El Econoclasta
Ago 6, 2019
Isaac Katz

Permisos comerciables de circulación

El uso del automóvil genera externalidades negativas. La solución más eficiente podría estar en cobrar por el uso de las vías de circulación en toda la ciudad.

El uso del automóvil puede generar dos tipos de externalidades negativas. La primera es cuando un automovilista al circular en su vehículo, incurre en costos privados (gasolina, depreciación) pero además impone un costo sobre terceros al arrojar gases contaminantes al aire que se respira.

El segundo es la congestión vehicular que se deriva cuando un automovilista, al incorporarse a las vías de circulación, hace que la velocidad promedio de todos (incluyendo el transporte público) se reduzca, lo que aumenta el tiempo de traslado. Este fenómeno se va haciendo cada vez más notorio y más costoso (el tiempo utilizado en el traslado tiene usos alternativos y por lo mismo tiene un costo de oportunidad) a medida que el número de autos en circulación se incrementa. Así, se estima que en los últimos 20 años como resultado de la creciente congestión vehicular (el parque automotriz se duplicó en este periodo) el tiempo medio de traslado en el área metropolitana de la Ciudad de México se ha incrementado en un poco más de 50%.

La solución más eficiente a ambos tipos de externalidades es imponer un gravamen local a la gasolina tal que encarezca el costo de utilizar el automóvil para que quienes las generan internalicen el daño causado y usen menos el auto. Dado que esto puede no ser posible, una alternativa es cobrar por el uso de las vías de circulación en toda la ciudad (no solo en algunas vías como el segundo piso en la CDMX). Una forma de hacerlo es con un sistema de permisos comerciables de circulación. La idea, de Haynes Goddard, es que los autos en circulación (de lunes a sábado) nunca sean mayores al 67% de los autos domiciliados en el área metropolitana de la CDMX.

Operaría de la siguiente manera: cada auto domiciliado en el área metropolitana recibiría un permiso para circular tres días de la semana; los días serían asignados aleatoriamente con la condición de que todos los días el parque vehicular en circulación con permisos asignados se reduce 50% (por ejemplo, habría quien recibiera permiso para circular lunes, martes y sábado mientras que otro lo podría hacer lunes, miércoles y viernes y otro martes, miércoles y viernes, etcétera).

Estos permisos de circulación serían comerciables de forma tal que si por ejemplo un automovilista tiene permiso para circular el jueves pero no desea usar su auto ese día, podría venderlo a alguien que requiera circular ese día pero no tiene el permiso para hacerlo. El precio en este mercado secundario reflejaría el valor que cada automovilista le asigna a usar su propio auto. Inclusive, el precio podría llegar a un nivel tal que alguien que no pensaba vender su permiso, lo haga.

Además, habría un mercado primario operado por el gobierno. La cantidad de permisos que se ofrecerían diariamente estaría limitado a que en un día cualquiera no estén en circulación más del 67% de los autos domiciliados en el área metropolitana. Estos permisos podrían ser adquiridos por automovilistas foráneos o por automovilistas residentes que no pudieron/desearon acudir al mercado secundario. El precio de los permisos que se vendieran en el mercado primario se fijaría todos los días a las 5:00 AM y no podría ser menor al promedio del precio observado en el mercado secundario del mismo día de la semana previa. Además, a lo largo del día, el precio en el mercado primario iría aumentado a medida que la cantidad de permisos disponibles se fuese reduciendo.

La tecnología para hacerlo está disponible. ¿Utópico? Sí; igual de utópico que pensar que algún día tendremos un sistema público de alta calidad sin el cual lo que se propone es imposible.

*Artículo publicado originalmente en El Economista



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