El punto sobre la i
Feb 5, 2012
Arturo Damm

Lo que ha hecho del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él su paraíso.

F. Hölderlin

¿Qué supone hacer del Estado, en general, y de los gobiernos, en particular, paraísos, o constructores de paraísos, sobre la tierra? Supone encargarles tres tareas: 1) garantizar derechos; 2) defender intereses; 3) satisfacer necesidades, tres tareas cuya realización supone, ni más ni menos, la construcción del paraíso terrenal.

Si todos, en esta tierra, tuviéramos, con toda honestidad y eficacia, garantizados nuestros derechos, defendidos nuestros intereses, y satisfechas nuestras necesidades, ¿no estaríamos viviendo en el paraíso terrenal? Garantizados nuestros derechos, defendidos nuestros intereses, y satisfechas nuestras necesidades, todo ello con honestidad y eficacia, ¿que mal nos acecharía?, ¿qué amenaza nos quitaría el sueño?, ¿que inquietud nos robaría la tranquilidad?, ¿quién o qué representaría un peligro? Nadie ni nada. Viviríamos, prácticamente, en el paraíso terrenal. Garantizados nuestros derechos, defendidos nuestros intereses, satisfechas nuestras necesidades, ¿qué más se puede pedir? Bien pensado, ¡nada más!

Si esa - garantizar derechos, defender intereses, satisfacer necesidades -, es la triple tarea a realizar, y si de esa realización depende que vivamos sin sobresaltos, ¿por qué no encargársela al gobierno? Más de uno se lo ha preguntado, y más de uno lo ha intentado, momento de recordar lo dicho por Hölderlin: "Lo que ha hecho del Estado un infierno sobre la tierra es precisamente que el hombre ha intentado hacer de él su paraíso", o encargarle a él la construcción del paraíso terrenal. ¿Por qué? Porque de las tres tareas, la única que puede realizar el gobierno sin atentar contra la libertad individual y la propiedad privada de los gobernados es la primera, garantizar derechos, al tiempo que cualquiera de las otras dos tiene como punto de partida, o meta de llagada, la violación de la libertad y de la propiedad, situación que bien podemos calificar de infernal (por más que ya nos hayamos acostumbrado).

Garantizar derechos supone, del gobierno, dos cosas: prohibir los actos delictivos y, de fallar la prohibición, castigar al delincuente y resarcir a la víctima. Dicho de otra manera: hacer valer derechos supone garantizar la seguridad contra la delincuencia y, de fallar, impartir justicia, las dos condiciones indispensables de la convivencia civilizada, lo cual justifica lo que ambas tareas tienen de limitación a la libertad (no matarás, no esclavizarás, no robarás, etc.).

¿Qué sucede cuando el gobierno pretende, o defender intereses, o satisfacer necesidades? Lo que sucede es que en ambos casos limita, arbitrariamente, la libertad individual y/o la propiedad privada. Por ejemplo: si el gobierno defiende el interés pecuniario de los productores nacionales de cobrar el mayor precio posible, para lo cual los mantiene al margen de la competencia de las importaciones, elimina la libertad individual de los consumidores para elegir entre el producto nacional y el importado, obligándolos a pagar un precio mayor, reduciendo su nivel de bienestar. Otro ejemplo: si el gobierno satisface ciertas necesidades, de ciertos gobernados, lo hace quitándole a unos y dándole a otros, es decir, redistribuyendo, lo cual atenta contra la propiedad privada y, dado que la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, también atenta contra la libertad individual.

En el mejor de los casos el gobierno puede construir, por cierto tiempo, y solamente para algunos, el paraíso terrenal, no pudiendo hacerlo, ni para todos, ni todo el tiempo, imposibilidad que encuentra su razón de ser en el hecho de que cada vez que el gobierno hace algo más que garantizar derechos beneficia a unos a costa de otros, independientemente de se trate de defender intereses o satisfacer necesidades, algo que los gobiernos hacen de manera habitual.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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