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Nov 11, 2019
Victor H. Becerra y Miguel A. Cervantes

México aún necesita más, mucho más libre comercio

Si México tuviera tanto libre comercio como presume, simplemente no existiría el contrabando ni, por consiguiente, se necesitaría a la policía aduanal.

El pasado viernes 18 de octubre de este año, Roberto Salinas publicó aquí, en Asuntos Capitales, un muy buen podcast sobre la nueva edición del Índice de Libertad Económica del Instituto Fraser. En dicho podcast, el economista Roberto Salinas explicó muy bien los cinco componentes de la libertad económica en dicho Índice que son: Tamaño del Estado, Sistema Legal, Moneda Sana, Comercio Internacional y Regulaciones.

En el 4to componente, Comercio Internacional, Roberto Salinas considera que México está subvaluado y que debería tener mejor nota. La razón que da Roberto Salinas es que el Instituto Fraser utiliza el arancel promedio de nación más favorecida, que México aplica a los países de la OMC con los cuales nuestro país no tiene tratados de libre comercio. Roberto Salinas argumenta que, en contraste, México tiene más de 47 tratados de libre comercio. Así, Roberto indica que se debería medir el comercio que México tiene  y dejar al lado las excepciones, tales por ejemplo: México impone aranceles del más de 1,000 por ciento a textiles y calzado chinos.

Es importante ver este asunto con cierta lejanía: si bien México no está ya en los años de 1970s, con una economía cerrada y protegida herméticamente, aún hay mucho camino que recorrer como país. Al respecto, los investigadores del Índice del Instituto Fraser: James Gwartney, Robert Lawson, Joshua Hall y Ryan Murphy, consideran que calificar a un país en términos del número de tratados de libre comercio suscritos, sería muy enmarañado y complicado, ya que los tratados comerciales, en sí, no son medida de apertura comercial.

Por eso, los investigadores citados se han basado en el arancel promedio de nación más favorecida aplicada a todos los miembros de la OMC, ya que es la medida más objetiva, con un denominador común para todos los países estudiados.

Al respecto, el economista y catedrático Jagdish Bhagawati ha hablado del plato de espagueti, en donde los países tienen diversos tratados comerciales que se traslapan, y que al final del día se hacen imposibles de cumplir simultáneamente, por las muy diversas reglas de origen.

Nosotros creemos que el arancel promedio de nación más favorecida y la desviación estándar de aranceles reflejan la real apertura comercial general, nos guste o no. Digámoslo claro: México no tiene una política de apertura comercial unilateral como Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Georgia, o Mauricio. México aún es un país que puede hacer mucho, mucho más en su apertura real al libre comercio. Y eso pesa en el desarrollo del país, en su efectiva libertad económica y por consiguiente, en la forma como un Índice como el del Fraser nos evalúa.

Es en las excepciones al libre comercio de México en donde las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio, afectan a la mayoría de la población y a los más pobres. Todos sabemos, por ejemplo, el verdadero calvario y Espada de Damocles que son las barreras a la libre importación de autos de procedencia extranjera, en donde los distribuidores mexicanos de autos cabildean con éxito para crear barreras artificiales por decreto.

De igual forma, las personas que trabajan en la industria maquiladora son testigos de cómo la maquila trabaja con un régimen aduanal en constante cambio y muchas veces arbitrario.

Así, son comunes los altos aranceles a textiles, calzado, juguetes y productos electrónicos chinos, lo que hace que los productos chinos entren la mayoría de las veces de contrabando. Es común ver cómo la policía aduanal llega a tiendas y tianguis a confiscar productos chinos. Si México tuviera tanto libre comercio como presume, simplemente no existiría el contrabando ni, por consiguiente, se necesitaría a la policía aduanal.

Es precisamente por las citadas excepciones al libre comercio el que la mayoría de los mexicanos no ha visto una mejora en su vida cotidiana. Es, en buena medida, por dichas excepciones que la gente se ha decepcionado del “neoliberalismo”, y se ha sentido agraviada, ya que cuando se le habla a los mexicanos comunes de la globalización, del libre comercio, no lo perciben en productos más baratos y sí, más bien, en un sistema de comercio internacional aún caro y todavía lleno de arbitrariedades y preferencias para los cercanos a los políticos.



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