MIÉRCOLES, 16 DE ENERO DE 2019
Mis lecciones de economía

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“Ideologías hay varias, ciencia económica solo una, cuyas leyes, como la de gravedad, funcionan en todo el mundo, no seguirlas genera miseria y escasez.”
Luis Pazos

Ricardo Valenzuela







“Hazlitt fue una de las mentes más influyentes del siglo 20 y, entre muchas de sus aportaciones, fue el responsable de introducir a los EU a dos economistas que cimbrarían al mundo, Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek.”


Uno de los hombres que más influyó en la formación de mis ideas ha sido Henry Hazlitt, a quien el gran Mises describiera como el economista más grande de su era y daba una simple razón; ¡no era economista de formación universitaria! Él había abandonado la universidad, no portaba un PhD en economía, pero llegó a convertirse en el gran filósofo de la economía y un pensador que, con sus potentes escritos llenos de sabiduría, moldeara tantas mentes. Había abandonado la universidad debido a la pobreza que azotaba a él y a su madre cuando su padre falleciera, lo que a temprana edad lo obligara a convertirse en sostén de su madre enferma. Hazlitt fue una de las mentes más influyentes del siglo 20 y, entre muchas de sus aportaciones, fue el responsable de introducir a los EU a dos economistas que cimbrarían al mundo, Ludwig Von Mises y Friedrich Hayek. Fue también el autor del gran libro “Economía en una Lección”.

Hombre inteligente e industrioso, había iniciado a laborar a los 15 años pero sentía le hacía falta más formación profesional. Fue cuando decidía adquirir esa educación que no había tenido al abandonar la universidad, y empezaba su propio programa de lectura. Leía a Shakespeare y la controversia de Marlow. Aprendía acerca de la evolución y el papel del estado leyendo a Herbert Spencer. Empezó a leer de economía y el mercado de valores. Al transcurrir el tiempo, su voracidad por la lectura le proporcionaba una extensa educación a nivel de cualquier universitario graduado en artes liberales. La lectura del libro “El trabajo de Wall Street”, le dejaba claro la importancia de la economía y el razonamiento filosófico. Fue cuando se dio a devorar cuanto libro de economía podría encontrar, pero, al leer algunos textos universitarios su sentido común lo ponía en guardia contra las ideas socialistas ya infiltrando la academia universitaria.

Rondando en una de tantas bibliotecas se encontró con el libro “El Sentido Común de la Economía Política” del autor Phillip Wicksteed, que le causaría una profunda impresión. Wicksteed había estudiado la Escuela Austriaca de Economía, la primera escuela económica que reconocía el valor es subjetivo y que los precios de mercado brotan de los valores subjetivos de los individuos. Esta percepción ayudó al moldeado y al desarrollo intelectual de Hazlitt y le daría un profundo y claro entendimiento de las operaciones del mercado y la teoría de la utilidad marginal en economía. Armado con ese novedoso conocimiento dividía su tiempo entre la lectura y la escritura. Impulsado por ese nuevo propósito, a los 22 años publicaba su primer libro titulado; “Pensando como una Ciencia”. 

Esas habilidades lo llevaron a ser contratado por el New York Times. En esos días este importante diario estaba ya a cargo de Arthur Sulzberger, yerno del propietario conservador, Adolph S. Ochs, que había mantenido el diario plural con un indeleble tinte conservador. La dirección del diario nunca interfería con los editoriales que publicaba Hazlitt, aunque la hija de Och, Señora Sulzberger, ocasionalmente le sugería incluir algunas ideas izquierdistas. El New York Times, bajo la dirección de la pareja Sulzberger, iniciaba su proceso para convertirse en el medio con las más agresivas ideas socialistas que, al pasar de los años, crecieran como la mala hierba en los veranos y permanece como uno de los poderosos enemigos de la libertad. Finalmente, Hazlitt ya claro con el rumbo hacia donde se dirigía Sulzberger, abandonaba el New York Times.

Al cumplir 70 años en 1964, sus amigos le hacían un homenaje en el cual el encargado de la presentación sería Von Mises pronunciando un bello mensaje que terminaba: “Cada amigo de la libertad hoy día puede sentirse pesimista acerca del futuro. Pero no olvidemos que hay una nueva generación de guerreros luchando por esa libertad. Se está llevando a cabo una resurrección de las ideas de libertad. Esperemos que estos jóvenes tengan éxito en donde nosotros hemos fracasado. Y si ellos logran ese éxito, será en gran parte mérito tuyo, el fruto del trabajo que has llevado a cabo durante estos primeros 70 años de tu vida”.

Hazlitt respondía:

“Quienes amamos la libertad de los seres humanos nos encontramos en una minoría y a veces sentimos es una minoría sin esperanza. Somos liberales adherentes de esa libertad. Los que creemos en gobiernos limitados; en la maximización de la libertad del individuo, y la minimización de la coerción al nivel más alto, pero compatible con la ley y el orden. Por eso somos los verdaderos liberales creyentes del libre comercio, mercados libres, libre empresa, la propiedad privada de los medios de producción. Resumiendo, somos los adalides del capitalismo en contra del socialismo.

Debo confesar que muchas veces me afirmo a mí mismo que estoy repitiendo las ideas, los mismos conceptos. Y es un hecho que habrá algunas gentes sin empatía por otros seres humanos acusándome que durante los últimos cincuenta años no me han escuchado decir nada nuevo. Hasta cierto punto tienen razón. En todo este tiempo he llevado el evangelio de la libertad en contra de la opresión; he predicado el capitalismo en contra del socialismo; he predicado esta doctrina en todas formas, en todas partes y sin excusa. Y aun así el mundo está más socializado que cuando yo iniciaba esta jornada.

¿Por qué los liberales hemos sido tan inefectivos? Creo que es porque estamos en una minoría casi sin esperanza. Nuestras voces simplemente se hunden en el tumulto general y el clamor. Pero hay otra razón y es doloroso decirla. Colectivamente no hemos sido lo suficientemente efectivos. No hemos convencido a la mayoría. ¿Es porque esa mayoría no escucha la razón? Tal vez, pero yo soy lo suficientemente optimista y tengo suficiente fe en la naturaleza humana, para pensar que algún día toda esa gente escuchará nuestras voces, si es que realmente están convencidos de que esa es la verdadera voz de la razón. Tal vez en algún lugar haya algún argumento perdido, algo que no hayamos visto con claridad, algo que no hayamos dicho con suficiente claridad, o, tal vez no lo hayamos repetido lo suficiente.

Como minoría estamos en una incómoda situación. Los individuos que la componemos no debemos conformarnos con ser igual de buenos que los componentes de la mayoría. Si queremos convertir a la mayoría tenemos que ser mucho mejores; y mientras más chica sea la minoría, mayor será la necesidad de ser mejores. Tenemos que pensar mejor; debemos de saber más. Tenemos que escribir mejor. Debemos de tener mejores y más controversiales estrategias. Pero lo más importante, debemos de tener mucho valor para actuar y ser infinitamente pacientes.   

Y como el gran Mises aquí presente escribiera: “Todo mundo carga una parte de la sociedad sobre sus hombros, nadie le quita a otro esa responsabilidad”. Y nadie puede encontrar un camino seguro de salida si la sociedad se dirige hacia su destrucción. Entonces, todos nosotros, por nuestros propios intereses deberíamos vigorosamente volcarnos en la batalla intelectual. Nadie puede hacerse a un lado sin preocupación, el interés de todo mundo pende del resultado. Lo decidas o no, todos estaremos siendo arrastrados a esta gran lucha histórica, a esta la batalla decisiva en la cual nuestra época nos ha sumergido.

“Si la batalla aún no se ha ganado, tampoco ha sido perdida”.

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