MIÉRCOLES, 1 DE JULIO DE 2015
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“Veo la democracia como como una interacción de dos principios que son la preocupación por el bien común y la libertad individual. Cada uno debe servir de freno al otro”
Tzvetan Todorov

Seguramente hay tantas definiciones de democracia como personas ha habido dedicadas a reflexionar en torno al tema, desde la literal, Poder del pueblo, hasta la utópica, Solución a todos los problemas, definiciones que han moldeado lo que la misma ha sido.

De entrada la democracia ha sido concebida como una manera eficaz, en función de lo que la mayoría decide, para tomar ciertas decisiones, entre las que destaca la de elegir gobernantes, elección que les otorga la legitimidad de origen: “Yo soy gobernante legítimo porque tú ciudadano me elegiste en las urnas”. Esta legitimidad de origen debe ser refrendada por la legitimidad por la acción. El que el gobernante haya sido electo por el ciudadano no le otorga una patente de corso.

Legitimidad de origen: el gobernante fue electo por el ciudadano. Legitimidad por la acción: el gobernante se limita a garantizar los derechos, que realmente lo sean, de los ciudadanos (liberalismo), no a satisfacer necesidades (socialismo), tampoco a defender intereses pecuniarios (mercantilismo), socialismo y mercantilismo que, de una u otra manera, en mayor o menor medida, suponen la redistribución. Socialismo: el gobierno, por medio de la redistribución, le quita a A para darle a B. Mercantilismo: el gobierno, por medio del proteccionismo, permite que A le cobre a B un precio mayor del que le cobraría si A enfrentara toda la competencia que enfrentaría sin las medidas proteccionistas. Hoy los gobiernos son mucho más mercantilistas y socialistas que liberales.

Para Todorov la democracia es una interacción entre dos preocupaciones: por el bien común, por la libertad individual, y considera que cada uno debe ser el contrapeso del otro, de tal manera que la libertad individual encuentre su límite en el bien común, y éste encuentre el suyo en aquella, concepción de la democracia que plantea tres problemas. Primero: la definición de bien común, que puede ser, definición descriptiva, aquello de lo que, por igual, se benefician todos los ciudadanos (por ejemplo: la ley aplicada a todos por igual) o, definición prescriptiva, aquello de lo que, por igual, deberían beneficiarse todos los ciudadanos (por ejemplo: alimentación, atención médica, educación), siendo que, por lo general, al bien común se le define de  manera prescriptiva, en función de un deber ser que sólo es posible mediante la redistribución. Segundo: la exigencia, si realmente se ha de respetar la libertad individual, de que el único límite a la misma sea el respeto a los derechos de los demás, no el fomento del bien común. Tercero: el hecho de que si por bien común entendemos igualdad, desde oportunidades hasta ingresos, el mismo supone la redistribución, que supone a su vez la violación del derecho de propiedad privada (el gobierno le quita a A para darle a B) y, desde el momento en el que la propiedad privada es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual, supone también la violación del derecho a la libertad individual: actuar supone poder hacer con lo que es de uno lo que más le convenga a uno, y en la misma medida en la que se limita lo que es de uno –propiedad– se limita el actuar de uno –libertad–.

¿Es la democracia la interacción de los dos principios de los que habla Todorov? ¿Debe serlo? ¿Puede serlo? ¿No debe la democracia limitarse a ser una manera, la menos conflictiva, de elegir gobernantes y, una vez electos, una forma de que estos tomen ciertas decisiones, todo ello con absoluto respeto por la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, lo cual supone erradicar socialismo y mercantilismo para tener verdadero liberalismo?

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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