MIÉRCOLES, 9 DE ENERO DE 2019
El secreto de Trumponomics (II)

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
Enrique Ghersi


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“El estímulo económico keynesiano que manejó Obama en 2009 ha sido la borrachera gasto-endeudamiento más grande de todos los tiempos. Sin embargo, sus resultados fueron anémicos.”


Es importante obtener y revisar los hechos factuales de esta historia de horror, porque se necesita aprender de los errores. Y en este caso tiene un doble valor porque las ideas socialistas cada día están más profundamente incrustadas en la política, la academia, la media, en el amplio espectro de la cultura americana, y continúan carcomiendo las bases morales de sociedades que buscan prosperar a base de trabajo, ahorro e inversión. Ideas muertas que hace muchos años fueron desacreditadas por la historia —keynesianismo, maltusianismo, redistribución, socialismo, colectivismo, etc.— en la administración de Obama fueron revividas y aplicadas con furia demencial en todo el aparato económico de EU. El por qué estas ideas en bancarrota todavía atraen a la elite intelectual es un gran misterio.

Una crisis no se debe desperdiciar
Al inicio de la administración de Obama, muchos recuerdan la declaración que hizo su jefe de gabinete Rahm Emanuel después de la toma de protesta del nuevo presidente; “Una buena crisis es algo terrible de desperdiciar”. Los progresistas que controlaban la Casa Blanca y los dos niveles del congreso tomaron este consejo al pie de la letra, y procedieron a aprovechar la grave crisis que vivía el país para activar todo lo que listaba su plan para socializar EU. Este era el momento que la izquierda radical había esperado durante tantos años. La revista “Time” publicaba la foto de Obama en su portada con sombrero y cigarro con boquilla luciendo como un gallardo Franklin Roosevelt. Era un mensaje de lo que Obama se proponía llevar a cabo. El establecimiento de su propio New Deal, pero ahora impulsado con esteroides.

Un infame plan de estímulo de $830 billones fue aprobado durante los primeros meses de la administración Obama. Pero al revisar los detalles, era obvio que el objetivo no fue resucitar la economía sino esparcir decenas de billones de dólares entre grupos de izquierda radical. Habría millones para el National Endowment for the Arts, Head Start, para seguro de desempleo, estampillas para alimentos, energía renovable, subsidios, misteriosos, billones para burócratas federales, un rescate para la industria del puerco, billones para empleos de sindicatos de trabajadores. Billones para el zoológico de Washington, estampillas de alimentos y ayuda financiera para inmigrantes ilegales, miles de millones para empresas consentidas de Obama que luego declararan bancarrota, como el caso de Solyndra que terminara no solo en bancarrota, también con graves problemas legales. No cabe duda fue un “gran estímulo para la economía, pero ¿para la economía de quién?”

El dinero de ese estímulo supuestamente era para una serie de proyectos de infraestructura. Pero solamente un 10% fue utilizado para ello, proyectos como puentes, carreteras y otros que tanto necesita el país. El resto fue a parar en los bolsillos de aquellos que habían hecho posible la victoria de Obama en la elección del 2008. El gobierno revivía, Washington de nuevo era rico, y el congreso se convertía en un mercado en el cual se compraban y vendían todo tipo de favores al mejor postor. El gasto del gobierno como porcentaje del PIB viajó del 21% al 25%. Algunas agencias vieron sus presupuestos crecer 100%. Era maná cayendo del cielo para los hambrientos progresistas.

El colmo de la extravagancia fue el programa de “Efectivo por chatarra”, que pagaba a los ciudadanos para intercambiar su carro viejo por uno nuevo con mejor rendimiento. Ese programa mostró al gobierno en toda su ineptitud cuando la gente corría para tomar sus cheques diez veces el valor de sus autos. El destruir cientos de miles de carros para que la gente comprara nuevos, es una estupidez económica. Es como si a la gente se le pagara por quemar sus casas para que las constructoras tuvieran trabajo, y las ferreterías vendieran el material para reconstruirlas. La falacia de esto fue expresada sabiamente por Henry Hazlitt en su inolvidable libro; “Economía en una Lección”. Hazlitt recordaba a los americanos que no hay creación de riqueza quebrando las ventanas de todos los edificios para darle empleo a la gente instalando las nuevas ventanas, tampoco dar empleo enviando a un grupo a cavar hoyos y otro diferente para rellenarlos. Pero en todos los años de Obama en la Casa Blanca, la lógica económica brilló por su ausencia.

El estímulo económico keynesiano que manejó Obama en 2009 ha sido la borrachera gasto-endeudamiento más grande de todos los tiempos. Sin embargo, sus resultados fueron anémicos; en 2009, 2010 y 2011 el comportamiento de la economía fue peor que si el gobierno no hubiera intervenido. Es la conclusión de Laffer y Moore basada en los números de la misma administración Obama. Por increíble que parezca, el nivel de desempleo fue más alto cuando se aplicó el estímulo que, como el economista de Obama confesó a los autores, hubiera sido sin el estímulo. El gobierno se endeudó y gastó trillones de dólares solo para que la economía se comportara peor que si se hubiera dejado recuperar por si sola. La explicación más estúpida fue la de Paul Krugman argumentando la crisis empeoraba porque no se aplicaron suficientes estímulos deuda-gasto. Según él, cinco trillones de dólares no fueron suficientes y se deberían de haber aplicado $10 trillones de dólares.

El economista de Harvard Robert Barro se dio a ridiculizar la patología de Krugman afirmando: “Cada vez que un plan para combatir déficits fiscales falla, el consejo keynesiano es provocar déficits aún más grandes. El resultado de aplicar esta política son persistentes niveles de crecimiento casi nulos y la explosión de la duda pública como porcentaje del PIB”.

Era claro que Obama no entendía la diferencia entre crear valor, crear empleo y ganar dinero. Daba la impresión de que su desarrollo intelectual se había estacionado en el refugio de la suma cero. “Cuando alguien gana es porque alguien más pierde. Las fortunas solo se construyen arrebatándoselas a otros”. Siendo EU el precursor de la creación de valor, su presidente nunca lo entendió y promovía la redistribución de la riqueza creada por otros. Pero lo más grave de este diabólico proceso, es el tejido que llevó a cabo Obama llegando al corazón de instituciones que, con ese tipo de estructuras de poder y extorción, seguirán controladas por esa mafia que invadió el gobierno con la intención de nunca regresarle su autonomía y su libertad para volver a servir al pueblo.

Obama instaló interventores en todas las empresas que recibieron dinero del estímulo, especialmente en los bancos que, sin autorización de esos interventores, no podían aprobar ni tarjetas de crédito. Es decir, al tener secuestradas todas esas empresas le dieron el poder casi total al gobierno de Obama para lograr su soñado objetivo, controlar totalmente la economía de los EU sin tener que expropiar. Después utilizaría el IRS para agredir a empresas en donde los dueños o ejecutivos no fueran demócratas. Trump se había dado cuenta de este diabólico plan que los republicanos ignoraban, cooperaban, pues algunos de ellos se sumaban a la masacre.

El final de la administración de Obama, le sumaban $10 trillones a la deuda, la economía crecía al 1.5% y estaba ya atrapada en una red socializante que le había hecho perder 10 puestos en el índice de libertad económica. Fue cuando Trump, siguiendo el consejo de Napoleón, “si quieres que algo sea exitoso, hazlo tú mismo”, decidió actuar.

Continuará.

• Estados Unidos

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