LUNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2007
El punto sobre la i
¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé

Arturo Damm





“No se puede ayudar a la gente permanentemente haciendo por ellos lo que podrían y deberían hacer por sí mismos.”
Abraham Lincoln

¿Cuántas veces los gobiernos pretenden hacer, por los gobernados, lo que los gobernados deben hacer por sí mismos, sobre todo si se ha de respetar la dignidad de la persona, que demanda que cada quien haga lo que cada uno debe hacer, comenzando por la satisfacción de las necesidades básicas? Hoy, y desde hace ya tiempo, la gran mayoría de las veces. Hoy los gobiernos pretenden hacer, por todos los gobernados, todo el tiempo, lo que cada uno de los gobernados, en todo momento, debería hacer por sí mismo.

 

¿Qué subyace en la pretensión de los gobiernos ángel de la guarda y hada madrina, que se esfuerzan por preservar al gobernado de todos los males y por concederle todos los bienes? Una primera explicación es el convencimiento de que el gobernado es tan inútil que, dejado a su esfuerzo, es incapaz de evitar los males que le acechan, sobre todo los más peligrosos, y de procurarse los bienes que necesita, comenzando por los básicos, por lo que es responsabilidad del gobernante salvarle de todos los males y proporcionarle todos los bienes, cuando la tarea el gobierno debe ser preservarlo de un solo mal: el que la delincuencia le puede hacer, y concederle un solo bien: la justicia.

 

Una segunda explicación, tal vez más apegada a la realidad (¿qué gobernante reconoce que lo que hace en calidad de ángel de la guarda, o de hada madrina, lo hace convencido de la inutilidad de sus gobernados?), es la siguiente: el derecho de alguien tiene como contrapartida la obligación de alguien más, no solamente de respetarlo, sino de satisfacerlo. Por ejemplo: el derecho a la alimentación de alguien supone la obligación de alguien más de satisfacerlo, es decir, de darle de comer. Haciendo de lado el caso de los padres que tienen la obligación, moral y legal, de alimentar a los hijos pequeños, o de los hijos que tienen la obligación, moral, de alimentar a los padres ancianos, o de la obligación moral general de dar de comer al hambriento, ¿es cierto que el derecho a la alimentación de uno supone la obligación legal de otro de darle de comer? Insisto en el término: obligación legal.

 

El que todo ser humano tenga derecho a la alimentación, derecho que se fundamenta en la necesidad que tenemos de alimentarnos para sobrevivir, no implica que todo ser humano tenga derecho a que alguien más lo alimente. Sin embargo, los gobiernos actúan como si el derecho a la alimentación de unos implicara la obligación de otros de alimentarlos; como si el derecho a la atención médica de unos implicara la obligación de otros de curarlos; como si el derecho a la educación de unos implicara la obligación de otros de educarlos, y un largo etcétera. En cada caso el gobierno actúa como intermediario entre los primeros y los segundos, quitándoles a estos para darles a aquellos o, dicho de otra manera, obligando a los segundos a beneficiar a los primeros, lo cual nos lleva a la pregunta más importantes en el ámbito de la filosofía política y la teoría del Estado: ¿es justo que el gobierno obligue a unos a beneficiar a otros? Porque esto, y nada más que esto, es lo que el gobierno hace cuando pretende beneficiar a todos todo el tiempo, algo que resulta imposible.

 

Hoy el gobierno intenta hacer por el gobernado lo que el gobernado debería hacer por sí mismo, independientemente de que lo consiga o no. El gobierno debe preservar al gobernado de un solo mal, el que la delincuencia puede hacerle (matar, secuestrar, mutilar y robar) y concederle un solo bien, la justicia, (que implica castigar al delincuente y resarcir a la víctima). Procurar todos los otros bienes, y evitar todos los otros males, debe ser responsabilidad de cada uno, única manera de salvaguardar la libertad individual y la propiedad privada, única manera de respetar la dignidad de la persona.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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