MIÉRCOLES, 3 DE ABRIL DE 2019
Una historia de mentiras y traiciones

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“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“Una importante lección para jamás permitir que otro presidente sufra una persecución como ésta, simplemente porque el candidato perdedor y su grupo de embaucadores nunca han podido aceptar haber perdido.”


Un buen día de verano del 2015, Donald Trump aparecía en el vestíbulo de su edificio, la Torre Trump, para notificar al mundo sus intenciones de buscar la presidencia de los EU, al mismo tiempo que enumeraba una interminable lista de problemas que enfrentaba el país, mismos que habían permanecido sin atención ni solución durante muchos años. La trascendencia del evento residía en que, quien llevaba a cabo esta declaratoria, no era el político tradicional eternamente incrustado en las estructuras que caracteriza a las burocracias mundiales.

No era un político profesional que pudiera desenfundar un largo currículo listando la infinidad de puestos que había desempeñado en la única actividad en donde había desarrollado su larga carrera, la política, escalando uno por uno toda clase de puestos en la burocracia. Este hombre no podía enlistar como el gran activo que sus contrincantes con orgullo presumían; una gran experiencia política. No, él nunca había sido representante, ni senador, embajador, tampoco gobernador, ni miembro de gabinete. Un hombre rudo que no respondía a las agresiones esbozando una sonrisa. No, este hombre respondía a los ataques con la rudeza de un peleador de barrio.

No era político tradicional ni no tradicional, simplemente no era político. Era un emprendedor que antes de cumplir 30 años había creado una fortuna impresionante y, como es clásico, despertaba muchas envidias. Como los verdaderos emprendedores que constantemente están arriesgando su capital, había tenido grandes éxitos, pero también algunos fracasos. Sin embargo, ante las crisis atacaba sus problemas de frente sin mendigar rescates del gobierno y, con gran habilidad y creatividad financiera, los resolvía para seguir adelante. Creaba valor, creaba riqueza y, sobre todo, creaba empleos bien pagados. No era miembro de ninguna cofradía política ni de sociedades secretas.

Pero, desde aquel día en que anunciara su intención, se inició el desarrollo de un linchamiento jamás visto en las contiendas políticas de EU. En esa horda de aprendices de Torquemada participaban por igual demócratas y republicanos. Se burlaban de su propósito y lo calificaban de payaso. Se convertía en materia favorita de los comediantes en los programas de TV todas las noches mofándose de él. Lo que la gente no entendía era el por qué, si lo consideraban un mal chiste, lo atacaban de forma tan violenta, lo mismo que a su esposa, sus hijos a quienes inclusive, un fracasado actor invitaba a secuestrar y asesinar. Tal vez como lo expresara El Quijote a su escudero: “Los perros ladran Sancho, señal que nos aproximamos”. Los discípulos de Torquemada empezaban a escuchar pasos en la azotea y entraban en crisis.

En contra de todas las apuestas, ganaba la nominación de su partido para darle vida al grupo de “Nunca Trump” y la temperatura de sus aspirantes a verdugos ascendía. Pero, además, de forma increíble ganaba la elección general para convertirse en presidente de los EU. En esos momentos, las agresiones se convertían en una misión militar de “búsqueda y destrucción” utilizando los medios que fueran necesarios. Se estructuraba una maquinación en donde en cada esquina había una emboscada para destruir al presidente constitucionalmente elegido y retirarlo de la oficina. Se activaba entonces lo que los conspiradores habían establecido como “su seguro anti Trump”: En el improbable caso de su victoria, iniciar la ejecución de un plan ya estructurado para dar vida a una inventada colusión entre Donald Trump y los rusos para robarle la elección a Hillary Clinton.       

De forma muy astuta y temeraria iniciaban el plan para, bajo la nariz del procurador, instalar un fiscal especial para comprobar sus denuncias y obligar al presidente a renunciar acusándolo de traición a la patria. En esta maniobra, ya con forma de traición, participaban el FBI, la CIA, el Departamento de Justicia, Obama, Hillary Clinton y, algo especialmente repugnante, casi el 100% de la media izquierdista que durante más de tres años llevaban sus mentiras a todos los hogares de EU y del mundo entero. Con lo que no contaban los Torquemadas, es que al fiscal especial aparentemente le quedaba un poquito de integridad y, ante las pruebas contundentes que exculpaban a Trump, decidió hacer lo que un fiscal respetuoso de la ley haría, sacar la verdad a la luz.  

Robert Mueller se había atrincherado con un grupo de abogados demócratas enemigos de Trump, agentes del FBI que ya habían participado en las actividades criminales iniciales desde ignorar los crímenes de Hillary, la destrucción de sus 30,000 correos electrónicos, la emboscada del Gral Flynn, el informe falso de un agente británico pagado por Hillary. El proceso duró dos años, se llevaron a cabo más de 5,000 entrevistas; utilizando el grupo SWAP violentamente allanaron casas de gente ligada a Trump, se encarcelaron inocentes para presionarlos, se sirvieron más de 2,000 órdenes para comparecer ante jueces. Todo para concluir que nunca había existido la colusión y el presidente tampoco había obstruido la justicia. Durante dos años circularon mentiras. Representantes y senadores cada noche afirmaban en TV haber visto evidencias que condenaban a Trump. Lo mismo hacían los ex directores de la CIA, FBI y NSA.

Arruinaron vidas, siendo una de las más dramáticas la del Gral. Michael Flynn, un militar íntegro y de una vida intachable. Lo emboscaron agentes del FBI pidiéndole los recibiera en la Casa Blanca para tener una charla informal, y luego acusarlo de haberles mentido iniciando una persecución que le costara su puesto en el gabinete de Trump, declarar bancarrota y vender su casa para poder pagar los costos de sus abogados de $5 Millones. Nunca los EU habían enfrentado un proceso tan vergonzoso que lo hace lucir como una república platanera. Identifica también a los elementos más nefastos en la historia política del país como Pelosi, Schumer, Comey, ex director del FBI, Brennan, ex director de la CIA, James Clapper, ex director de inteligencia nacional, Adam Shiff, presidente del comité de relaciones internacionales de la casa de representantes. Todos ellos como un desafinado coro profesional mintiendo ante la ciudadanía afirmando haber visto irrefutable evidencia de la colusión Trump-Putin, y asegurando Trump iría a prisión. 

Después de dos años y un costo millonario, lo único que Mueller pudo probar es que Hillary Clinton perdió la elección simplemente por haber sido un mal candidato, con antecedentes que provocarían pánico a los más temerarios miembros del seal team 6. Esta debe ser una importante lección para jamás permitir que otro presidente sufra una persecución como ésta, simplemente porque el candidato perdedor y su grupo de embaucadores nunca han podido aceptar haber perdido. Jamás se debe permitir de nuevo un abuso de poder como éste en donde participen instituciones tan importantes. Porque esto indica que las instituciones han sido penetradas por elementos que las han hecho perder su propósito y su credibilidad. Elementos que se convirtieron en lo diabólico que debían perseguir. Y un país sin instituciones creíbles y confiables, es un país condenado.     

• Estados Unidos

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