JUEVES, 11 DE OCTUBRE DE 2018
El punto sobre la i
¿Cómo considera usted el escenario económico previsto por el nuevo gobierno para el año entrante?
Optimista
Realista
Pesimista

Arturo Damm





“Si imprimir dinero ayudase a la economía, falsificar moneda debería ser legal.”
Brian Wesbury

Una y otra vez, el asunto es cíclico, aparecen políticos, de clara inspiración keynesiana, que proponen, con el fin de incentivar la producción de bienes y servicios, la creación de empleos, y la generación de ingresos, que el gobierno gaste más y que ese mayor gasto sea financiado, no con más impuestos, no con más deuda, no con venta de activos propiedad del gobierno, sino con producción de dinero proveniente del banco central, la llamada emisión primaria de dinero.

Quienes lo proponen entienden que el primer paso en la aplicación de lo que llamo la receta keynesiana, consiste en que el gobierno gaste más sin que nadie más gaste menos, para lo cual ese mayor gasto gubernamental debe financiarse, no con más impuestos (lo que el gobierno gaste de más será lo que los contribuyentes gasten de menos), no con más deuda (lo que el gobierno gaste de más será lo que sus acreedores gasten de menos), no con venta de activos (lo que el gobierno gasta de más será lo que los compradores gasten de menos), sino con producción de dinero. El resultado será una mayor demanda por bienes y servicios.

Los keynesianos creen que esa mayor demanda por bienes y servicios incentivará una mayor producción y oferta de satisfactores, y por ello más creación de empleo y más generación de ingreso, lo cual sucederá si, y solo si, por el lado de la oferta existe la capacidad para responder rápidamente, ya sea produciendo más y/o importando más, al aumento en la demanda. De no ser así, y por lo general cuando se aplica la receta keynesiana no es así, sobre todo si se aplica, como por lo general sucede, de manera recurrente, el resultado será el alza de precios, la pérdida en el poder adquisitivo de nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestro ahorro. Inflación.

Necesitamos dinero, un medio de intercambio, para poder superar las limitaciones del truque. Como el dinero no cae del cielo, alguien tiene que producirlo, y entonces la pregunta es ¿cuánto producir? o, dicho de otra manera, ¿en cuánto aumentar la cantidad de dinero que se intercambia en una economía? Esta es la pregunta más importante de la teoría monetaria y la más pertinente de la política monetaria. ¿Cuál es la regla correcta para la producción de dinero?

No es este el espacio para responder la pregunta, pero sí para señalar que esa regla no debe ser: Para financiar el gasto del gobierno, independientemente del fin, al margen del monto. Si la producción de dinero no debe usarse para financiar al gobierno tampoco debe usarse para financiar a ningún otro agente económico, desde familias hasta empresas, porque ello generaría inflación, alza de precios, que ningún banco central debe, ni permitir, ni mucho menos generar.

La idea que subyace a la receta keynesiana es que producir dinero para generar demanda es bueno, lo cual, si fuera cierto, llevaría a la conclusión que señala Wesbury: entonces la falsificación del dinero sería buena, porque lo que importa es que haya más dinero, no cuánto se produce, no cómo se produce, no quién lo produce. Políticos que favorecen la aplicación de la receta keynesiana, pero se oponen a la falsificación del dinero, caen en una contradicción de la cual no se han dado cuenta, al menos que quieran, como seguramente sucede, que solo el gobierno se beneficie de esa práctica, beneficio del gobierno que, por la inflación que se genera al aplicar la receta keynesiana, perjudica a todos, gobernantes incluidos.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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