LUNES, 25 DE JUNIO DE 2007
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“Si un intercambio entre dos partes es voluntario, no ocurrirá a no ser que ambos crean que se van a beneficiar de él. La mayoría de las falacias en economía derivan de la negación de este concepto tan simple, de la tendencia a asumir que hay una traba insalvable, que una parte puede ganar solo a expensas de la otra.”
Milton Friedman

Si los encargados de regular las actividades económicas de los particulares entendieran que cualquier intercambio (¡el que sea!), es siempre (¡invariablemente!), un juego de suma positiva, por el cual las dos partes se benefician (¡ganan!) el bienestar material de millones de seres humanos, a lo largo y ancho de nuestro mundo, sería mayor del que es (¡mucho mayor!). Desafortunadamente, gobernantes y burócratas, de todo tiempo y lugar, de una u otra manera, han intervenido en los intercambios entre agentes económicos, ya sea manipulando precios, determinando cantidades, o definiendo calidades, como si ellos supieran, mejor que consumidores y productores, lo que es correcto. ¿Lo saben? ¡Por su puesto que no!

 

Lo primero que hay que tener claro es que cada vez que el poder público interviene en los intercambios que realizan los particulares lo que hace es favorecer a una de las partes y perjudicar a la otra. El ejemplo más claro lo tenemos en la manipulación de precios. Si el burócrata decide que el precio de una determinada mercancía es elevado, impondrá un precio máximo, por debajo de aquel al que libremente llegaron oferentes y demandantes, y por arriba del cual no se deberá intercambiar, lo cual beneficiará a algunos de los demandantes y perjudicará a todos los oferentes. Y digo que beneficiará a algunos demandantes, y no a todos, porque ese precio máximo, al no permitirles a los oferentes menos productivos, y por lo tanto menos competitivos, cubrir sus costos, razón por la cual incurrirán en pérdidas y dejarán de producir, reducirá la cantidad ofrecida de la mercancía, de tal manera que de la mentada manipulación de precios se benefician, no todos los consumidores, sino solamente aquellos que llegan primero al mercado, al tiempo que se perjudican todos los oferentes, desde lo que tuvieron que cerrar, hasta aquellos cuyas ganancias se redujeron.

 

El ejemplo anterior, que es una de las primeras lecciones de economía, misma que, desgraciadamente, es una de las primeras en olvidarse, muestra, en primer lugar, el efecto económico de la intervención del gobierno en el mercado[1]: desfase entre oferta y demanda y, por ello, escasez (el caso del ejemplo) o sobreproducción (el caso contrario, cuando el poder público impone un precio mínimo, por arriba del que libremente determinaron oferentes y demandantes, y por debajo del cual no se debe llevar a cabo el intercambio).

 

Pero más allá de las distorsiones económicas que la intervención del poder público genera en los mercados, la misma nos plantea la siguiente pregunta: ¿dónde queda la legitimidad de un gobierno que, al ayudar a unos, perjudica a otros?, o, dicho de otra manera: ¿dónde queda la legitimidad de un gobierno que trata de manera desigual a los gobernados? Porque no hay que olvidar lo ya dicho: cada vez que el poder público interviene en los intercambios que realizan los particulares lo que hace, ¡sin excepción!, es favorecer a una de las partes y perjudicar a la otra, tal y como sucede, por ejemplo, cuando prohíbe el comercio internacional, lo cual favorece a los productores nacionales, quienes no enfrentan la competencia de las importaciones, pero perjudica a los consumidores, quienes ven reducidas, en cantidad y calidad, sus opciones de consumo.

 

Una y otra vez el poder público ha intervenido en los mercados. ¿Por qué? Porque considera que el intercambio es, o un juego de suma cero, en el cual lo que uno gana lo pierde el otro, o un juego desigual en el cual una de las partes se aprovecha de la otra, razón por la cual debe intervenir, intervención que muestra la ignorancia en torno al mercado, misma que muy caro le ha costado, y le sigue costando, a millones de seres humanos.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.



[1] Entendiendo por mercado la relación de intercambio entre oferentes y demandantes.


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