SÁBADO, 5 DE ENERO DE 2019
El secreto de Trumponomics (I)

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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“El contenido del libro es invaluable, pero la narración que hacen de su primera reunión con el futuro presidente es realmente reveladora.”


En noviembre de 2016, un poderoso Tsunami barría la estructura política de EU cuando Donald Trump, con las todas apuestas en su contra, se convertía en el primer presidente de los últimos 40 años ajeno a la mafia del poder. Su estrategia política operó maravillas derrumbando las barreras demócratas en estados industriales del este y medio oeste del país, y llegando al corazón de la gente. Prometió trabajos, mejores salarios y desarrollo para áreas que habían estado olvidadas. Tomaba una bandera que lo enfrenta a la política tradicional y, ante la envidia, la rabia y el miedo del grupo de poder, empezaban a brotar sus enemigos tratando de destruirlo.

Son muchos los elementos que acudieron para sumarme a las filas de Trump y darle mi voto. Sin embargo, el más importante fue la participación en la campaña de tres prestigiados economistas embajadores de los mercados libres a quienes admiro profundamente; Arthur Laffer, Steve Moore y Larry Kudlow. Conociendo a los tres y siendo buen amigo de Laffer, para mí eran una garantía de que la avenida de Trump no era el apocalipsis que muchos estaban anunciando.

Participaron en la campaña como sus cercanos asesores. Sabiendo que ellos no coincidían 100% con sus ideas, pero además eran críticos de algunas de ellas, Trump no solo los reclutó, los retaba en una serie de tormentas de ideas para discutir los puntos de vista en que disentían. Ellos fueron el motor catapultando el plan de recorte de impuestos y desregulaciones que el presidente implementó, y que se ha traducido en el admirable comportamiento de la economía. Algo que los demócratas han tratado de desrielar por todos los medios a su alcance.

Cuando Trump anunciara su intención de ser candidato, los tres confiesan haberlo tomado como un mal chiste. Pero al reunirse con él por primera vez, emergía un hombre diferente al que erróneamente habían mal identificado. Un hombre con un gran conocimiento de cómo opera el crecimiento económico, pro-empresa privada, un genio con los números, entendía claramente el por qué la economía se comportaba de forma raquítica y, sobre todo, su gran potencial para provocar crecimientos históricos. Les informó su idea de recortar impuestos. Implementar un proceso agresivo de desregulación. Quería, al estilo Ron Paul, sacar al gobierno de sus empresas, de sus casas, de sus bolsillos, de sus espaldas, es decir, modificar un gobierno que ha sido solo una pesada carga para la gente. En otras palabras, darle vida a la frase de Calvin Coolidge, “el negocio del gobierno son los negocios”.    

Orgullosamente afirman que los planes implementados por el presidente, con su asesoría, han recargado la economía y la han reestructurado de una forma que parecía imposible. En poco tiempo transitó de una “estagnación secular” (impuestos, mandatos, regulaciones masivas, gasto incontrolable, y un desprecio total a inversionistas y negocios privados) a un sistema de incentivos para el sector privado, para las inversiones, de recompensa al éxito en el cual se incluye a los trabajadores. Un sistema que confía más en la gente para el manejo del dinero que en los políticos y burócratas. De esa forma, las nuevas asignaciones de capital están produciendo los resultados que el presidente les había expresado.

Larry Kudlow ha pasado a ser jefe de su consejo económico, y tanto Laffer como Moore continúan en su capacidad de asesores económicos. Laffer y Moore acaban de publicar un excelente libro titulado “Trumponomics”, en donde ofrecen un apasionante relato de cómo nació Trumponomics, la forma en que se ha aplicado y sus resultados, mismos que la media socialista no solo ha ignorado, sino que, con sus noticias falsas, han hecho todo lo posible por manipularlos en contra del presidente.

Afirman haber vivido una jornada de gran intensidad, y la definen como una sangrienta lucha de la cual portan las cicatrices infringidas por los envenenados de odio, por haber cometido el delito de unirse a Trump en su lucha para construir de nuevo la grandeza de EU. Perdieron amistades, invitaciones a eventos, columnas en los medios, han sido ferozmente atacados por conservadores como el Wall Street Journal, National Review, Cato Institute, The American Enterprise Institute, The Club for Growth, al mismo tiempo atacaban a Trump acusándolo de ser un fraudulento conservador. Miembros del American Enterprise Institute tenían ya programado un evento post elección, en donde John Kasich era su estrella para celebrar la segura derrota de Trump. Lo tuvieron que cancelar.

El contenido del libro es invaluable, pero la narración que hacen de su primera reunión con el futuro presidente es realmente reveladora. La invitación llegaba a través del director de la campaña, Cory Lewandowski. Les hacía una llamada y a boca de jarro les dice; “Donald Trump quiere reunirse con ustedes”. Ellos estaban preocupados por las declaraciones populistas de Trump. Los tres habían publicado fuertes críticas a sus posiciones en comercio internacional y sabían Trump las había leído. Pero intrigados, pudo más la curiosidad que el temor de un posible enfrentamiento con ese hombre que la prensa describía como una mula lazada de las verijas.

El día de la reunión, llegaban a la torre Trump en Nueva York y eran conducidos a una bella oficina. Trump llegaba puntualmente y de inmediato los empieza a fusilar con preguntas acerca de la economía. Aclaran nunca trató de darles cátedra. Pedía sus opiniones y escuchaba atentamente con cierta humildad. Cuando no estaba de acuerdo, debatía, pero sin tratar de imponer sus puntos de vista. Discutieron largamente de comercio internacional y los tres economistas se sorprendieron de sus conocimientos del tema, e inclusive, le daban la razón en algunos puntos como el proteccionismo a través de manipular monedas. Luego de agotar ese punto, sintieron la disposición de Trump para analizar más a fondo lo que ellos exponían como el gran peligro ante una ola proteccionista.

Al final del evento Trump pregunta ¿Podríamos refinar estas ideas para tener un plan con la aportación de todos nosotros? Le responden de forma positiva y quedaban de presentarle un draft. Trump los encaminaba al elevador colocando sus manos sobre sus hombros, describiendo haberlo sentido como un coach de football estilo Lombardi. Ahora entendían la operación de la izquierda cuando Trump afirmaba: “Si no apoyas el matrimonio gay, eres homofóbico. Si estás en contra de baños transgénero, eres un bully. Si te opones a que los chamacos de secundaria invadan los vestidores de las chamacas, eres sexista. Si te preocupas por musulmanes cometiendo actos de terrorismo, eres islamofóbico. Si estás a favor de seguridad en la frontera, eres xenofóbico. Si te opones al aborto, eres misógino. Si apoyas a la policía, eres racista. Si te opones a los atletas que no respetan la bandera, eres un cavernario. Si cuestionas el cambio climático, eres un ignorante”. 

Abandonaban el edificio totalmente transformados. Se daban cuenta que no era el bully ni el ego maniático, racista, misógino que describen sus enemigos. Era todo un caballero, un hombre portador de un carisma arrollador y un gran seductor de mentes. Estaban ahora convencidos él era el candidato ideal para la presidencia y se sumaban a su esfuerzo.

Continuará.

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