VIERNES, 16 DE JUNIO DE 2006
La expropiación que puede venir

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Resulta increíble que a pesar de la amenaza, muy real, de que el gobierno de López expropiaría nuestra riqueza, haya quienes todavía piensen votar por él. Cuando sean más pobres de lo que actualmente son, ya será demasiado tarde para arrepentirse.”


Inmersos en los dimes y diretes de las campañas electorales, casi ninguna atención ha recibido por parte de los analistas económicos y políticos y menos aun por parte de los posibles electores de la grave amenaza que se cierne sobre todos nosotros, ricos y pobres, de la propuesta de política fiscal y monetaria de López. Asesorado por gente que erróneamente cree que el gasto gubernamental es fuente de crecimiento económico y que el déficit fiscal no importa, con todas sus promesas de gasto público (ayuda a los individuos de la tercera edad, ayuda a las madres solteras, útiles escolares gratuitos, preparatorias y universidades “gratuitas” para todos los que quieran, subsidios en el precio de los energéticos, subsidios a los productores de diferentes bienes según las preferencias de algún oscuro burócrata de quién merece el apoyo gubernamental, obras de infraestructura de todo tipo y más, mucho más), todo ello con una errónea política de recaudación y en un escenario muy probable de una caída de los precios del petróleo, lo que finalmente López está proponiendo es una política fiscal fuertemente expansiva y notoriamente deficitaria, misma que nos hace recordar los años de la “docena trágica” de Echeverría y López Portillo, y que explica el por qué se perdió toda una generación en el proceso de desarrollo económico.

 

Obviamente, una política fiscal deficitaria requiere ser financiada, existiendo tres fuentes de recursos: mayor deuda interna, mayor deuda externa o financiamiento primario del banco central. Mayor deuda interna repercute en mayores tasas reales de interés, lo que desplaza a la inversión privada; mayor endeudamiento externo repercute en un mayor riesgo país, mayor tipo de cambio y mayores tasas de interés; finalmente, el financiamiento primario del banco central se traduce en presiones inflacionarias crecientes. Ante esto, la pregunta es de dónde financiaría López su gasto deficitario. La respuesta es: expropiándonos nuestra riqueza.

 

Una fuente de recursos que sería muy tentadora lo constituyen los más de 500 mil millones de pesos acumulados en las sociedades de fondos para el retiro administradas por las diferentes Afores. ¿Por qué no utilizarlos para financiar proyectos de inversión en energía como serían carreteras o refinarías o plantas generadoras de electricidad? La respuesta es obvia: con las políticas que seguiría el gobierno de López en materia de precios, estas inversiones no serían rentables es decir, pagarían una tasa de rentabilidad real negativa lo que implicaría para efectos prácticos, que el gobierno expropiaría el ahorro para el retiro de los trabajadores.

 

Una segunda fuente de recursos, y López lo ha dejado más claro que el agua destilada y siguiendo las “enseñanzas de Kirchner”, es que piensa desconocer la deuda externa, expropiándole su riqueza a todos aquellos que sean propietarios de papel de deuda externa mexicana.

 

Finalmente, López ha anunciado que piensa seguir una política de financiamiento inflacionario del déficit. Sus continuas diatribas en contra del Banco de México y el anuncio de sus asesores en materia económica de eliminar la autonomía del banco central y de utilizar el financiamiento de esta institución así como el tipo de cambio como “instrumentos de fomento económico”, tienen como consecuencia natural introducir a la economía en una senda de inflación creciente. Resulta realmente increíble que a pesar de toda la evidencia internacional y nacional que existe al respecto, esos economistas educados bajo el pensamiento comunista y keynesiano, aun piensen que la inflación no tiene costos. La inflación, una de las peores distorsiones que el gobierno puede introducir en la economía, no es más que un impuesto expropiatorio de la riqueza, afectando relativamente más a aquellos que no tienen forma de protegerse de ésta, es decir, los más pobres. Esta expropiación se agrava todavía más cuando, en presencia de la inflación que el gobierno generó, se le pone un techo a las tasas de interés, de forma tal que las tasas reales de interés se vuelven negativas, perdiendo los ahorradores su riqueza.

 

Resulta increíble que a pesar de la amenaza, muy real, de que el gobierno de López expropiaría nuestra riqueza, haya quienes todavía piensen votar por él. Cuando sean más pobres de lo que actualmente son, ya será demasiado tarde para arrepentirse.


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