DOMINGO, 10 DE MARZO DE 2013
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“No por estar bien alimentado, bien curado y bien educado un esclavo deja de serlo.”
Othmar K. Amagi

Una de las razones por las que el socialismo sigue teniendo seguidores, inclusive entre quienes podríamos suponer que lo padecen, es que, mal que bien, el gobierno satisface, sobre todo para quienes de manera autónoma tal vez no lo conseguirían, necesidades básicas como lo son alimentación, atención médica y educación, que son tres de los logros que más presumen los gobiernos socialistas (alimentación, atención médica y educación que son los tres pilares del capital humano –conocimientos teóricos y habilidades prácticas para trabajar de manera más productiva–, capital humano que, en el socialismo, sirve de poco, ya que los particulares no cuentan con el capital físico –instalaciones, maquinaria, equipo, etc.– que es el complemento indispensable del humano).

¿Y qué tiene ello –el gobierno satisfaciendo necesidades básicas– de malo?, podrá preguntarse uno. De entrada el cómo: no es la persona, a partir de un trabajo productivo, que es el que crea riqueza, quien satisface de manera autónoma, por medio del intercambio en el mercado, sus necesidades, sino el gobierno el que, por medio de la redistribución, proporciona los satisfactores, lo cual hace que la persona dependa de lo que el gobierno le da, y no de lo que ella es capaz de producir, dependencia que, no hace falta explicar por qué, resulta peligrosa.

Esa dependencia resulta insoportable para quienes valoran la libertad individual, la propiedad privada, y la responsabilidad personal. Para quienes quieren vivir gracias al esfuerzo propio y no del trabajo de los demás. Para quienes quieren llegar tan lejos como su desempeño se los permita. Para quienes están convencidos de que lo correcto es que cada uno reciba según la productividad de su trabajo, no conforme a la urgencia de sus necesidades. Desde este punto de vista, la dependencia que genera el socialismo resulta insoportable, no siéndolo para quienes no valoran la libertad individual, la propiedad privada, la responsabilidad personal; para quienes les gusta vivir gracias al trabajo de los demás y no al esfuerzo propio; para quienes no les importa llegar más lejos del punto al que los lleva el gobierno; para quienes consideran que lo ideal es que cada uno reciba según sus necesidades, no de acuerdo a la productividad de su trabajo. Para los primeros lo importante es la libertad, y secundario todo lo demás. Para los segundos lo que importa es la satisfacción de las necesidades, al margen de todo lo demás.

Cierto que, hasta cierto punto, el socialismo es capaz de satisfacer las necesidades básicas de la mayoría, pero de lo que no es capaz es de permitir que la minoría emprendedora, que es la que produce riqueza, la que crea empleos, la que hace posible la generación de ingresos, ¡la que empuja y jala a los demás!, pueda ir más allá de esas satisfacciones, logrando el verdadero progreso económico, que no consiste, únicamente, en la satisfacción de las necesidades básicas, es decir, en la sobrevivencia, sino en el aumento en el nivel de vida, lo cual supone tener la posibilidad de, además de satisfacer las necesidades básicas (que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y/o la vida de la persona), satisfacer gustos, deseos y caprichos. No confundamos el sobrevivir, ni con el vivir bien, ni con el vivir mejor, vivir mejor que en el socialismo, para la gran mayoría, resulta imposible. ¿La razón? La ya dicha, en la cual insisto: el socialismo es capaz, en cierta medida, de satisfacer las necesidades básicas de la mayoría, pero incapaz de permitir que la minoría emprendedora pueda ir más allá de esas satisfacciones, logrando el verdadero progreso económico.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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