Reflexiones libertarias
Abr 29, 2020
Ricardo Valenzuela

Behold a Pale Horse

El coronavirus se está ya utilizando para lograr los propósitos de los autores con diseños diabólicos para establecer un nuevo orden mundial, un nuevo reino, pero, el de ellos, inconstitucional y sin libertad.

Desde el inicio del azote global que ha sido el coronavirus, a medida que transcurrían los días algo me empezó a incomodar y no podía acomodar las piezas del rompecabezas. Algo me indicaba era más que un virus brotando para amenazar la salud del mundo. Luego emergían las voces de “sabios” como Bill Gates, Kissinger, Jimmy Carter y, finalmente, la del papa Francisco, pidiendo acciones colectivas que se deberían canalizar a través del Nuevo Orden Mundial. Aun tratando de disfrazar su conexión era obvio que son virtuosos de la misma sinfónica entonando la misma melodía, con el mismo director.

Al unísono, todos desenfundaban argumentos para establecer medidas draconianas limitando derechos individuales como el de asamblea, libertad de transitar, libertad para salir de sus casas y acudir a supermercados o a sus iglesias y, desquiciados como el alcalde de Nueva York, pidiendo la expropiación de industrias cardinales, algo que ya provoca se hayan iniciado protestas agresivas de miles de hombres armados.

Pensaba en la frase de Jefferson: “Siempre que hay guerra, al desaparecer el humo de los cañones emerge un gobierno agigantado y una sociedad menos libre”. Sucedió en la guerra civil, la primera guerra mundial, la segunda, Corea, Viet Nam y los ataques a las torres gemelas. Pero, hace unos días, recibí valiosa información de la famosa Dra. Chinda Bardolino y me daba las herramientas para colocar las piezas faltantes. Ella afirma que nos han engañado pues la epidemia fue planeada, creada y ejecutada por los mismos sabios que ahora piden la activación del Nuevo Orden Mundial.

“Bienvenidos a la Tercera Guerra Mundial, la “Guerra Apacible” conducida con el uso estratégico de cargas biológicas, las “armas silenciosas. La solución de problemas actuales requiere un acercamiento de cándida crueldad, sin agonizar sobre religión, moral o valores culturales”.
Bilderberg 1978

Y cuando la iglesia sube al ring en el mismo equipo de los culposos, hay que pensar con profundidad. Vía un amigo argentino, llegaba a mis manos un artículo de Loris Zanatta analizando una nota publicada en un diario internacional titulada: “El enemigo número uno será el liberalismo”. No fue en algún diario de socialistas desvelados. Apareció en el diario oficial del Vaticano, el Osservatore Romano, y es el comentario de una entrevista a Stefano Zamangi, el economista del papa Francisco.

Profesa neutralidad en Venezuela, se mide al hablar de Cuba, Irán, Nicaragua, usa guantes de seda con Putin y con Maduro, pero declara su un gran enemigo: “el liberalismo”. Pugilísticamente pasa luego a asegurar que la pandemia será la forma de erradicarlo junto con otros males que afectan a la humanidad. 

Pero ¿Qué es ese odiado liberalismo? ¿Especuladores de Wall Street? ¿Tiburones tomando empresas por asalto? Pues no: el "enemigo" es Adam Smith, la mano invisible del mercado que describe cómo la absurda creencia de que, al subir la marea del crecimiento económico, levanta todos los barcos, incluso los de los pobres. “Quienes lo afirman”, dice, “son incompetentes o competentes de mala fe". Y para el punto final: La exhortación evangélica del papa, “Evangelii gaudium”, en donde sentencia su magna obra “La riqueza de las Naciones”. Inicia pidiendo que en los mandamientos se incluya uno de “no ganarás dinero”.

Sabemos que la iglesia católica siempre ha sido enemiga del liberalismo, especialmente desde la rebelión de Lutero fertilizando el campo para la avenida del liberalismo en el norte de Europa. De hecho, la sagrada inquisición prohibía la obra de Adam Smith y de otros liberales so pena de muerte. Pero declarar a Adam Smith el enemigo número uno, nos muestra la edad de piedra en la que permanece la iglesia de Roma. Él fue un gran humanista, miembro del renacimiento de Escocia, profesor de filosofía moral en Oxford. Autor también de “Teoría de los Sentimientos Morales”. Smith conoció a Benjamin Franklin en Paris y, estableciendo una gran amistad, sería una relación que inyectaría una gran influencia en los primeros pasos de la nueva nación americana.

Su odiado individualismo fue saludable expresión de superación en plena armonía con el amor al prójimo. Fue la fuerza para derrumbar las sociedades feudales basadas en el derecho a la riqueza por nacimiento de unos, y el de miseria eterna para otros. Sentó las bases éticas de las libertades modernas. Hizo más por la libertad y contra la pobreza y la servidumbre, que todos sus enemigos. Condenó las viejas doctrinas abriendo el camino para el libre comercio que provocaría un desarrollo permitiendo que el ingreso per cápita de Inglaterra que durante mil años había permanecido en $1,000 USD, en solo cien se ubicara en más de $12,000 USD. También, en los últimos doscientos ha emancipado a cientos de millones de pobres de la miseria que fueran condenados. Y ese proceso continúa en lugares donde no se le impongan frenos, controles y mordazas a la libertad económica.

Leí la exhortación del papa ¡sorpresa! Es el pensamiento medieval de la iglesia que la llevó a ser considerada lo más cercano al comunismo -control de precios, salarios e intereses, mercados protegidos, monopolios estatales, subsidios, asistencia indiscriminada, impuestos monstruosos, rentas corporativas-: ¿después de estas políticas llega el Iluminado Valle de lágrimas? Más pobres, pero más buenos, piadosos, morales y dóciles. Pero la pobreza no debería ser filosofía moral. Me recuerda el congreso mexicano ante un déficit presupuestal, pero, un diputado exigía más dinero para proyectos sociales. Se le describe el amenazante desbalance de las finanzas y responde, “Prefiero que explote el presupuesto no los pobres”: Esa es la furia moralista de los anti mercados que prefieren hundir los botes de todos que levantar los suyos, empujar a la mayor cantidad de personas hacia el "escape de la pobreza".

La globalización ha sido la nueva colonización de países débiles por los poderosos. La democracia, de la cual nos previnieran los fundadores de EU, una manipulación de internacionalistas en donde una minoría explota a la mayoría para mantenerlos débiles y dóciles. A través del tiempo los gobiernos usurparon demasiadas atribuciones y quieren más. Así surge ese globalismo con piel de oveja para conquistar el mundo entero. Y ¿Qué mejor oportunidad que el coronavirus?

El coronavirus se está ya utilizando para lograr los propósitos de los autores con diseños diabólicos para establecer un nuevo orden mundial, un nuevo reino, pero, el de ellos, inconstitucional y sin libertad. Ese es su carga final. ¡Despierta y huele las cadenas! Es la hora del luchador por la libertad para evitar perder nuestros países.

"El mundo nunca será el mismo después del coronavirus. Necesitamos trabajar para reconstruir la “economía global y proteger el orden mundial”, el fracaso podría incendiar al mundo".
Henry Kissinger

Millennials y demócratas son solo paleros del nuevo reino surgiendo sobre las ruinas del virus, pero, a imagen y semejanza de los nuevos propietarios de las cadenas. Y si los patriotas no hacen algo, muy pronto se habrá olvidado Adam Smith, la hermosa constitución de EU. Recordemos las palabras de Kennedy frente al muro de Berlín: “la verdad más grande del universo es que el hombre solo merece su libertad y existencia si diariamente lucha por ellas”.



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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