JUEVES, 1 DE AGOSTO DE 2019
La creativa destrucción de Trump

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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El punto sobre la i
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“Ha sido decepcionante atestiguar mentes supuestamente paladines de la libertad que, al caer el oropel que los había cubierto, se esfuma el liberal puro para aparecer el recalcitrante estatista.”


El miércoles de la semana pasada finalmente el fiscal Mueller, presionado por los talibanes demócratas, apareció ante el congreso con lo que esperaban descubrir elementos que, según ellos, permanecían ocultos y habría evidencia suficiente para desaforar a Trump. Pero el fiscal no se había aprendido el script que le entregaron y emanaba la verdad. Mueller solo había prestado su nombre y su reputación, pero la investigación la habían llevado a cabo 30 abogados demócratas liderados por Andrew Weissmann, uno de los invitados a celebrar la frustrada victoria de Hillary el día de la elección. Uno de los congresistas republicanos, ante el reclamo de los talibanes de no saber el contenido del reporte, les reviraba: “Pues aquí hemos interrogado a alguien que sabe menos que ustedes, el fiscal Mueller”.

El Tsunami de Trump continuaba su destrucción iniciada hace tres años. Pero una destrucción creativa y por ello, sin pecar ante la historia, le podemos colgar la etiqueta de la teoría de Schumpeter conocida como “la creativa destrucción de los mercados”. La historia de Schumpeter fue similar a la de Trump cuando, debutando en política, tuvo el reto de sanear la economía de Austria aplicando sus ideas liberales y, en medio de un nido de marxistas, se convirtiera en el hombre más odiado de su patria. Pero nunca abandonó sus ideales y, al fracasar, Austria caía en manos de Hitler.

Schumpeter expresaba la necesidad de sacudir el árbol para que los frutos podridos cayeran junto con árboles de raíces enfermas y, rehabilitando el campo, se produjeran mejores cosechas. Uno de esos árboles con raíces podridas que durante mucho tiempo ha estado produciendo frutos venenosos, es el partido demócrata. Con las sacudidas de Trump abandonaban sus madrigueras quienes finalmente exhiben su verdadera fisonomía. Un socialismo demente que amenaza con su destrucción y, más grave, la destrucción del país.

La sacudida también ha provocado que otros actores abandonen sus guaridas esgrimiendo sus deformadas ideas que permanecían en la clandestinidad. Ahora salen del closet para engrosar las filas demócratas, marxistas, guerrilleros urbanos, aspirantes al infanticidio. Los abanderados del nuevo orden sexual para borrar la línea de género y arribar al estadio en donde el teatro de la sexología se cubra con una pesada bruma. Una cortina de humo donde emerja el nuevo individuo neutro y eliminar del lenguaje palabras como él y ella. Salen también quienes, con intenciones tenebrosas, quieren borrar las fronteras del país.

Una hiedra que ha sufrido la más violenta sacudida ha sido la comunidad de inteligencia responsable de la seguridad y protección de los ciudadanos. Los pestilentes frutos que han ido surgiendo de esta guarida de la tenebrosidad, nos dibujan un tétrico panorama de una rama judicial enferma; Una madriguera habitada por bandoleros convertidos en lo que deberían combatir; “el crimen organizado”. De esas cuevas surgieron mentiras, traiciones, intrigas de un grupo de forajidos que pretendieron decidir una elección presidencial. Y, ante su fracaso, trataron de remover un presidente elegido constitucionalmente. Y más grave, las sociedades establecidas con las agencias de inteligencia de Inglaterra, Italia, Australia, para subcontratar la operación de sus villanías.

Pero el Tsunami no ignoraría republicanos y se iniciaba una estampida donde abandonaran el closet los falsos profetas de la libertad, de la legalidad, del jeffersionismo para, de forma patética, en un acto de falta de integridad, formar su grupo de sabotaje que bautizaran “Never Trump”. Ahí surgían los candidatos republicanos de las últimas dos elecciones negándole su apoyo al igual que toda la familia Bush, lo que apuntaló su campaña y lo llevara a la victoria. Trump exhibió al verdadero partido republicano en su enanismo intelectual y su hipocresía cuando, vistiendo un ropaje conservador, ha resultado ser más falso que el Dossier pagado por Hillary Clinton.

La sacudida llevaba dedicatoria especial para Obama y su escudera. La podredumbre chorreando de ese jardín es algo que sin el zarandeo, jamás nos hubiéramos enterado. Nunca habríamos conocido el macabro plan para establecer un socialismo tropical estilo la Nicaragua, en una operación que opacara el establecimiento de “The Commission” de Lucky Luciano. Jamás hubiéramos sabido de la conversión del Departamento de Estado en un mercado en donde se cotizaban todo tipo de productos y servicios, desde uranio, contratos, hasta las armas más sofisticadas del mundo, con cargo al cliente y abono a la Fundación Clinton que ingresaba cerca de $400 millones.

En este carnaval de frutos venenosos merecen especial nominación la media como CNN, NBC, MSNBC, New York Times. Hollywood, Google, Facebook, Twitter que activamente han operado en contra del presidente cuando, en su descarada intención de establecer una tiranía virtual, apoyan la podredumbre del socialismo exhibiéndose como los grandes enemigos del país y de la libertad de expresión.

Pero el terremoto Trump ha tenido un efecto particularmente importante cuando, al igual que a los republicanos light, se les despojara de sus máscaras y pasaban a mostrar el verdadero material de su constitución. Sin embargo, a diferencia de los republicanos socialistas, emergieron con una ferocidad comparable a la de los soldados de ISIS portando un odio que ha segado su capacidad para cotejar hechos con la realidad, y los ha provocado una transformación similar a la de alguien poseído por un demonio que requiere un exorcismo. Tal vez sus representantes más patéticos hayan sido George Will, John Kasich, Mitt Romney, John McCain, con mención especial para algunos liberales latinoamericanos.

Ellos jamás protestaron durante los 8 años del vía crucis surtido por Obama cuando desarrollaba una cruzada similar a la del personaje en la cinta The Manchurian Candidate, programado por el comunismo para destruir los EU. Jamás alzaron su voz cuando abría las compuertas a la migración musulmana que ha penetrado el Congreso con talibanes del medio oriente. Cuando utilizó el IRS para agredir a conservadores, ni en las operaciones ilegales del Departamento de Justicia en manos de Eric Holder y de Loretta Lynch, como el tráfico de armas hacia México. Y, especialmente, ante su abandono a quienes murieron en Mogadishu incluyendo el embajador.

Ha sido decepcionante atestiguar mentes supuestamente paladines de la libertad que, al caer el oropel que los había cubierto, se esfuma el liberal puro para aparecer el recalcitrante estatista a los que mi buen amigo Alex Chafuen ha diagnosticado como contagiados con TDS (Trump Derangement Syndrome) —algo similar a los liberales científicos de la era de Porfirio Díaz.

Pero aún más decepcionante ha sido la forma en que agreden a quienes han cometido el pecado de creer en la propuesta de Trump. Un malabarista que, al mismo tiempo que rescata la economía provocando un boom, sacude el árbol de donde brotan las ideas oxidadas de un socialismo destructor, los acuerdos secretos, las nebulosas cofradías contra las cuales alzaran su voz Eisenhower y Kennedy quienes, con visión profética, pronosticaron y sonaron la voz de alarma de lo que describieran ayer, y hoy ha tomado forma como el Estado Profundo. En estos momentos ya se preparan los guerreros para la batalla final por el futuro.

• Estados Unidos

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