Pesos y contrapesos
Sep 24, 2019
Arturo Damm

Empresarios y políticos

Ambas tareas, la del empresario y la del político, son indispensables, siendo complementarias, no sustitutas: ni el empresario puede sustituir al político, ni el político puede sustituir al empresario.

Economía y política son necesarias. La primera para satisfacer las necesidades y sobrevivir. La segunda para superar, en el ámbito de la polis, las diferencias y convivir civilizadamente. Los medios de la economía son la producción, oferta y venta de bienes y servicios, por un lado, y la demanda, compra y consumo de satisfactores, por el otro. Los de la política el diálogo, la negociación, el  acuerdo y el respeto a lo acordado.

El logro de ambos fines, sobrevivir (el de la economía) y convivir civilizadamente (el de la política), son necesarios para vivir dignamente, por lo que ambas tareas, la del empresario y la del político, son indispensables, siendo complementarias, no sustitutas: ni el empresario puede sustituir al político, ni el político puede sustituir al empresario.

El empresario puede participar en política, pero como político, no como empresario, de la misma manera que el político puede participar en economía, pero no como político, sino como empresario. Los problemas surgen cuando el empresario participa en política como empresario, defendiendo políticamente sus intereses como empresario, y cuando el político participa en la economía como político, apoyando económicamente sus intereses como político, problemas que desvirtúan a la economía y a la política.

Uno de los campos propios de la economía es la empresa, en el cual el agente económico se convierte en empresario, así como uno de los campos propios de la política es el gobierno, en el cual el político se convierte en gobernante. En éste ámbito el problema surge cuando el gobernante cree que el gobierno debe sustituir al empresario en lo que el empresario hace como tarea propia: invertir directamente para producir, ofrecer y vender bienes y servicios, creencia, no del socialismo, el mercantilismo o el keynesianismo, sino del comunismo. Para los comunistas los medios de producción, sobre todo los correspondientes a los sectores estratégicos de la economía, que son los que proveen de bienes y servicios al resto de las actividades económicas, desde los bienes energéticos hasta los servicios financieros, deben pasar a manos del gobierno, uniendo lo peor de tres mundos: el mundo de la empresa monopólica, al margen de la competencia; el mundo de la empresa monopólica gubernamental, con una definición defectuosa del derecho de propiedad; el mundo de la empresa monopólica gubernamental en los sectores estratégicos que, precisamente por serlo, deben estar sujetos a la disciplina de la competencia y, por lo tanto, en manos privadas.

¿Cuántos miembros de la 4T son comunistas? ¿El subsecretario de educación, Luciano Concheiro? ¿O el director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Pedro Salmerón? ¿O el mismo AMLO?



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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