LUNES, 30 DE MAYO DE 2011
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“Gobernar es pactar; pactar no es ceder.”
Gustave Le Bon

La frase de Le Bon me sirve para plantear la siguiente pregunta: ¿qué es gobernar? ¿Pactar?, puede ser, pero queda claro que no solamente pactar. ¿Qué es gobernar?

Según el diccionario gobernar es 1) mandar con autoridad o regir algo; 2) dirigir un país o una colectividad política; 3) guiar y dirigir; 4) manejar a alguien, ejercer una fuerte influencia sobre él, todo lo cual supone el ejercicio del poder del gobernante sobre el gobernado, poder que se ejerce sobre la libertad individual y la propiedad privada, lo cual, sin un límite claramente establecido a dicho ejercicio, puede resultar, ¡como ha resultado!, en un abuso de poder, es decir, en la violación de la libertad individual y la propiedad privada de los gobernados.

Si se respeta la libertad individual y la propiedad privada, es decir, si se convive civilizadamente, ¿en qué consiste gobernar? ¿En mandar a los gobernados? ¿En regirlos? ¿En dirigirlos? ¿En guiarlos? ¿En manejarlos? ¿En ejercer poder sobre ellos para que se comporten tal y como el gobernante quiere que lo hagan? Y si la respuesta es afirmativa, ¿ese poder debe ejercerse en todos los campos de la acción humana? El gobernante, ¿debe ser el rector de nuestras vidas, y serlo de la A a la Z?

Si se convive civilizadamente, respetándose la libertad y la propiedad, lo único que el gobierno debe mandar es no hacer daño a los demás: no matar, no esclavizar, no robar, y lo único que debe imponer es el castigo para quienes no hayan hecho caso del triple mandato. En esa sociedad lo que impera es el Estado de Derecho, que es el gobierno de las leyes justas, siendo tales las que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos naturales de la persona a la vida, la libertad y la propiedad, leyes justas, y por lo tanto Estado de Derecho, que se resumen en el triple mandato no matar, no esclavizar, no robar.

El gobierno debe limitarse a garantizar derechos, ¡que realmente lo sean!, no a defender intereses, no a satisfacer necesidades. El problema surge, tal y como ha surgido en todas partes, cuando, de manera por demás arbitraria, y en el marco del mercantilismo, cuando de defender intereses se trata, y/o en el contexto del Estado benefactor, cuando de lo que se trata es de satisfacer necesidades, se definen como derechos los que no pasan de ser intereses, las que no son más que necesidades. Es entonces que gobernar se vuelve sinónimo de redistribuir, por ejemplo, cuando el gobierno, en defensa de los intereses de los productores nacionales, prohibe las importaciones, lo cual le permite a dichos productores cobrar un precio mayor del que cobrarían si tuvieran que competir con las importaciones, redistribuyéndose ingreso desde los consumidores hacia dichos productores, o cuando, en aras de la satisfacción de las necesidades de los pobres, el gobierno les brinda, por poner un ejemplo, alimentación, para lo cual debe quitarle a unos, los contribuyentes, para darle a otros, los necesitados. En el primer caso tenemos mercantilismo, en el segundo Estado benefactor, ambos casos comunes y corrientes hoy por hoy.

En una sociedad en la cual se respeta la libertad individual y la propiedad privada, lo único que el gobierno manda es no hacerles daño a los demás, y lo único que impone es el castigo para quienes no hayan hecho caso, nada de lo cual debe pactarse, sino imponerse, sin concesiones, sin excepciones, pésele a quien le pese.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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