Pesos y contrapesos
Feb 4, 2020
Arturo Damm

Finanzas públicas 2019

Por el lado de los egresos lo que más preocupa es el comportamiento de la inversión física del sector público, que, en términos reales, decreció 11.8 por ciento.

Ya tenemos el panorama completo de lo que fueron las finanzas del sector público en 2019. Esto es lo que, al margen de un análisis más detallado, para el que no tengo suficiente espacio, hay que destacar.

Para 2019 se programaron ingresos por 5,298,188.4 millones de pesos, que resultaron de 5,384,289.1 millones, 2.05 por ciento menor en términos reales (ya deflactada la cifra), por lo que se tuvo que echar mano del 45 por ciento de los recursos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (romper el cochinito).

En 2018 el ingreso del sector público resultó de 5,115,111.1 millones de pesos. En 2019 5,384,289.1 millones, 1.58 por ciento mayor en términos reales.

Primer resultado: en 2019, en términos reales, los ingresos resultaron menores a los programados y mayores que los del 2018.

Para 2019 se programó un gasto de 5,802,029.6 millones de pesos, que al final de cuentas resultó de 5,786,429.3 millones, 3.95 por ciento menor en términos reales.

En 2018 el gasto del sector público fue de 5,589,351.3 millones de pesos. En 2019 fue de  5,786,429.3 millones, 0.15 por ciento menor en términos reales.

Segundo resultado: en términos reales, en 2019, los gastos resultaron menores que los programados y también menores que los del 2018.

Lo anterior dio como resultado un déficit de 402,140.2 millones de pesos. El balance primario (que es igual al ingreso total, menos los gastos totales, menos el pago de intereses de la deuda), resultó superavitario por 275,784.4 millones, cifra que no alcanzó para cubrir el servicio de la deuda, que fue de 666,478.1 millones, 4.6 por ciento mayor, en términos reales, que en 2018.

Por el lado de los ingresos hay que destacar que los tributarios crecieron, en términos reales, 0.9 por ciento: la recaudación del ISR se redujo, en términos reales, 2.2 por ciento, la del IVA en 2.3 por ciento, y la de los impuestos especiales sobre producción y servicios (que son 10: a combustibles automotrices; a bebidas con contenido alcohólico y cervezas; a tabacos labrados; a juegos con apuestas y sorteos; a redes públicas de telecomunicaciones; a bebidas energetizantes; a bebidas saborizadas; a alimentos no básicos con elevada densidad calórica; a plaguicidas; a combustibles fósiles), creció 27.9 por ciento, destacando el aumento en el caso del  impuesto especial sobre producción y servicios a gasolinas, que fue del 53.0 por ciento (¡gasolinazo!).

Por el lado de los egresos lo que más preocupa es el comportamiento de la inversión física del sector público, que, en términos reales, decreció 11.8 por ciento. Y preocupa porque, si hay algún gasto del sector público que puede apoyar el crecimiento de la economía, ese es la inversión física, y si algo hay que debe apoyarse hoy en la economía mexicana es su crecimiento.



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