Aquelarre Económico
Jul 3, 2020
Manuel Suárez Mier

Relaciones externas en 2020

La política exterior debe atender a los intereses del país, lo que no sucede con el actual gobierno de México, y las decisiones recientes así lo acreditan.

La política exterior debe atender a los intereses del país, lo que no sucede con el actual gobierno de México y decisiones recientes así lo acreditan, como acceder al Consejo de Seguridad (CS) de la ONU y la visita del presidente a Washington.

México ha sido miembro aleatorio del CS en cuatro ocasiones previas, la primera de ellas cuando se fundó la ONU en 1946. El canciller Ezequiel Padilla pronto se percató que poco tenía que hacer su país allí por la forma en que las potencias acordaron su manejo.

Los 5 miembros permanentes del CS, EU y la URSS, las potencias indiscutibles de la postguerra, más el Reino Unido y Francia, como corifeos de EU para tener mayoría, y China, muy poblada pero dividida. EU impuso a Taiwán a pesar de ser infinitamente menor que China comunista.

Las reglas le daban a los 5 el derecho a vetar cualquier resolución, lo que hizo nugatoria la presencia de los 10 miembros fortuitos, que se rotaban conforme a criterios geográficos, y a la Asamblea General que quedó sin poder más allá de ser foro perpetuo de discursos.

El problema que identificó Padilla fue que al CS se presentarían los conflictos de los países, siempre divididos entre las potencias hegemónicas, por lo que un voto contra la resolución deseada por una potencia, invariablemente causaba problemas con las otras.

Ello explica que se evitara buscar el CS por casi 40 años, hasta que llegó López Portillo (1976-82) que, endiosado en el cargo, buscó protagonismo global, por lo que envió a la ONU a un demagogo de buen verbo a impulsar su agenda de apoyo a la revolución nicaragüense regalando petróleo, en uno de los varios conflictos de la época en los que el país quedó mal con tirios y troyanos.

La siguiente vez en la que México llega al CS fue con Vicente Fox (2000-06) que no entendía nada de diplomacia, pero nombró un canciller anhelante de candilejas globales para su “nueva arquitectura internacional.” México pagó caro votar contra EU en la invasión de Iraq y conflictos afines.

En 2009 el presidente Felipe Calderón (2006-12) de nuevo eligió participar en el CS pero, por fortuna, no hubo conflictos que requirieran un voto de México que incomodara a la potencia adyacente, lo que, aunado a un talentoso embajador, logró cumplir una misión decorosa.

Hoy, un presidente que cree que “la mejor política externa es la interna,” rodeado de una caterva de ineptos, opta de nuevo por entrar al CS. El enviado a la ONU es un psiquiatra que se afamó por atender la histeria de la esposa del presidente al ocaso del siglo pasado, y que se prestó al intento de golpe de Estado en 2006, ofrendándose como “la opción ciudadana” ante un fraude electoral ficticio.

El canciller es un novato que estudió asuntos internacionales hace muchísimo tiempo, que pasó una semanas en el ministerio de Relaciones como apéndice de un político en exilio y que, me consta, nunca había tenido interés en el tema, hasta que lo nombraron.

¡Y la obsecuencia del presidente al líder iletrado de la potencia hegemónica saldrá cara!



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