MIÉRCOLES, 6 DE NOVIEMBRE DE 2019
Coup d’etat financiero mundial (II)

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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“No hay que extrañarse si aparece el estado profundo adquiriendo el proyecto del aeropuerto Texcoco a precio de ganga.”


En los últimos 50 años, México ha enfrentado tres graves explosiones financieras que lo han cimbrado con la furia de los tornados. Si analizamos estos eventos con una visión diferente, nos daríamos cuenta de que han seguido el mismo patrón: las provocan, aparecen los redentores, llegan luego los rescates, “la cura” y su reventa. Pero algo no tan visible, es la forma en que el país ha sido saqueado con este programa porque aquí sí, cuando unos pierden otros ganan.

En cada recesión, devaluación, privatización lo que pierde la gente es lo que ganan los piratas financieros globales. Este nuevo sistema de saqueo es manejado estrechamente por los carteles alrededor de los bancos centrales (pirata en jefe) que operan en todo el mundo siguiendo estas fases:

El mundo ha estado sufriendo un saqueo global y el capital está siendo succionado de todos los países por todos sus rincones del planeta con sus programas: destrucción, ocupación, rescate, venta. Esto ha estado sucediendo por mucho tiempo y, por supuesto, sucede en México. Catherine Fitt, ex banquera de inversión es la gran experta en el tema y ha dedicado su vida a investigarlo y constantemente lo reporta.

Siendo Director General de Banpacífico, en uno de mis viajes al DF me reunía con José Madariaga, en esos días dueño de una pequeña oficina de inversiones en sociedad con Alfredo Harp, para explorar algún tipo de asociación. Al día siguiente comía con Raymundo Leal quien también tenía una oficina de inversiones. Años después me enteraba que, en el proceso de privatizaciones, los primeros habían comprado Banamex pagando cientos de millones de dólares, el segundo Banco del Atlántico, lo que me dejaba con una gran interrogación y el deseo de investigar. El Coup d’etat financiero global llegaba a México

Siguiendo el programa, LAE y JLP habían destruido el país y, expropiando los bancos, los enviaban a terapia intensiva. Los “representantes” de los saqueadores adquirían los bancos con financiamiento arreglado por los “representados” usando fondos ya succionados en otros países. Pasaban al arreglo de lo adquirido usando maquillaje financiero. En la cuarta los “representados” gestionarían una operación que les permitiera cosechar el “fruto de su trabajo”.

Banamex se vendía a Citigroup por miles de millones de dólares. Curiosamente, en el consejo de administración del comprador participaban el ex secretario del Tesoro Robert Rubin, arquitecto del plan de rescate de México y cabeza del sistema de saqueo desde que fuera presidente de Goldman Sachs, comando financiero del estado profundo en donde nacen los colapsos financieros, la compra de activos deprimidos y revenderlos. William Rhodes, principal interlocutor en las negociaciones para la reestructuración de la deuda iberoamericana que se produjo durante la década de los ochenta.

El grupo resultante de la fusión de Citigroup con Banamex se colocaba en la cercanía de Bancomer, que sería tomado por el Banco de Bilbao Vizcaya y le seguiría el Santander Serfin, del HSBC, no sin antes pasar por las manos de InverMéxico y Operadora de Bolsa en el mismo proceso de saqueo. Otros bancos sucumbían para que el 90% de los activos bancarios mexicanos terminaran en manos del Estado Profundo mundial. Para entender la involucración del estado profundo en México, hay que analizar el caso de la adquisición a crédito de Teléfonos de México.

En la década de los 80s emergía un esquema financiero que vendría a revolucionar el mundo de los negocios y las finanzas. Al mismo tiempo en México explotaba la crisis del petróleo, devaluación, expropiación de la banca. El revolucionario financiero era Mike Milken quien, inspirado por uno de sus profesores en la Universidad de Pensilvania, inventaba el uso de un instrumento que bautizaba como bonos de alto rendimiento y, de inmediato, la frustrada competencia le daba otro nombre, yunk bonds.

Utilizando sus instrumentos Milken empezó a financiar una variedad de nuevas operaciones. Pero sus dos especialidades eran lo que se llegó a conocer como las “tomas por asalto” y “compras apalancadas”. Las compras apalancadas consistían en adquirir empresas financiando la operación con sus mismos activos. Milken emitía bonos para la compra con garantía de sus acciones fideicomitidas, obviamente empresas muy subvaluadas por el mal manejo de sus líderes, pero con gran potencial. Al hacer la oferta pública esas acciones disparaban su valor. Luego se vendían a precios hasta 10 veces el de la adquisición.

Las tomas por asalto consistían en sigilosamente adquirir acciones del objetivo con sofisticadas operaciones utilizando instrumentos de la variedad que listaban los derivativos. Posiciones largas y cortas, swaps, futuros, opciones, para, sin invertir un dólar de capital, tomar control y, con el aumento del valor de sus derivativos al iniciar la toma, pagar el monto de sus instrumentos al mismo tiempo que les producían ganancias de billones de dólares. Se consolidaba el saqueo con la reventa de las empresas adquiridas. 

La operación prime de Milken fue Nabisco combinando toma por asalto y adquisición apalancada, pagando $25 billones totalmente financiados con deuda generada por sus bonos. Solamente los honorarios de los participantes desafiaban la imaginación. Abogados y consultores recibían $1.2 billones. Lo más interesante de estas “reestructuraciones buenas” fue su creación de riqueza. Durante la década de los 80s, el Dow Jones triplicaba su valor y el de las empresas cotizadas se doblaba de $1.4 a $3 trillones. Los inversionistas de las empresas adquiridas recibían ganancias de $750 billones. También habían creado millones de empleos.

Pero Milken cometía un gran pecado. Negar al estado profundo y los altos mandos corporativos que lo veían como su verdugo, tomar control del nuevo mercado. Esos mandos corporativos enfrentaban dos alternativas, manejar sus empresas sin ordeñarlas o ser retirados vía tomas por asalto. Ante su negativa, iniciaban un masivo ataque contra él enviando como kamikaze a un ambicioso fiscal llamado Rudy Giuliani, y no cesarían hasta enviarlo a la cárcel. En esos momentos Milken preparaba una presentación para Miguel de la Madrid del plan para reducir y reestructurar la deuda de México que ya lo ubicaba al filo del precipicio.

Vetado de los mercados de EU, Milken apuntaba su nave a lo que describía como la oportunidad del siglo; México con una nueva administración que, al igual que Milken, debería revivir a un moribundo. La privatización de las empresas estatales era una mina de oro en la cual sus enemigos decidían participar por los medios que fueran necesarios. Se salivaban con dos objetivos en su mira: Teléfonos de México y Pemex. Y lo más interesante era que en este caso no se requería enfrentamientos con socios como el de Nabisco, pues sería un saqueo en sociedad con el gobierno mexicano. No hay que extrañarse si aparece el estado profundo adquiriendo el proyecto del aeropuerto Texcoco a precio de ganga.

Continuará con el III.  


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