MIÉRCOLES, 26 DE DICIEMBRE DE 2018
35 años

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“Espero que a mis alumnos no se les olviden dos enseñanzas: a) excepto cuando se trate de bienes libres (cosa extremadamente rara), no hay nada gratis y b) no hay nada más valioso que la libertad.”


Casi toda mi vida adulta ha estado ligada al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

En 1973, a los 19 años, frustrado por la huelga que duró un año en la UNAM en donde estudiaba la licenciatura en Administración, ingresé al ITAM a estudiar la carrera de Contabilidad con la idea de acabar ambas simultáneamente. Sin embargo, en el primer semestre cursé la materia de Economía I y se me abrió un mundo misterioso y atractivo, así que decidí cambiarme a estudiar la licenciatura en Economía, cuyo Departamento era entonces dirigido por Francisco Gil Díaz bajo la batuta del rector Javier Beristain. Estudié con excelentes profesores de esta disciplina, quienes siempre enfatizaron la importancia de un análisis teórico riguroso que permitiese explicar los fenómenos económicos.

Regresando de los estudios de posgrado, mientras laboraba primero en la Secretaría de Hacienda y posteriormente en Programación y Presupuesto, impartí clases de tiempo parcial en el ITAM. Fue en agosto de 1983 cuando el recién nombrado Jefe de Departamento de Economía (hoy rector), Arturo Fernández me invitó a unirme como profesor de tiempo completo y, entusiasmado, acepté inmediatamente. El sueldo entonces era un poco menor de lo que entonces era mi ingreso como funcionario público pero había tres beneficios no pecuniarios que más que compensaban la diferencia: no había que ponerse traje, era dueño de mi tiempo e iba a dedicarme a lo que realmente me gustaba hacer, impartir clases e investigar. Desde entonces, han pasado 35 y medio años y este año tomé la decisión de optar por la jubilación.

Fueron 35 años de una experiencia inigualable y, sin duda, maravillosa. Durante estos años impartí diversas materias: Economía I, Teoría y Política Monetaria, Microeconomía Intermedia, Macroeconomía Intermedia, Economía Agrícola, Crecimiento Económico, Seminario de la Economía de México y Seminario de Derecho Público y por mis aulas transitaron más de 10,000 alumnos. Por siete años fui Jefe del Departamento de Economía y en mi labor como investigador publiqué siete libros y decenas de artículos académicos y de divulgación.

Ser profesor, ser un buen profesor, es sin duda la actividad más difícil que existe. No solo se requiere tener los conocimientos de la materia que hay que impartir; eso es lo de menos. Lo más difícil es transmitirlos de forma tal (y de diferentes maneras) para que el alumno no solo entienda y aprenda lo enseñado sino, más aún, que se entusiasme. Conque lo haya logrado con uno solo de mis alumnos me doy por satisfecho, aunque la neta espero haberlo hecho con muchos más. Habrá habido alumnos frustrados e inclusive algunos hasta enojados; ni modo, no estamos en el paraíso. La vida es dura: naces, creces, te reproduces y al final te mueres, pero en ese trayecto esperas haber logrado dejar una huella positiva. Creo haberlo conseguido y me siento contento de haber contribuido a la formación de profesionistas sólidos y comprometidos.

Espero que a mis alumnos no se les olviden dos enseñanzas: a) excepto cuando se trate de bienes libres (cosa extremadamente rara), no hay nada gratis y en consecuencia, toda elección que tomemos de cómo asignar recursos escasos, implica incurrir en un costo de oportunidad; de ahí que la demanda por cualquier recurso o bien tiene pendiente negativa; b) no hay nada más valioso que la libertad.

Por último, quiero agradecer a las autoridades del ITAM y a mis colegas, pero sobre todo a mis alumnos haber vivido este espectacular viaje en una de las mejores instituciones educativas del país. A partir del próximo año, ya como profesor de tiempo parcial, seguiré contribuyendo para que México sea un país más libre, más próspero y más justo. ¡Gracias!

*Artículo publicado originalmente en El Economista


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