El punto sobre la i
Ene 16, 2011
Arturo Damm

El hombre sólo puede ser hombre mediante la educación.

Immanuel Kant

La frase de Kant parte del hecho de que el ser humano nace humano, pero no todo lo humano que puede, ¡y debe!, llegar a ser, bajo el entendido, supongo que Kant no lo negaría, de que ningún ser humano llegará jamás a la perfección, dado que el ser humano es infinitamente perfectible, motivo por el cual siempre será, en mayor o menor medida, imperfecto, lo cual, bien vistas las cosas, no es malo, ya que, gracias a ser infinitamente perfectible, es que siempre podrá alcanzar, no gratis, ¡claro que no!, una mayor perfección, en todos los ámbitos de la vida humana, desde aquel que tiene que ver con la atención de las necesidades básicas, de cuya satisfacción depende que la vida se mantenga, hasta las necesidades espirituales, de cuyo cuidado depende que la vida sea, al nivel propiamente humano, digna de mantenerse.

Si el ser humano nace humano, pero no todo lo humano que puede y debe llegar a ser, ¿de qué manera da el paso entre quien es y quien debe llegar a ser?, transición que no se da por el mero paso del tiempo, ya que no se trata del envejecimiento sino del perfeccionamiento. No se trata de un cambio meramente cuantitativo: ¿cuánto tiempo ha pasado?, sino de una transformación cualitativa: ¿de qué manera se ha aprovechado el tiempo?

Vuelvo a la pregunta. Si el ser humano nace humano, pero no todo lo humano que debe llegar a ser, ¿cómo es que transita entre quien es y aquel que debe llegar a ser? ¿Cuál es el vehículo que utiliza para ir de un estado (imperfecto) a otro (menos imperfecto)? Puede no haber un solo vehículo, pero uno sin el cual dicha travesía resulta imposible, tal y como lo señala Kant, es la educación, entendida (la definición es mía, no de Kant), como el proceso, formal o informal, directo o indirecto, por el que el ser humano aprende de quienes le precedieron, en todos los ámbitos del saber y en todos los campos de la acción. En este sentido la educación supone, de parte del educador, dejar una herencia, y, de parte del educando, recibirla (aún en el caso, que puede darse, en el que educador y educando sean la misma persona). El ser humano de hoy puede ser mejor (no necesariamente lo será), que el ser humano de ayer, porque cuenta con más conocimientos y mejores habilidades, es decir, cuenta con un grado mayor de perfección, por más lejos que esté de la perfección total y definitiva.

Se puede afirmar que la educación es el proceso de formación del ser humano, sobre todo en los ámbitos intelectual, moral y ético (ética y moral no son lo mismo), avance que debe ser en el sentido de la verdad, el bien y la belleza, por lo que el ser humano debe ser educado para conocer la verdad, hacer el bien y, ¡muy importante!, contemplar la belleza, belleza, bien y verdad que son, llamémosles así, los objetos adecuados de la conducta humana, lo cual quiere decir que, independientemente de lo que el ser humano haga, debe hacerlo en función de la verdad, el bien y la belleza, los tres valores rectores de la conducta humana. Por ello Adam Smith, contemporáneo de Kant, y a quien Kant leyó, afirma, en La teoría de los sentimientos morales, “que el gran secreto de la educación estriba en dirigir la vanidad hacia los objetos apropiados”, entre los cuales destacan la verdad, el bien y la belleza, siendo que cualquier objeto que motive la conducta humana es apropiado en la medida en la que, en mayor o menor grado, de una u otra manera, participa de la verdad y/o del bien y/o de la belleza.

Kant tiene razón, el hombre sólo puede ser más hombre mediante la educación, lo cual quiere decir que el ser humano sólo puede ser mejor ser humano si se forma en la verdad, el bien y la belleza.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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