MARTES, 4 DE JUNIO DE 2019
El punto sobre la i
A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
Economía
Seguridad
Ambas
Ninguna de las dos

Arturo Damm





“El Estado nos protege, pero nunca de él.”
Anthony de Jasay

La única justificación para contar con una organización cuyo poder principal es prohibir, obligar y castigar a los ciudadanos, y cuya principal tarea es limitar la libertad individual y la propiedad privada, es que esa tarea y esos poderes se usen para garantizar el respeto a los derechos de los ciudadanos, para obligar a resarcir a quien los viole, para castigar al violador.

La justificación para la existencia de tal organización, el gobierno, es que nos protege de la delincuencia, prohibiendo que se violen nuestros derechos y, de fallar la prohibición, castigando al violador y obligándolo a resarcir a la víctima. Como dice de Jasay: el gobierno nos protege, protección que nunca es cien por ciento eficaz, por más honesto que resulte el gobierno, gobiernos que, por lo general, no resultan del todo honestos.  

El principal reto que enfrentan los ciudadanos frente al gobierno es cómo evitar que tal organización, con tales poderes, termine haciendo aquello que debe prohibir y castigar: la violación de derechos. La respuesta obvia es: prohibiéndoselo. De acuerdo, pero no hay que pasar por alto que el que debe prohibirlo es el mismo gobierno. El gobierno debe prohibirse hacer lo que le prohíbe hacer al resto de los ciudadanos: violar derechos, comenzando por los tres derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad.

Los gobiernos no solamente no se han prohibido violar los derechos de los ciudadanos, sino que han legalizado esa violación. Es a lo que se refería Bastiat cuando, en su libro La Ley, escribió: “La ley, ¡pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas colectivas de la nación, ha sido no solamente apartada de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo lógico. ¡La ley, convertida en instrumento de todos los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno! ¡La ley, realizando ella misma la iniquidad de cuyo castigo estaba encargada! Ciertamente se trata de un hecho grave, como pocos existen y sobre el cual debe serme permitido llamar la atención de mis conciudadanos”.

Un buen ejemplo de lo que dice Bastiat lo tenemos en el Estado Benefactor, y en su agente principal, el gobierno redistribuidor, que viola el derecho a la propiedad. Cuando el gobierno redistribuye el ingreso lo que hace es quitarle a Pedro lo que, por ser producto de su trabajo es de Pedro, para darle a Juan lo que, por no ser producto de su trabajo no es de Juan, violando el derecho a la propiedad del primero. Se trata de lo que el mismo Bastiat llamó la expolición legal: legal porque la redistribución del ingreso está avalada por leyes; expoliación porque, ley o no ley de por medio, se le quita a Pedro, lo que es de Pedro, para darle a Juan, lo que no es de Juan, lo cual es un robo. Legal, pero robo.

El problema con el gobierno es que, dado que tiene el poder para promulgar leyes, puede legalizar cualquier injusticia que se le ocurra y, si como sucede a menudo, se cree, ¡equivocadamente!, que lo que es legal, por el hecho de serlo, es también lo justo, hemos caído en la trampa, de la cual resulta muy difícil salir, de entada, porque mucha gente ni siquiera se da cuenta que ha caído en ella.

La única justificación para contar con una organización cuyo poder principal es prohibir, obligar y castigar a los ciudadanos, y cuya principal tarea es limitar la libertad individual y la propiedad privada, es que esa tarea y esos poderes se usen para garantizar el respeto a los derechos de los ciudadanos. Hoy esos poderes se usan para violar esos derechos y esas tareas los violan.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.  


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus