JUEVES, 24 DE ENERO DE 2019
El desastre de Pemex que entregó EPN a AMLO

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“Las transferencias de dinero al sindicato en todo el sexenio se incrementaron en un 49%. Junto con contratistas y altos funcionarios tranzas, fueron los únicos beneficiarios de un Pemex corrupto e ineficiente.”


Pemex se ha caracterizado por ser una empresa ineficiente y plagada de corrupción, pero el sexenio pasado sus indicadores financieros arrojó desequilibrios y retrocesos difíciles de creer. Ya no se puede hablar de corrupción, sino de un burdo saqueo, fruto de decisiones deliberadas para robar descaradamente.

López Obrador señaló que en el sexenio pasado compraron 700 pipas, las pagaron, pero no las entregaron. Pero más allá de esos hechos concretos, que reflejan el desorden y corrupción en Pemex, el deterioro en sus ingresos y producción, y el aumento en su deuda y gastos, sin traducirse en ningún beneficio, muestran un manejo financiero enfocado a saquear no a mejorar la empresa.

La duplicación de la deuda de 4.1% al 8.3% en relación con el PIB de PEMEX y CFE, de 2013 al 2018, no se tradujo en una mayor capitalización ni aumento de la producción, como se espera suceda en cualquier empresa con un mínimo de eficiencia.

Del 2013 al 2016, época de la mayor irresponsabilidad y saqueo, la producción por “Pemex Refinación” (ahora llamada Pemex Transformación Industrial) cayó en un 42%; mientras su gasto administrativo, que incluye nómina, aumentó en un 80% y el pago de pensiones en esa división en un 48%.

Aunque en el periodo analizado se importó 35% más de gasolina, la baja internacional de su precio llevó a que se gastara un 40% menos en importar, lo que no se reflejó en una disminución del precio para los consumidores, que es mayor al que dan empresas privadas petroleras de EUA que ganan dinero.

Las transferencias de dinero al sindicato en todo el sexenio se incrementaron en un 49%. El sindicato, junto con contratistas y altos funcionarios tranzas, fueron los únicos beneficiarios de un Pemex corrupto e ineficiente.

El presidente López Obrador tiene la responsabilidad no solo de corregir el desastre heredado sino de identificar, investigar y castigar a sus autores de los más altos niveles y así cumplir con su promesa de que no será “alcahuete de corruptos”.

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