MARTES, 20 DE JUNIO DE 2006
Demoledor voluntarismo económico

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“Quizá el principal defecto de un líder ignorante en temas económicos como López Obrador es pensar que una economía responde a los mandatos de su voluntad.”


Quizá el principal defecto de un líder ignorante en temas económicos como López Obrador es pensar que una economía responde a los mandatos de su voluntad y no a las consecuencias de acciones individuales de millones de personas que toman decisiones en función de sus percepciones e intereses, y de los incentivos que se les presentan.

 

A este respecto vale la pena recordar cómo terminó el sexenio de otro López que dejó al país en ruinas después de desperdiciar la favorable coyuntura que se le presentó a México cuando se dio la feliz coincidencia de exportaciones crecientes de petróleo a precios elevados y ascendentes.

 

José López Portillo, a quien la gente tildó Jolopo, se gastó los enormes recursos provenientes de la venta del petróleo más un endeudamiento externo que se triplicó, en un dispendio público sin precedente y en voraces empresas gubernamentales.

 

En las postrimerías de su administración cuando el precio del petróleo dejó de aumentar, en lugar de ajustar el gasto público y controlar el desperdicio, decidió atender el consejo de un grupo de economistas de la universidad de Cambridge, la misma donde estudió el principal consejero económico de López Obrador.

 

John Eatwell y Ajit Singh viajaron de la universidad inglesa a México patrocinados por colaboradores cercanos de Jolopo también exalumnos de Cambridge, para diseñar un plan “heterodoxo” de contingencia que salvara a la economía.

 

Los elementos fundamentales de este plan fueron:

 

1. Aumentar el gasto público para compensar la caída en los precios del petróleo y mantener la demanda interna y el crecimiento económico en niveles de 8% anual, que alcanzó gracias al estímulo petrolero. Como no había recursos y el crédito externo del país había desaparecido, se recurrió al déficit que en ese año llegó a la cifra estratosférica de 18% del PIB.

 

2. Para evitar que el mayor gasto se fuera al exterior vía fuga de capitales o mayores importaciones fue necesario tomar tres acciones clave: devaluar el peso, cerrar la economía aún más sujetando todas las compras al exterior a permisos previos e imponiendo mayores aranceles, y adoptar un control de cambios que le impidiera a los ciudadanos comprar moneda extranjera.

 

3. A su vez, para que estas medidas funcionaran, el plan requería que los bancos fueran expropiados pues según Jolopo los culpables de la crisis habían sido los banqueros al asesorar a sus clientes que sacaran su dinero del país. “¡Ya nos saquearon pero no nos volverán a saquear!” berreó melodramáticamente en su último informe de gobierno.

 

Las consecuencias del Plan Cambridge de Jolopo fueron devastadoras. Se generó la mayor fuga de capitales de la historia pues la adopción del control de cambios sólo condujo al florecimiento de un gigantesco mercado negro al que recurrió la gente a comprar dólares para tratar de salvar algo de su patrimonio.

 

El gasto público sin respaldo redundó en una inflación sin precedente, de niveles cercanos al 100%, mientras que la marcha de la economía no sólo se detuvo y se estancó por casi una década, sino que puso al país de rodillas sin generar empleos ni dar cabal servicio a su pesada deuda.

 

Los bancos burocratizados se dedicaron casi en exclusiva a financiar al gobierno y dejaron de desempeñar su función crucial de alentar el ahorro nacional y canalizarlo a la inversión productiva.

 

Jolopo, al igual que AMLO, no había definido ninguna de estas acciones como parte de su programa de gobierno pero fue orillándose a ellas por la desesperación de ver fracasar su gobierno, sin entender que las causas del naufragio eran sus políticas y no los compló de los poderosos en su contra.

 

¿Tendremos que sufrir de nuevo tales desgracias?


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