VIERNES, 7 DE JULIO DE 2006
Elecciones 1988 y 2006

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Las elecciones presidenciales de 1988 en las que se declaró ganador a Carlos Salinas dejaron siempre dudas sobre su legitimidad. ¿Qué fue lo que en realidad pasó?”


Las elecciones presidenciales de 1988 en las que se declaró ganador a Carlos Salinas dejaron siempre dudas sobre su legitimidad pues la “caída del sistema” de cómputo a cargo de la tabulación de los votos planteó una incertidumbre grave respecto a la credibilidad del resultado oficial.

 

Salinas fue reconocido como el vencedor con el 50.4% de los votos mientras que su principal rival, Cuauhtémoc Cárdenas del Frente Democrático Nacional (FDN), una coalición de partidos de izquierda y de ex-militantes inconformes del PRI, ganó el 31.1% del voto.

 

Desde el primer momento post-electoral el FDN, que habría de convertirse en el PRD, denunció el fraude y trató de forzar a Cárdenas a tomar las calles para obligar al reconocimiento de su victoria. Esta línea belicosa de acción la apoyó el candidato del PAN, Manuel Clouthier, quien obtuvo el 17.1% de los votos.

 

La reivindicación callejera sólo se evitó por la prudencia de Cárdenas que percibía el peligro de iniciar acciones que podrían tornarse violentas al reclamar un triunfo no avalado por la autoridad electoral de aquel entonces, todavía manejada completamente por el gobierno priísta. La moderación de la mayoría en el PAN aunque no de su candidato presidencial, también permitió evitar el montaje de masivas manifestaciones públicas.

 

La propaganda del PRD desde entonces ha repetido hasta la saciedad que la elección de 1988 le fue robada a Cárdenas y que la manipulación correspondiente la llevaron a cabo el entonces secretario de Gobernación Manuel Bartlett y Manuel Camacho, a la sazón secretario general del PRI.

 

¿Qué fue lo que realmente pasó? Que los primeros resultados recibidos por el sistema de cómputo y que también habrían de ser los primeros en hacerse públicos, daban la victoria a Cárdenas lo que se debía a que se trataba de los resultados de la votación en la ciudad de México que favorecían al FDN.

 

Esa tendencia inicial a la victoria cardenista se revertiría conforme fueran llegando los resultados de las zonas rurales que entonces estaban todavía bajo el efectivo y férreo control de los aparatos corporativos del sistema como la CNC y la poderosa estructura territorial del PRI.

 

El escenario y resultados electorales los habían pronosticado con precisión los muestreos estadísticos que realizó el INEGI, que según me comentó un funcionario de esa entidad en aquella época, sólo se equivocaron en uno de los 300 distritos electorales que hay en el país.

 

El INEGI también sabía qué distritos reportarían primero sus resultados, por lo que juntando ambas piezas de información –quién ganaría cada distrito y a qué hora se recibirían las actas- hubiera sido perfectamente posible advertir a la población antes de los comicios que las cifras mostrarían una victoria inicial del FDN sólo para revertirse con la llegada de los resultados de provincia.

 

Esto no se hizo y cuando los reportes iniciales empezaron a fluir cundió el pánico en el PRI y en el gobierno y se decidió “desconectar” el sistema de cómputo para evitar anunciar la victoria inicial de Cárdenas. Esa fue la famosa “caída del sistema.”

 

¿Quién ordenó que se desconectaran las computadoras? Todos los indicios señalan a Manuel Camacho quién desde el PRI se amedrentó y convenció a Salinas que así se correrían menores riesgos porque, de otra naturaleza, el triunfo inicial de Cárdenas sería irreversible.

 

El ejecutor de la “caída” fue Bartlett, secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral. Paradójicamente, ambos son hoy partidarios de López Obrador, y Camacho empezó ya a cuestionar la elección del 2006, lo que no sorprende porque empezó a abonar el terreno de la deslegitimización desde antes de los comicios.  

 

Seguiré con la anatomía de las diferencias entre 1988 y 2006.


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