Aquelarre Económico
Abr 26, 2019
Manuel Suárez Mier

¿Justicia o ley?

Donde más cayó la pobreza fue justo en las regiones en las que se realizaron reformas económicas tendientes a instaurar una auténtica economía de mercado.

A partir del malhadado memorando presidencial por el que se pretendió terminar la vigencia de la Constitución y abolir de un plumazo el Estado de Derecho, para aplicar en su sitio una noción etérea y personal de “justicia,” se desató en México un debate surrealista sobre estos temas torales para la supervivencia del país.

Como dice el refrán popular “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones,” por lo que nunca cuestioné las del Presidente, sino los medios por los que pretende concretar sus dadivosos designios, pues su tosca crítica de lo neoliberal implica un estatismo irrestricto para redistribuir la riqueza.

Hay una enorme diferencia entre una economía de mercado auténtica, con un estado de derecho funcional, efectiva acción antimonopólica y buen marco regulatorio, y el “capitalismo de compadrazgo” en el que dominan los intereses particulares, las componendas a la medida, los monopolios y donde la ley se utiliza selectivamente.

Los países con más número de pobres se hallan siempre en la segunda categoría, donde los burócratas tienen poderes amplios para beneficiarse y “ayudar” a sus cómplices, y la ley se aplica como le atribuyen a Benito Juárez haber dicho: “A los amigos justicia y gracia, a los enemigos justicia a secas.”

Cuando el Presidente dice que hay que rechazar la nueva idolatría del dinero, me recuerda al populista William Jennings Bryan, tres veces candidato a la presidencia de EU entre 1896 y 1908, que denunciaba: “quieren crucificar a la humanidad en una cruz de oro” cuando su país regresó al patrón oro.

El Presidente rechaza la idolatría al becerro de oro, que según él, hoy se torna en culto al dinero “por el maldito neoliberalismo, cuando el deseo de la gente de mejorar su situación es una constante en la historia de la humanidad”.

Es útil parafrasear el dicho de mi querido maestro Milton Friedman cuando afirmaba que “una sociedad que antepone la justicia a la ley no alcanzará ninguna de las dos. Una sociedad que antepone la ley a la justicia alcanzará un alto grado de ambas.”

Las cifras del extraordinario progreso del último medio siglo muestran que el dogma antiliberal es falso: en el período 1970-2018 la población mundial creció en 114% -de 3,500 a 7,500 millones- y la pobreza extrema se redujo de representar el 15% a menos del 10%.

Donde más cayó la pobreza fue justo en las regiones en las que se realizaron reformas económicas tendientes a instaurar una auténtica economía de mercado, alejándose del intervencionismo estatal y del reparto clientelar de dinero, que lo único que logran es mantener la pobreza y retrasar el desarrollo.

Por el contrario, abatir la pobreza fracasó en partes de África negra y de Iberoamérica, justo porque no hubo reformas hacia una economía de mercado efectiva y se eternizaron regímenes autoritarios, con poder discrecional para que los burócratas impusieran su voluntad en la economía y la sociedad.

La justicia sólo florece cuando la ley se cumple y se aplica a todos por igual.



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