MIÉRCOLES, 29 DE MAYO DE 2019
Confusiones sobre Economía de Mercado (II)

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“El socialismo enseñó a los hombres que su más alta virtud no es crear, sino dar, pero no se puede dar algo que no se ha creado. La necesidad del creador siempre está antes que la del beneficiario.”


“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos”. Eran las palabras de Jesús de Nazaret, pero nunca se ha incluido el resto de la frase: “Y los que me hayan seguido recibirán cien veces más”.

Por la vida cruzan tres clases de hombres. Aquellos que producen más de lo que consumen, los que consumen más de lo que producen, y los que no producen, pero consumen todo, y en su existencia de parias tiene gran ayuda de los gobiernos. Los orígenes del gobierno se remontan miles de años, cuando los que producían sufrían robos de quienes no creaban nada. Decidieron contratar un grupo de rufianes para que los defendieran y así nacía el gobierno. Ahora los papeles se han invertido y el gobierno protege a quienes no producen y consumen todo lo robado.

Todo lo que el hombre necesita debe ser producido y aquí enfrenta su disyuntiva: para sobrevivir tiene dos alternativas—por el trabajo independiente de su propia mente, o como parásito alimentado por las mentes de otros. El emprendedor construye. El parásito es plagiario. El creador enfrenta la naturaleza solo. El parásito a través de intermediarios. La vida del creador es salir a conquistar los mercados. La vida del parásito es conquistar a otros para vivir de ellos. El creador vive de su trabajo. El parásito vive de sacar provecho de otros. La necesidad básica del creador es independencia y libertad.

La necesidad básica de los parásitos es asegurar sus ligas con otros para que los mantengan. Ellos declaran que el hombre existe para servir a otros, y así predican el altruismo mal entendido, la doctrina que demanda que el hombre viva para otros. La lucha es entre creadores de riqueza, apóstoles del libre mercado, y los parásitos del altruismo socialista.

Para ello, el proceso de inversión privada fue distorsionado. El empresario invierte sus ahorros con grandes riesgos. No tiene garantía de éxito. Crea empleos y sustento para mucha gente. Mientras las empresas sean exitosas los salarios tenderían a ser más altos. Pero Marx afirmaba el éxito de los negocios estaba asegurado. Proyectos sin incertidumbre ni riesgo. Condenaba al empresario por su riesgo inexistente y su nulo espíritu de innovación. Marx pensaba que las ganancias estaban aseguradas y las despreciaba. Asumía que la riqueza nunca podría ser creada por tomadores de riesgos, sino que era heredada o robada.  

El socialismo enseñó a los hombres que su más alta virtud no es crear, sino dar, pero no se puede dar algo que no se ha creado. La necesidad del creador siempre está antes que la del beneficiario. Pero se nos ha enseñado a admirar al parásito que reparte lo que no ha creado, por encima del emprendedor que hizo posible esos regalos existieran. Sin discusión, el sistema de libertad, propiedad privada y capitalismo es el más productivo que haya existido. Pero el Manifiesto Comunista fue una llamada a las masas para envidiar y odiar al rico y su única salvación era expropiar a los expropiadores, destruir las raíces y los brazos del capitalismo por medio de revoluciones violentas. 

Marx intentó racionalizar la doctrina de Ricardo. Pero la doctrina era errónea; y en manos de Marx se convirtió en una tragedia. Ricardo había concluido que todo valor era creado por el trabajo —algo que hasta cierto punto puede tener cierta verdad, si contamos el trabajo desde el inicio de los tiempos—, pero Marx decidió usar el término aplicado al trabajo del momento y a la labor de solo los empleados. Ignoraba totalmente la contribución de bienes de capital, la visión de inversionistas, la habilidad de los gerentes y directores, lo que aportaba la investigación, desarrollo y tecnología.

LOS ERRORES DE MARX

Los errores de Marx siempre han estado expuestos. Sus absurdas conclusiones han sido probadas por investigaciones del conocimiento disponible como grandes errores. Las estadísticas oficiales todavía no aparecían para refutarlo con más fuerza. Pero como ejemplo solo unas cifras: En las últimas décadas las corporaciones americanas para dividirse lo generado, pagan a sus empleados en promedio más de un 90% de lo disponible y solo 9.8% a los accionistas. Esto es ganancias después de impuestos. Sin embargo, solo la mitad de esta cifra es lo que se ha pagado en dividendos en años recientes, contradiciendo las afirmaciones populares de que los empleados solo obtienen 25% de lo disponible y los accionistas 75%.

Ningún hombre debe vivir para otro, no puede compartir su espíritu como tampoco puede compartir su cerebro. Sin embargo, el parásito usa el altruismo deformado como un arma de explotación y para destruir la base moral de la sociedad. A los hombres se les ha enseñado todo precepto para destruir al creador. Los han convencido de que pobreza y dependencia es una virtud, pero, en su intento para vivir de otros, se convierte en un indigno dependiente. Un parásito que hace de quienes sirve igualmente parásitos, es la corrupción mutua. Son esclavos. Es la servidumbre del espíritu para vivir del sistema. 

Aun así, El Manifiesto Comunista y la propaganda socialista inspira a los cortos de mente y continúa ejerciendo una gran influencia. Aun muchos de los confesados anticomunistas piensan que el modo más efectivo para combatirlo es el hacerle concesiones. Algunos, inclusive, impregnados de culpa, lo aceptan como la única cura para lo “injusto” del capitalismo. Otros están de acuerdo en que es algo indeseable, pero, según ellos, lo diabólico del capitalismo es real por su falta de compasión, porque falla en construir justicia social.

A los hombres se les ha enseñado que el ego es diabólico y la generosidad es la virtud superior. Pero el creador es “egotista” (no egoísta) en el sentido absoluto, y el parásito es un hombre que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Porque esas son funciones del ser, y a él el socialismo se lo ha arrancado. Los parásitos superiores le ofrecieron al hombre elegir: egoísmo o altruismo. Les establecieron el programa del capitalista que sacrifica a otros por sus intereses. Pero el altruismo, aunque no lo entendieron, era sacrificarse por otros. Cuando fue agregado que el hombre puede encontrar dicha y salvación en su inmolación, la trampa estaba cerrada. El hombre fue convencido de aceptar masoquismo como su ideal. Este sería el fraude más grande perpetrado contra la humanidad.

Esta fórmula, dependencia y sufrimiento, fueron perpetuados como los fundamentos de la vida. Pero la alternativa no es autosacrificio o dominación. La alternativa es dependencia o independencia. El código del constructor o el código del parásito. Esta es la base profunda del tema. Descansa sobre una alternativa de vida o muerte. El código del creador se construye sobre las necesidades de una mente racional que le permite sobrevivir. El código del parásito se construye sobre la necesidad de una mente incapaz de sobrevivir sin que constantemente le tiren un salvavidas.

Los programas altruistas crecen de forma grotesca y para financiarlos constantemente se incrementan los impuestos exprimiendo a los creadores para beneficio de los gorrones, o los países se endeudan pasando esa infernal carga a generaciones futuras. Estas son las fatales consecuencias que aparecen en país tras país. Y así nos encontramos atrapados en este laberinto sin encontrar la salida, y muy poca esperanza de que algún día la encontremos.

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