El punto sobre la i
Dic 4, 2019
Arturo Damm

El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?

Othmar K. Amagi

Hay distintos tipos de poder, mismo que puede definirse como la facultad, expedita, para hacer algo, misma que puede ejercerse sobre la libertad individual y la propiedad privada de los demás, con el fin de limitarlas o, inclusive, de eliminarlas. Tal es el poder del gobierno, que se ejerce de tres maneras distintas: el poder para prohibir, el poder para obligar, y el poder para castigar a quien no cumpla, o con la prohibición, o con la obligación. El gobierno es, como lo señala Amagi, poder frente al ciudadano, poder que, no por ser legal, suponiendo que realmente lo sea, es necesariamente justo.

El primer poder del gobierno, en su calidad de recaudador, es el poder para obligar al ciudadano, en su calidad de contribuyente, a entregarle parte del producto de su trabajo, que en eso consiste cobrar impuestos, sin los cuales no hay gobierno que sobreviva. Recaudador es lo primero que el gobierno es ante los ciudadanos y contribuyentes es lo primero que los ciudadanos son frente al gobierno.

Después de este primer poder, el poder cobrar impuestos, del que depende la existencia y operación del gobierno, vienen otros, cada uno una manifestación concreta del triple poder para prohibir, obligar y castigar, poderes que pueden combinarse de cuatro maneras distintas. Primera: prohibir dañar a los demás y castigar a quien lo haga. Segunda: prohibir dañarse a uno mismo y castigar a quien lo haga. Tercera: obligar a hacerle el bien a los demás y castigar a quien no lo haga. Cuarta: obligar a hacerse el bien a uno mismo y castigar a quien no se lo haga.

Estas son las únicas cuatro maneras de combinar los tres poderes del gobierno. En dos aparece el poder para prohibir, en otras dos aparece el poder para obligar, y en las cuatro está presente el poder para castigar. En cada una se limita, ya sea por medio de una prohibición (no hagas) o de una obligación (sí haz) la libertad individual, lo cual debe llevarnos, si no queremos que la libertad se limite de manera injusta, prohibiendo lo que no debe prohibirse, obligando a lo que no debe obligarse, y por lo tanto castigando lo que no debe castigarse, a preguntar en qué casos se justifica que se limite la libertad de la persona.

La respuesta es clara: solo se justifica que se limite la libertad de la persona cuando ésta daña a los demás. Eso, hacerle daño a los demás, debe prohibirse y castigarse. Eso, dañar a los demás, no debe dejarse a la libre decisión de cada quien. Prohibir tales conductas, prevenirlas hasta donde le resulte posible, y castigar a quien dañe a los demás, son las legítimas tareas del gobierno, que justifican el cobro de impuestos.

Lo anterior quiere decir que la única obligación que el gobierno debe imponer es la de pagar impuestos, que la única prohibición que debe imponer es la de dañar a los demás, y que el único castigo que debe aplicar es, o cuando no se pagan impuestos, o cuando se daña a los demás, aclarando que las conductas que deben prohibirse son las que violan derechos (matar, viola el derecho a la vida; secuestrar, viola el derecho a la libertad; robar, viola el derecho a la propiedad), no las que solamente causan daño moral, cuyo castigo debe ser moral (por ejemplo: el repudio de la gente), nunca legal (por ejemplo: la cárcel).

Si el gobierno es esencialmente poder frente al ciudadano, y si ese poder es para obligar, prohibir y castigar, lo cual implica limitar o eliminar la libertad de la persona, entonces la pregunta es ¿en qué casos se justifica el ejercicio de tales poderes? Esta es la pregunta que todo ciudadano debe hacerse, sobre todo ante la expansión, tanto en amplitud como en profundidad, del gobierno.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


Comments powered by Disqus
Encuesta de la semana
¿Está usted de acuerdo con la prohibición de la venta y promoción de bebidas azucaradas y comida chatarra a menores de edad aprobada en Oaxaca?