica: no se puede redistribuir lo que previamente no se ha generado. Para que el gobierno pueda redistribuir el ingreso previamente tuvo que generarse el ingreso, momento de pasar de la lógica a la ética y preguntar qué justifica la redistribución del ingreso, qué justifica que el gobierno le quite a Pedro lo que, por ser producto de su trabajo, es de Pedro, para darle a Juan lo que, por no ser producto de su trabajo, no es de Juan. La única respuesta “sensata” es: las necesidades insatisfechas de Juan, momento de preguntar si las necesidades insatisfechas de Juan le dan derecho a una parte del ingreso de Pedro, razón por la cual Pedro tiene la obligación legal de entregarla, misma que cumple por la intermediación del gobierno, quien le cobra impuestos con fines redistributivos (no le cobra lo mismo a todos) para redistribuir el ingreso (no le da lo mismo a todos).

Muchos justifican la redistribución del ingreso afirmando que así es como el gobierno hace valer la justicia social. Al respecto vale recordar lo dicho por Walter Williams: “Te doy mi definición de justicia social. Yo me quedo con el producto de mi trabajo y tú te quedas con el producto del tuyo. ¿No estás de acuerdo? Entonces dime qué parte de lo mío te corresponde y por qué”. Respuestas. Ninguna. Porque es mío. Y, sin embargo, gobernar es sinónimo de redistribuir.

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