LUNES, 24 DE NOVIEMBRE DE 2008
El punto sobre la i
En materia económica, usted opina que AMLO es...
Un ignorante
Un mentiroso
Una mente brillante

Arturo Damm








““Los comerciantes del mismo rubro rara vez de reúnen, incluso para entretenimiento y diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público, o en alguna estratagema para aumentar los precios.” ”
Adam Smith

Esta es una de las frases más famosas de La Riqueza de las Naciones, a su vez uno de los más famosos tratados de economía política, si no es que el más famoso,  frase que, sin duda alguna, es producto del conocimiento que Smith tuvo del proceder de los comerciantes, a quienes trató cercanamente, y quienes, de manera por demás lógica, buscaban acuerdos entre ellos con el fin, no solamente de eliminar a los precios como factor de competitividad, sino de fijarlos lo más alto posible, todo ello en contra de los intereses de los consumidores. A lo que se refiere Smith es al intento, de los comerciantes pertenecientes al mismo giro comercial, para comportarse como si fueran monopolio, ofreciendo sus productos al mayor precio posible, lo cual se logra si, uno, los mentados comerciantes son pocos, y por lo tanto pueden ponerse de acuerdo, y, dos, si cada uno de ellos cumple con lo acordado - vender al mayor precio posible -, siendo más fácil que se cumpla la primera condición que la segunda, ya que nunca faltará el comerciante que, queriendo ganarle clientela a la competencia, baje sus precios con el fin de atraerse nuevos consumidores.

 

Smith señala una realidad innegable en el mundo de la economía, sobre todo por el lado de la oferta: la renuencia a la competencia y, por lo tanto, los esfuerzos de los competidores para limitarla, y de ser posible eliminarla, comenzando por la que generan los precios. ¿Cómo se consigue esto? Poniéndose de acuerdo para, por lo menos, no vender por debajo de un precio y, por lo más, vender al mayor precio posible. Si esto último se logra, entonces quedan como variables de competitividad la calidad de la mercancía y el servicio que el oferente brinda.

 

Pero los comerciantes (y en términos generales los empresarios), no se limitaron a ponerse de acuerdo entre ellos para eliminar al precio como elemento de competencia entre ellos, sino que fueron más allá y pretendieron (y en mucho casos lo siguen pretendiendo) limitar o eliminar la competencia, todo ello con ayuda del gobierno, de tal manera que, parafraseando a Smith, podemos decir que “los empresarios rara vez de reúnen, incluso para solaz y esparcimiento, con gobernantes y legisladores, sin que la conversación termine en alguna conspiración para limitar o eliminar la competencia, con el fin de elevar el precio lo más posible, todo ello en contra de los intereses de los consumidores,” sobre todo cuando esa competencia viene del exterior, como si lo importante fuera dónde se producen y no cómo se producen las mercancías.

 

El problema no es que los empresarios le pidan al gobernante y al legislador que los proteja de la competencia, sino que los legisladores y los gobernantes accedan a esa petición, contraria al interés de los consumidores. ¿Y por qué ceden a la petición? Primera posibilidad: por los beneficios, comenzando por los pecuniarios, que obtienen de conceder la protección a los empresarios. Segunda: por estar convencidos de que la producción es más importante que el consumo, y que la producción nacional es más importante que la producción extranjera, nada de lo cual es cierto. La actividad económica terminal es el consumo, y la producción, con toda la importancia que tiene -¡primero producir y luego consumir! -, no es más que un medio, y lo que importa de la producción, vale la pena repetirlo, no es el dónde (en el país o fuera del país) sino el cómo (con qué productividad y con qué competitividad).

 

La tarea del gobernante y del legislador es, uno, prohibir y castigar los acuerdos entre empresarios para ofrecer al mayor precio posible y, dos, no conceder privilegios que limiten o eliminen la competencia, comenzando por la que viene de fuera.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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