MARTES, 13 DE JUNIO DE 2006
Los discípulos de Richard Nixon

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“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“Richard M. Nixon y sus colaboradores en la campaña de reelección del Presidente de 1972 dejaron para la historia el más completo catálogo de trucos, mecanismos de simulación, chantajes y extorsiones realizados desde el poder para financiar una campaña electoral.”


Mencione usted alguna estratagema corrupta mediante la cual un político en el poder obtiene fondos para financiar sus próximas aventuras electorales y seguramente Nixon y su equipo la realizaron durante la campaña de reelección de 1972 en Estados Unidos.

 

El postulado básico de estas estrategias corruptas es que se requiere de mucho dinero para asegurarse el triunfo en una elección. La siguiente premisa es que el poder mismo es, utilizado hábilmente, la mayor fuente de ingresos “negros” con la que puede contar una campaña. Era el caso de Nixon en la contienda electoral de 1972: Él ya era Presidente y podía hacer que la maquinaria gubernamental, en ese entonces con muchas zonas de opacidad (cerradas al escrutinio del público y de los medios de comunicación independientes), cumpliera –además de sus funciones legítimas y necesarias de gobierno- con funciones paralelas de generación de fondos “negros” para la batalla electoral.

 

Nixon y su equipo identificaron con habilidad varias fuentes de ingresos: Contratistas dispuestos a hacer generosos donativos –o a inflar cotizaciones de obra pública- a cambio de contratos actuales y la promesa de más generosos contratos en el futuro (una vez alcanzado el triunfo electoral); grupos vulnerables al chantaje por haber cometido delitos o por actuar en una zona de gris en la frontera de la legalidad; empresarios de medios de comunicación en apuros financieros dispuestos a “ver con buenos ojos” el proyecto de reelección de Nixon a cambio de la compra de pautas de publicidad o de la gestión, con el poder presidencial, de favores que aliviasen su precaria situación financiera.

 

Un ejemplo de lo primero: El abogado personal de Nixon le advierte a George Steinbrenner, presidente de la American Shipbuilding: “Si estás pensando en venir para (dar) menos de 100 mil dólares, no te molestes. Por aquí ya han llegado al millón. Tú tienes muchos negocios en Washington, estaría bien que te pusieras del lado de quien más te conviene”. Streinbrenner, desde luego, hizo una contribución más que generosa a la campaña de reelección.

 

Un ejemplo de lo segundo que anotó el colaborador presidencial H. R. (Bob) Haldeman: “Al parecer el P (por Presidente) se reunió ayer con el fiscal general y acordaron indultar a Hoffa  (Jimmy Hoffa, líder del sindicato del transporte, que había sido encarcelado por coehecho por parte de Robert Kennedy cuando fue Procurador General).

 

Nixon y compañía hicieron escuela. Con los años, y tras difíciles investigaciones periodísticas y judiciales que sacaron a la luz una parte de estas corruptelas, quedó claro –aún para los más escépticos- por qué es esencial, para preservar la democracia, la total transparencia en las acciones de gobierno.

 

Muéstrame a un político alérgico al escrutinio público, como Nixon, y me estarás mostrando un peligro mortal para la democracia.


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