Reflexiones libertarias
Feb 26, 2020
Ricardo Valenzuela

El nuevo bufón de América Latina

López Obrador es solamente el nuevo bufón que sustituye a Hugo Chávez, que más bien lo pudiéramos identificar como un desertor de los jinetes del Apocalipsis, y es el que representa la destrucción.

Al inicio del siglo pasado el mundo se sumía en el infierno de la Primera Guerra Mundial y los EU bajo la administración de Wilson, el primer presidente progresista, decidía involucrar a su país en esta sangrienta confrontación. Al callar los cañones y se disipara el humo de la metralla emergía un mundo totalmente diferente. La geografía de Europa drásticamente se modificaba, sus monarquías perdían su poder y otras desaparecían, la economía del viejo continente yacía en ruinas. Un dato que delataba lo ilógico de estas acciones era que los líderes de los principales países protagonistas, Inglaterra, Rusia y Alemania, eran primos hermanos y todos nietos de la reina Victoria de Inglaterra.

Al mismo tiempo en México estallaba la revolución con una visible mano que movía la cuna, la de Wilson, presidente del único país que no fuera destrozado por la guerra. Sin embargo, el mismo final del conflicto sería una semilla que germinara en otra guerra mundial y dibujara la fisonomía de ese siglo de la destrucción. El único país de América Latina que navegaba en un mar en calma con una economía admirada por todo el mundo, Argentina, le esperaba el destino peronista para destruirla y se pudiera sumar a ese desafinado coro del resto del continente sin desafinar y, mientras cantábamos odas a Martin Fierro y Pancho Villa, caíamos en una espiral que nos condenaba a la miseria bajo la batuta de Raul Prebisch y su CEPAL.

Dese el arribo de Porfirio Díaz como presidente de México el crecimiento económico había sido espectacular. El kilometraje del ferrocarril aumentaba un 15% anual, la producción industrial crecía al 7%, la minería al 8%, las exportaciones el 7% y las importaciones un 5%. La producción de petróleo crecía de forma agresiva. La revolución mexicana que se iniciara bajo principios liberales se convertiría en un monstruo que amenazaba con devorar a sus hijos. Al país le heredaba un sistema económico-político para mantenerlo hambriento, oprimido y, lo más grave, una sociedad alfeñique con un programa mental establecido para que, en la confusión, se aceptara como inevitable la mediocridad porque, como a los siervos de la edad media, se les había convencido era la única alternativa y debían de aceptarla con resignación. Todo ello reforzado por la música, el cine, la literatura y, en especial, las telenovelas.

Nacía también el modelo que Mises bautizaba como intervencionismo y los revolucionarios lo etiquetaran como economía mixta, tratando de disfrazar lo que era una agresiva toma de parte del estado de todas las avenidas de la sociedad en lo que yo llamo Socialismo Aristócrata. Nacía también el concepto especial de pueblo y plebe. Unos eran los constructores, los otros los destructores. Pero no nos permitieron identificar a unos y otros puesto que sus conductas eran las mismas. Así también se iniciaban las castas de socialistas aristócratas en la política y en los negocios para repartirse la diminuta riqueza que se creaba, pues ellos habían inventado una fórmula para ganar dinero sin crear riqueza.

Navegamos todo el siglo 20 en esa defectuosa barca con los revolucionarios en primera instancia, luego nacionalistas revolucionarios en la segunda, siempre sobre ese corcel que Vargas Llosa describiera como la dictadura perfecta. Llegaban luego los científicos que se destruyeran ellos mismos junto con sus incipientes reformas. Pero algo milagroso sucedía. Con el nuevo siglo llegaba aquello que ansiosamente esperábamos, la bendita y mágica democracia en la mochila de un Cantinflas de casi dos metros de estatura. En nuestra enfermiza obsesión por ese bendito elixir olvidamos que México no es una democracia. México supuestamente es una república, cuando menos en papel, y son dos conceptos muy diferentes. Democracia es el mandato de la plebe. República es el mandato de la ley.

¿Cómo nos ha tratado la democracia (plebecracia)?

Surgía entonces con fuerza la voz de los sabios de la política afirmando que, nuestra democracia finalmente había madurado después de los errores y correcciones, y estábamos listos para que su magia nos arropara. Había madurado tanto que por fin nos premiaba con el verdadero salvador. El hombre nuevo del siglo nuevo. Una mezcla de Santo Tomás, el rey Salomón, Ricardo Corazón de León, Juana del Arco con un tinte cantinflesco. Llegaba el ansiado regreso del legendario Quetzalcóatl acompañado del alma de Moctezuma, y arribaba furioso para cobrar venganza contra los españoles y los criollos fifís por racistas, explotadores, codiciosos y crueles.

De inmediato iniciaba la reconstrucción de Tenochtitlan y con nuevo aeropuerto. Y la serpiente emplumada llegaba cargando un plan que, por lo innovador, solamente él lo conocía. Un plan que de seguro incluye recuperar los territorios robados por los odiados gringos liderados ahora por una reencarnación de Hernán Cortés gritón, mal hablado, racista, misógino, agresivo y todavía más codicioso y cruel que los conquistadores. También para recuperar el poder para los prietos y los güeros que se tiñeran el pelo o abandonaran el país.

Y llegaba ofreciendo pan para todas las bocas, trabajo para todos los brazos, capital para todas las empresas, medicina para las heridas, alivio para los sufrimientos, consejo para los desorientados, soluciones para las dudas, distracciones para los aburridos, leche para los niños, vino para los ancianos; adivinaría nuestros deseos, resolvería nuestras curiosidades, enderezaría nuestros caminos, repararía nuestras faltas y nos dispensaría de construir juicio, orden, previsión, prudencia, economía, templanza y trabajo.

Estamos seguros de que, como parte de su plan económico, ayudará a las empresas nacionales como la Comisión Federal de Electricidad, en su injusta competencia con el sol, estableciendo un impuesto sobre las ventanas de todas las casas. Promoverá el empleo enviando grupos de porros a romper vitrinas para que haya más trabajo en las fábricas de vidrio y para los instaladores de esas vitrinas. Prohibirá la importación de tractores para dar trabajo a los fabricantes de arados de madera. Defenderá delincuentes porque provocan desarrollo económico y crean empleos. Y es que, cuando roban, la víctima tiene que reponer lo que le fue expoliado y se fomenta el comercio, la producción y se controla la inflación cuando los ladrones vendan el producto de sus pillajes a la mitad de su valor.

Pero al despertar de lo que para unos era un sueño hecho realidad, para otros una pesadilla que provocaba escalofríos, nos damos cuenta de que nuestro salvador no es Quetzalcóatl, ni economista sentimental, tampoco filósofo de los pobres, ni puede multiplicar los panes ni los peces pues hay que comprar la harina, hornear los panes y salir al mar para atrapar los peces. Lo que sí se le reconoce es su habilidad para extorsionar empresarios y, sobre todo, como gran organizador de rifas. Es solamente el nuevo bufón que sustituye a Hugo Chávez que más bien lo pudiéramos identificar como un desertor de los jinetes del Apocalipsis, y es el que representa la destrucción.



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