Pesos y contrapesos
Feb 21, 2020
Arturo Damm

Capitalismo de compadres (II)

El capitalismo de compadres encuentra su justificación, ¡esto es lo preocupante!, en el artículo 25 de la Constitución.

Hay capitalismo de compadres cuando el gobierno, esperando algo a cambio, desde dinero hasta incondicionalidad política, le otorga privilegios a los empresarios, con el fin de defender sus intereses, entre los cuales destaca el de maximizar sus ganancias, para lo cual les conviene, entre otras cosas, no tener que competir con las importaciones.

Supongamos que el gobierno promulga la Ley para la Promoción de la Producción Nacional, LPPN, que prohíbe las importaciones. Esa ley se promulgó, no para garantizar un derecho (ningún empresario tiene el derecho de que el gobierno lo proteja de la competencia, independientemente de que sea nacional o extranjera), sino para defender un interés (el que todo empresario tiene de maximizar sus ganancias, para lo cual debe cobrar el mayor precio posible, para lo cual requiere de la menor competencia posible, para lo cual hay que prohibir las importaciones).

¿Qué sucede, sobre todo en el campo de la economía, cuando se promulgan leyes, no para garantizar derechos, sino para defender intereses? Que esas leyes terminan violando derechos de terceros, en este caso el derecho a la libertad de los consumidores nacionales para comprar lo que les dé la gana (producto nacional o extranjero), a quien les dé la gana (oferente nacional o extranjero), en donde les dé la gana (en el país o en el extranjero).

Si el gobierno prohíbe las importaciones, lo que está haciendo es prohibirnos, a los consumidores nacionales, comprar productos hechos en otros países. Lo que está haciendo es violando nuestro derecho a la libertad para, va de nuevo, comprar lo que nos dé la gana (producto nacional o extranjero), a quien nos dé la gana (oferente nacional o extranjero), en donde nos dé la gana (en el país o en el extranjero), nada de lo cual tiene algo de malo.

La LPPN sería, desde el punto de vista ético, injusta, porque viola el derecho a la libertad de los consumidores para comprar lo que les dé la gana, a quien les dé la gana, en donde les dé la gana, nada de lo cual, lo repito, tiene algo de malo. Además, por reducir la cantidad, calidad y variedad de lo ofrecido es, desde el punto de vista económico, ineficaz.

La LPPN sería un buen ejemplo del capitalismo de compadres, por el cual el gobierno le otorga privilegios a los empresarios, por lo general en contra del bienestar de los consumidores, capitalismo de compadres que encuentra su justificación, ¡esto es lo preocupante!, en el artículo 25 constitucional, en cuyo párrafo noveno leemos que “la ley alentará y protegerá la actividad económica que realicen los particulares…”. ¿Y de qué podría la ley proteger la actividad económica de los particulares? Una posibilidad es: de la competencia, comenzando por la que traen consigo las importaciones.



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