El punto sobre la i
Dic 7, 2009
Arturo Damm

"El mercado no es ni bueno ni malo... es perfecto."

Adriana Merchant

Tal vez, inclusive a los defensores del mercado, la afirmación de Merchant les perezca exagerada, sobre todo si entendemos lo de perfecto como debe entenderse, es decir, como aquello que no acepta mejoría, algo impensable para el obrar y la obra humana, que por más buenas que sean siempre son perfectibles. El mercado, ¿será la excepción que confirma la regla?, o, por el contrario, se trata de una exageración de Merchant?

 

Para responder lo primero que hay que hacer es entender que el mercado es la relación de intercambio entre dos agentes económicos, oferente el uno y demandante el otro, misma que tiene como fin un mayor bienestar para cada una de las partes involucradas, relación cuyo resultado es la mejora para cada uno de los agentes económicos involucrados. ¿Por qué? Porque cada uno de ellos valora más lo que recibe que lo que da, razón por la cual, en términos de valor, cada uno está mejor después del intercambio que antes del mismo, lo cual resulta positivo.

 

En segundo lugar hay que tener presente que, por obra y gracia de la división del trabajo, la gran mayoría de los bienes y servicios que necesitamos para satisfacer, desde nuestras necesidades básicas hasta el más excéntrico de nuestros caprichos, son propiedad de alguien más, lo cual plantea la siguiente pregunta: ¿cómo los adquirimos? Fundamentalmente hay tres maneras: recurriendo a la benevolencia (pidiendo que nos los regalen), echando mano de la violencia y/o el engaño (robándolos), u ofreciendo algo a cambio (comprándolos). De estas tres formas de adquirir aquello que necesitamos, y que de entrada no es nuestro, ¿cuál es la ética y económicamente correcta? Evidentemente que la tercera, el intercambio, que es un juego de suma positiva, en el sentido de que las dos partes involucradas ganan, no siendo ese el caso, ni de la benevolencia, ni mucho menos de la violencia.

 

Dicho lo anterior, y dado el tema de este escrito, viene bien la siguiente pregunta: ¿existe, más allá del intercambio, que es lo mismo que decir mercado, y descartadas la benevolencia y la violencia para tales fines, una mejor manera de resolver el problema que genera la división del trabajo, por la cual buena parte de los bienes y servicios que cada uno necesita son, de entrada, propiedad de alguien más? Se podrá responder que sí, y que la misma consiste en la distribución, llevada a cabo por el gobierno, de esos bienes y servicios, lo cual supone no haber caído en la cuenta de que esa redistribución, ¡que no distribución!, no pasa de ser violencia disfrazada de benevolencia - benevolencia porque se pretende ayudar a quien no tiene, violencia porque se le ayuda quitándole a quien sí tiene, violencia que invalida la benevolencia -, lo cual nos lleva de nuevo a la pregunta de si existe, al margen del mercado, una mejor manera, tanto desde el punto de vista ético como económico, de solucionar el problema originado por la división del trabajo, merced a la cual la gran mayoría de las mercancías que cada uno necesita son propiedad de alguien más. ¿Existe? No, lo cual quiere decir que el intercambio es la mejor manera de resolver el mentado problema. Y si es la mejor manera, lo cual quiere decir que no existe nada mejor, ¿no resulta perfecto, en el sentido que cuenta, en grado máximo, con todas las cualidades requeridas para lograr su tarea, que en este caso consiste en elevar el nivel de bienestar de todos respetando la propiedad de cada uno? ¿Es, o no, en este sentido, perfecto el mercado? Más de uno, por ignorancia o prejuicio, dirá que no.

 

Por ello pongamos el punto sobre la i.


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