VIERNES, 31 DE MAYO DE 2019
El fin del sindicalismo

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“A poco más de 150 años de movimientos sindicales, bien vale la pena reflexionar y ver si realmente el sindicalismo, es decir, la lucha violenta contra quien te da trabajo, es el mejor método para alcanzar la felicidad del obrero y de toda la sociedad.”


La larga era de miseria, hambre y pobreza de la humanidad empezó a cambiar cuando surge la noción de propiedad privada. Esto ocurrió hace unos veinte mil años, cuando para obtener algo ya no se recurre a la violencia sino al trueque o quid pro quo, “tú me das algo y yo te doy algo a cambio”. Se estaba reconociendo que lo que tú traes no es mío y lo que yo traigo, no es tuyo; pero tenemos algo que nos puede beneficiar mutuamente. Una nueva era surgía a partir de ese incidente. En ese momento estaba surgiendo la civilización, de manera aislada, esporádica, no fue un comportamiento general, como hasta nuestros días lo podemos ver. Si esa noción se hubiera generalizado, ya no habría asaltos ni robos a la vuelta de la esquina. Sin embargo, el surgimiento de la institución PROPIEDAD PRIVADA representó un gran salto de la humanidad. Los pueblos que consciente o inconscientemente adoptaron el principio de respeto a la propiedad privada crecieron, se desarrollaron y florecieron como nunca antes: Los egipcios fenicios, griegos, todos prosperaban sin límites y sin reflexionar y menos hacer teoría económica de la razón por la que se hacían pueblos ricos.

Otro gran salto de la humanidad se ubica en la gran Revolución Industrial de Inglaterra. Los comerciantes se percataban de la gran oportunidad de satisfacer la demanda de bienes. Aprovechan los adelantos tecnológicos: máquinas de vapor, automóviles, altos hornos de la siderurgia, el avión y la bombilla eléctrica entre otros, para construir grandes empresas donde contrataban a una enorme cantidad de obreros.

Inglaterra se convirtió en un gran polo de atracción para gente de todos los lugares, pueblos y aldeas. La gente veía en esas fábricas una verdadera esperanza para cambiar su vida llena de carencias, hambre y desesperanza. Todos querían llegar a como diera lugar a los centros fabriles. Sin conocer a nadie, sin saber a dónde dormir o qué comer abandonaban sus aldeas y con ello dejaban los tiempos malos. No importaba que durmieran en la calle o hacinados en un cuarto compartiendo con diez o veinte personas más, soportaban todo sacrificio con tal de conseguir un puesto de trabajo seguro donde recibieran un sueldo semanal, quincenal o mensual. Por supuesto que hoy día lo vemos como una epoca de gran sufrimiento, pero ellos lo consideraban algo cerca del paraíso, comparado con la vida que dejaban atrás.

Los empresarios de esa epoca soñaban en grandes proyectos. Construían máquinas de vapor, vías para los ferrocarriles; de las entrañas de la tierra sacaban la materia prima para fabricar acero. Realmente podían dar trabajo a hombres y mujeres y aún así les faltaba personal. No había leyes laborales, no había sueldos oficiales, los pactos eran entre trabajador y patrón. Si el trabajador decidía abandonar su labor, nada se lo impedía, pero también el patrón podía decirle a un trabajador “mañana ya no vienes” y nadie lo consideraba incorrecto.

Todo marchaba bien, las empresas crecían, los obreros mejoraban dia a día, las ciudades se transformaban, surgían escuelas, hospitales, universidades, todo iba muy bien.

Pero a mediados del siglo XIX aparece un personaje siniestro que empieza a convencer a los obreros que los están explotando, que los dueños de las fábricas exprimen al trabajador para amasar grandes fortunas, que trabajan demasiado, que tienen derecho a una educación gratuita, a hospitales gratuitos, a reparto de utilidades, a laborar ocho horas y no más. La gente se deja embaucar. Son los comunistas con su líder Carlos Marx, quien lanza una política de odio hacia los empresarios. Empieza por denostarlos como burgueses explotadores, enemigos de los obreros.

Los trabajadores, llenos de ignorancia del sistema que estaban viviendo, no pudieron contrarestar todas las falacias marxistas. Acudieron al llamdo de los comunistas a formar sindicatos para pelear “por mejores condiciones de trabajo”, “mejores salarios”, etc.

Por otro lado, los empresarios también estaban llenos de ignorancia como para refutar las mentiras marxistas, más bien estaban preocupados en mejorar las tecnologías, llevar su producción a nuevos mercados, conseguir más créditos o pagar la nómina de sus trabajadores. Así que el marxismo comunismo los agarró desprevenidos.

Los sindicatos se dieron a la tarea de pedir más y más bajo la amenaza de cerrar la fábrica hasta que no se les satisficieran sus demandas. Cientos de empresas tuvieron que cerrar por el ataque de los sindicatos y miles de obreros quedaban en la calle, sin trabajo y sin dinero para satisfacer sus necesidades más elementales. El ritmo de desarrollo se detuvo y peor fue cuando los gobiernos se introdujeron en las políticas laborales para ayudar al sindicalismo. Y aún peor cuando se tipificaron leyes laborales obligatorias en las constituciones de los países. En México, el artículo 123, por ejemplo.

A poco más de ciento cincuenta años de movimientos sindicales, bien vale la pena reflexionar y ver si realmente el sindicalismo, es decir, la lucha violenta contra quien te da trabajo , es el mejor método para alcanzar la felicidad del obrero y de toda la sociedad.

Resultados del sindicalismo:

  1. Se lograron las ocho horas de trabajo. Pero ahora hay gente que trabaja dos turnos, es decir, 16 horas. Se incrementaron las horas de labor. Otros desean trabajar medio tiempo o quizás solo dos horas, pero la legislación dice que deben ser ocho horas. Una conquista de dudoso beneficio.

  2. Muchos empresarios perdieron el derecho de elegir a sus trabajadores, ahora tienen que aceptar los que mande el sindicato.

  3. Todos los trabajadores ven disminuido su salario pues hay un cobro forzoso de cuotas sindicales.

  4. Las empresas se convirtieron en recaudadoras de las cuotas sindicales.

  5. Los trabajadores perdieron el derecho de negociar salario y otras prestaciones con su patrón pues ahora es el sindicato quien asume el papel de negociador. Llega a acuerdos que seguramente no satisfacen al trabajador.

  6. El sindicalismo ha producido líderes millonarios.

  7. Las huelgas han dejado muertes innecesarias: Cananea y Rio Blanco.

  8. Las huelgas han quebrado a pequeñas y grandes empresas dejando a los obreros en la calle y en el total desamparo.

  9. El sindicalismo y las huelgas han asustado a los inversionistas foráneos que prefieron invertir en donde no hay conflictos sindicales.

  10. Los sindicatos han permitido los contubernios entre empresa y sindicato para tener sueldos bajos.

  11. Las empresas han tenido que soportar a malos trabajadores porque el sindicato los defiende e impide los despidos.

  12. Despedir a un trabajador es casi imposible pues lo defiende el sindicato y puede costar una fortuna que descapitaliza a la empresa.

  13. Hay sindicatos que han parado construcciones de dueños que no se dejan extorsionar.

En fin, se sospecha que todo estaría mejor sin sindicatos. Por tal razón es que hay países donde queda estrictamente prohibido formar sindicatos. Tal es el caso de Singapur, no hay sindicatos ni huelgas y sin embargo viven mejor y tienen un alto ingreso per cápita.

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